| En
la unión está la fuerza
Por IWC
Fotos: Elio
Miranda

El apasionamiento de Dailier por
el arte circense lo ha hecho vencer múltiples obstáculos. |
Decían que Dailier Vives Robles era
de pocas palabras, que iba a ser difícil entrevistar
a este joven artista de circo que cursa su último año
en la Escuela Nacional de Circo, perteneciente a la ENA,
y que fue elegido por sus compañeros el graduado integral
de su promoción.
Aunque parco en palabras, basta preguntarle
sobre su pasión (el circo) y las oraciones –incluso
párrafos enteros– le vienen presurosas:
“El circo lo es todo. Mi vida está
en la arena. He pasado en esta escuela unos años magníficos.
Me he esforzado porque quiero ser un buen artista, el mejor
artista, la mejor persona que pueda ser. Soy de pocas palabras
y creo más en las acciones. Tal vez por eso mis compañeros
me eligieron como el estudiante integral de nuestra graduación,
pues me gusta siempre dar el paso al frente si hay alguna
necesidad o si hay que cumplir alguna tarea.
”Mi especialidad es la acrobacia en
mimbre y ahí, si no hay trabajo de equipo, no hay nada.
La individualidad hay que sacrificarla por el desempeño
del grupo y eso es lo que he tratado que aflore en mi vida
en general; y ya ves, ahí están los resultados,
el premio al esfuerzo por todos estos años que no cambiaría
por nada.
”Esta escuela, los amigos que he hecho,
lo que he aprendido es lo mejor que me ha ocurrido hasta ahora”.
Para llegar adonde está, hubo mucho
de dedicación y una buena dosis de atracción
por el circo. Una visita a la carpa le abrió las puertas
a la admiración y el deseo.
“Desde el segundo grado de la enseñanza primaria
comencé a dar mis primeros pasos en la gimnasia. Era
un atleta que practicaba a diario y eso me ayudó a
encontrar mi verdadera vocación. Tenía 13 años
cuando visité la carpa de un circo que llegó
a mi provincia. Fue fascinante, en un instante supe que eso
era lo que quería ser.
”Le hice saber mi inquietud a mi profesor
de gimnasia y él me dijo que íbamos a probar,
que si yo estaba seguro, lo íbamos a intentar. Así
montamos el primer número de fuerza con otro amigo.
“Imagínate, teníamos
la fuerza, el entrenamiento, algo de equilibrio, pero no era
lo mismo. El trabajo en pareja exige mucho de compenetración
y la gimnasia nos ayudó mucho, sobre todo en los entrenamientos,
tenía entonces que aprender a trabajar en equipo.
Y así lo hicimos.
“Buscaba videos, cazaba en la televisión
cuanto espectáculo circense pusieran para así
nutrirnos de ideas e intentar complejizar nuestros números.
Esa es la pasión: cuando la descubres todo el tiempo
es para avivarla.
”Hacíamos presentaciones en
cualquier lugar que nos diera la oportunidad: casas de Cultura,
hoteles, en los CDR…
y de esta forma me enteré de las pruebas de ingreso
a la Escuela Nacional de Circo. Tenía que lograrlo.
Sabía que había mucha demanda en todo el país
y que las plazas no alcanzaban para todos.
”Fui con el corazón en la boca
y cuando me llegaron los resultados no podía creerlo.
Estaba aprobado. Iba a formar parte de una escuela especializada
famosa por su rigor y por la cantidad de artistas de calidad
que habían sido graduados en ella”.
El trabajo de equipo, la acción
sincronizada y ágil son esenciales en este número.
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La familia también ha aportado, con
su apoyo, a la posibilidad que Dailier se destaque no solo
como artista, sino como estudiante.
“Imagínate: vivo
con mis padres en Holguín
y tenemos una relación muy fuerte. Todo siempre ha
sido compartido familiarmente. Así que cuando les dije
que iba a ingresar en la Escuela Nacional de Circo, ellos
pusieron el grito en las nubes.
”Una de las cosas mas
importantes que hay para un padre es que su hijo cumpla y
luche por sus sueños. Ellos se alegraron sobremanera,
pero, cuando supieron que íbamos a pasar la mayor parte
del año sin vernos —te estoy hablando de poder
ir a mi provincia cada seis meses aproximadamente—,
fue sentarnos a tomar una decisión muy dura.
“Cuando uno encuentra
lo que quiere ser, lo que siente que es su vocación,
debe luchar por eso. Siempre habrá obstáculos
o decisiones difíciles y esa fue una de ellas. Vernos
cada tanto tiempo… no te creas… nada: eso, es
parte de lo que uno debe sacrificar para llegar a ser lo que
siente que es su vocación.
“Por eso en estos cuatro años
me he esforzado tanto. Con cada paso que doy, con cada ejercicio
que perfecciono, me demuestro que no he tomado la decisión
equivocada. Que todo el tiempo alejado de las personas que
quiero, no ha sido en vano. Quiero que mis padres se sientan
orgullosos de mí. Quiero sentirme orgulloso de mí.
Ser el mejor artista de circo que puedo ser. Entregarme en
cuerpo y alma a cada salida a la arena. El sacrificio, los
entrenamientos, los dolores, todo eso se olvida cuando te
aplauden al terminar la actuación”.
Para Dailier está claro: la superación
es algo que se consigue diariamente, cada granito aprendido
aporta a toda su personalidad:
“Trato de aprender algo cada día. El tiempo libre
es bastante escaso, sobre todo porque uno termina de entrenar
verdaderamente cansado y, además, tiene que estudiar
para las pruebas, los trabajos de curso, las tareas.
“No hay tiempo, a veces, más
que para dormir y reponer las fuerzas para el día siguiente,
pero intento hallar un espacio cada día para, si estoy
muy agotado, escuchar algo de música y si, tengo algo
más de ánimo, adentrarme en alguna lectura.
Me fascinan los libros de historia, en buena medida me atraen
los de la historia del circo, pero no dejo pasar ningún
otro si es instructivo o entretenido.
“Creo que en buena medida el ser o
no una buena persona depende de conseguir superarse cada día.
El trabajo en grupo me ha mostrado que no se puede ser egoísta
o individualista, en el caso de nuestra especialidad eso puede
resultar fatal.
”Quiero ser un buen artista y comprender
todas estas cosas, además de ser disciplinado y abnegado
es necesario. No olvidar aquel refrán que dice, y que
para nuestro grupo debería ser como nuestro lema, de
que en la unión está la fuerza”.
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