|
El hombre-mujer de Baracoa
Por Alicia
Centelles
En épocas en que la igualdad femenina
era una utopía mayúscula, muchas féminas
adoptaban el traje masculino para ejercer una profesión
o desarrollar su talento sin trabas. He aquí una curiosa
tradición cubana sobre el tema:
En 1818 llegó a Baracoa
un médico francés, precedido de gran reputación.
Enrique Faver, que así se llamaba, había ejercido
en Francia y Guadalupe, y llamaba la atención por sus
negros y expresivos ojos.
Una guajirita de Tiguabos, Juana de León,
se enamoró del galeno y se casaron, pero al poco tiempo,
el doctor marchó a La Habana con el pretexto de conseguir
el nombramiento de subdelegado de Medicina de la jurisdicción
de Baracoa.
Enrique era... Enriqueta
A su regreso, Enrique fue recibido por su impaciente esposa,
que esperaba su luna de miel, pero él empezó
a inventar disculpas y obstáculos para mantenerse separados.
Así transcurrieron seis meses. Una
noche, Juana, desesperada, entró sorpresivamente en
el aposento de su cónyuge, y descubrió la verdad:
Enrique era en realidad... Enriqueta.
Nacida en Lausana, Suiza, y viuda de un
oficial francés, no se sabe por qué adoptó
las ropas masculinas y vino a América. Había
estudiado Medicina realmente y participado como cirujana en
las guerras napoleónicas, sin ser descubierta.
En vano trato Enriqueta de comprar el silencio
de Juana y el cura que los casó. Tras cumplir cuatro
años de trabajos forzados en La Habana e indemnizar
a Juana, Enriqueta fue deportada a México... vestida
de mujer.
|