La revista digital de los jóvenes cubanos.
Botón sección.

Logo del XI Congreso de la FEEM.

Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!
Logotipo del aniversario 45 de la UJC.


Hollywood en las calles del desencanto

Por Pavel López

El actor Charles Laughton interpretando al dr. Moreau.
El actor británico Charles Laughton interpretó al dr. Moreau en la primera versión del filme, de 1932.
(Tomada de www.blogdecine.com)

No se asuste. No se trata del declive de una industria apuntalada por millonarios bolsillos, producciones cada vez más aparatosas, actores resplandecientes y escapismo al por mayor. Norteamérica nos continuará premiando con sus consabidas píldoras para adormecer la mente.

Ahora mismo estremecen las taquillas de todo el mundo los mamuts y demás criaturas prehistóricas de “10 000 AC”, y las más recientes peripecias de Indiana Jones, el arqueólogo “más rentable” que ha conocido el séptimo arte.

Hollywood ostenta sin recato, en pleno siglo XXI, su etiqueta de “factoría de sueños” y exhibe, hasta en sus más divertidas películas de animación, un diabólico talento para la “cirugía cerebral”. No obstante, más allá de la sala oscura la realidad muestra su rostro menos amable: crisis financiera, familias que no pueden hacer frente a sus hipotecas, alimentos básicos encareciéndose hasta el infinito, escepticismo y paranoia colectivos agudizados tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001, fracaso militar en Irak, todo va dibujando un panorama nada alentador.

Ante el resquebrajamiento del sistema que lo sustenta, un sector de la industria cinematográfica no permanece indiferente. Cada vez son más comunes las obras que nos entregan retratos asfixiantes y desesperanzadores de una sociedad en franca descomposición. No por gusto en la pasada ceremonia de los Oscar la cinta “No es país para cobardes” se llevó a casa el lauro de mejor película del año.

El triunfo de la violenta historia dirigida por Joel y Ethan Cohen demostró la paulatina preocupación de los estadounidenses por un presente donde se perpetúan la irracionalidad y la barbarie.

Todo parece indicar que se abre una nueva era en la cual Hollywood, además de sueños, comenzará a exportar las más grotescas pesadillas.

Antecedentes cercanos: monstruos Vs. Miseria
La situación financiera norteamericana de la recién inaugurada centuria simplemente da continuidad a múltiples períodos de crisis económica y política, que ha experimentado “la nación más poderosa del mundo” durante todo el siglo XX. Mas, no siempre los artífices de la imagen en movimiento han generado respuestas semejantes ante las envestidas de la adversidad.

Lejos de reproducir las penurias, el desempleo, el hambre, en fin, la crisis aguda imperante en la década del 30, la industria del cine coadyuvó el florecimiento de un género de pura evasión durante esa etapa.

Justo cuando empezaban a explotarse las ventajas del sonido, aparecían dos célebres personajes en la pantalla grande. Drácula y Frankenstein concretaban su entrada triunfal en el universo del celuloide, seguidos por una galería de hombres lobos, momias y gorilas gigantes. El cine de terror llegaba para quedarse.

Muchos lo asumieron como una efectiva fórmula para ahuyentar el fantasma de la pobreza. El periodista y profesor español Ignacio Ramonet (1943) así lo atestigua en su libro “Propagandas silenciosas”: “Al comparar el horror que destilaban esas películas, la miseria resultaba casi tolerable, soportable (...) la realidad, aunque difícil, nunca resultaba tan terrorífica como el nivel imaginario de esas pesadillas filmadas”.

Sin embargo, otros autores vieron en el género una alegoría del declive del sistema. En efecto, muchos de estos filmes fueron agrupados dentro de una nueva categoría: las películas anticiencia (“El dr. Jekyll y Mr. Hyde”, “La isla del doctor Moreau”, el propio “Frankenstein”), las cuales hablaron, a su modo, de las nefastas consecuencias del progreso, amparado en el desarrollo tecnológico del capitalismo moderno.

Visto así, el cine de los años 30 terminó convirtiéndose, para el ojo atento, en un reflejo levemente distorsionado del caos imperante.

Afiche publicitario del filme norteamericano “La isla del dr. Moreau”.
En 1996 se hizo un remake de La isla del dr. Moreau”, esta vez protagonizada por Marlon Brando y Val Kilmer.
(Tomada de www.cineydvd.com)

Nuevas recetas para enfrentar la crisis
Bien avanzado el siglo XX el escenario norteamericano exhibía un nuevo rostro, no precisamente más halagüeño.

En los años 70 Estados Unidos llevaba a sus espaldas la frustración por la guerra de Vietnam, a la vez que asistía el advenimiento de un nuevo “shock petrolero”.

Con el filme “La aventura del Poseidón” (1972) Hollywood, ni corto ni perezoso, comenzó a explotar un nuevo género que expresó, como ningún otro, la “ideología de la crisis”. El catastrofismo ofreció a los espectadores la felicidad de no sentirse solos, al ver reflejado en la pantalla su temor más recóndito: el miedo al Apocalipsis bíblico, una amenaza que, al menos en el lienzo cinematográfico, lograba repelerse.

A su vez, por aquella época comenzaron a fraguarse cineastas, que algunos años después dispensarían miradas nada complacientes sobre la sociedad estadounidense de la década del 70. Woody Allen, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, entre otros, consolidaron poéticas que tuvieron como centro la crisis profunda de su país y de los individuos que lo habitaban.

La frustración ciudadana, la inoperancia del sistema político norteamericano, la irracionalidad de la guerra, encuentran en estos talentos a sus cronistas más efectivos. Su visionaria obra alertaba oportunamente sobre futuros desencantos.

Cambio de siglo: apología del fracaso
Siglo nuevo, vida nueva. De seguro no fue otra la filosofía de aquellos que presenciamos el nacimiento del más reciente milenio.
Sin embargo, Hollywood se enfrascaba hacia las postrimerías de la centuria anterior en un reciclaje de clásicos del género terrorífico. Se filmaban actualizadas versiones de “Drácula”, “Frankenstein” y “El hombre lobo”.

¿Mera coincidencia?

El catastrofismo se ponía de moda una vez más a partir del éxito desmedido de “Titanic” (1997) y se alimentaba el nacionalismo más reaccionario con “El día de la independencia” (1996), cinta en la cual una hostil invasión extraterrestre era frenada por el propio presidente norteamericano.

Para empeorar el clima de desasosiego, hacia el 2001 caían las torres gemelas y se desataba la histeria colectiva. Casi de inmediato arrancaba la ofensiva militar contra Irak.

En pleno 2008, las más renombradas publicaciones del capitalismo (The Economist, Fortune, Business Week, entre otras muchas), anuncian el afianzamiento de la peor crisis financiera desde la gran depresión de 1930. En las pantallas de cine se produce una explosión de historias pesimistas, personajes fracasados, familias disfuncionales, violencia que se multiplica hasta límites exorbitantes.

De la multipremiada “American Beauty” (1999) a “No country for old men” (2007) han visto la luz cientos de filmes, empeñados en develar el lado más oscuro del “país de las oportunidades”.

El desencanto se pasea a sus anchas por la industria del entretenimiento.

Ya sea hablando frontalmente de la crisis o evadiéndola con fantasías virtuales, casi todas las producciones hollywoodenses nos muestran abierta o subrepticiamente los síntomas del fracaso de un sistema. El sufrimiento y la locura continúan siendo el rostro más creíble del atribulado país. Los años que se avecinan prometen no ser la excepción.

 

Subir
Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles,
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,
Casa Editora Abril, 2008
Fecha actualización.
Portada de la edición impresa de la revista Somos Jóvenes de  julio/2008.
Edición de papel
Relación de otros sitios pertenecientes a publicaciones de la Casa Editora Abril.