| Vía
al saber
Por Isabelle
Por estos días muchos fueron los
caminos que condujeron a La
Habana. Y es que la capital cubana resultó sede
del Congreso Iberoamericano de Alfabetización y Educación
Básica para Personas Jóvenes y Adultas. Merecida
anfitriona si se tiene en cuenta la trayectoria de la Isla
en las lides educativas.
En los finales del mes de diciembre de 1961,
Cuba se declaró Territorio
Libre de Analfabetismo. En menos de diez meses se diseñó
e implementó un programa para letrar a la mayor parte
de la población cubana carente de escolaridad. Los
resultados se perpetuaron y en pocos años el país
se erigió en referencia para el mundo.
Pronto la experiencia acumulada en varias materias y en los
distintos niveles de enseñanza, fue demandada por varios
gobiernos. Cientos de jóvenes extranjeros becados en
distintas provincias de la Isla, comenzaron a recibir instrucción
en diferentes especialidades.
A varios años de aquella empresa, Cuba universaliza
sus experiencias a otros contextos. El programa “Yo
sí puedo” se erige en método didáctico,
que extiende las bondades de la alfabetización a los
rincones más recónditos de América Latina.
La cosecha ya da sus frutos, y por ello,
del 9 al 12 de junio de este año, miles de delegados
se reunieron en el Palacio
de las Convenciones para intercambiar sobre los resultados
de este proceso y sobre los actuales derroteros de la educación.
Delegados de Bolivia, Venezuela, México
y otros países reflexionaron sobre los retos y perspectivas
de la alfabetización en el continente. Las experiencias
de la Misión Robinson en la República Bolivariana
de Venezuela, así como el Programa Nacional de Alfabetización
en la República de Bolivia, fueron importantes medidores
en el proceso educativo que pretenden llevar a cabo varias
naciones del continente.
Hacer de la educación un fenómeno mucho más
masivo y participativo fue exhortación recurrente en
el evento, así como alejar de ella los patrones de
poder y asumir la retroalimentación como uno de los
elementos esenciales en el perfeccionamiento de los procesos
de la rama.
Las pretensiones asumidas por los
asistentes fueron grandes, pero humanas y necesarias. Extenderse
lo más posible por cada territorio de la América
Latina y desbordar nuestras fronteras fueron algunas de ellas.
El diálogo sostenido en La Habana no solo propició
un fructífero intercambio y retroalimentación,
sino que unificó criterios en cuanto a los caminos
más acertados para implementar políticas educativas.
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