| La
nueva vida de Karela
Por Dania
Mendoza Gómez

Karela ha renacido gracias a la
amistad entre Cuba y Nicaragua.
(Foto: Cortesía de la entrevistada) |
Karela es una joven nicaragüense muy
vivaz, de esas personas que siempre “están arriba”
y que, sobre todo, se siente muy agradecida por el apoyo recibido
del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)
y el gobierno cubanos. Dados los nexos de indisoluble amistad
entre los dos pueblos ha podido ser sometida en la Isla a
un trasplante renal que significa para ella, ciertamente,
la posibilidad de una nueva vida.
En su patria no podía
ni siquiera pensar en acceder a tan compleja intervención,
a causa de los elevadísimos costos que supone en todo
el mundo; no obstante a que previamente, el FSLN, por indicación
de su secretario general, Daniel Ortega Saavedra, entonces
aspirante a la presidencia de la nación, costeó
durante cuatro meses y medio en un hospital privado el tratamiento
de hemodiálisis que deben recibir tres veces por semana
los pacientes aquejados de insuficiencia renal crónica.
Procedente de la norteña población
de Santo Tomás Chantale, Karela comenzó a experimentar
en 2005, a los 27 años de edad, los síntomas
de la enfermedad, inicialmente diagnosticada como insuficiencia
renal aguda y que rápidamente pasó a ser crónica
terminal.
Pese a disponer de ciertos recursos económicos
debido a un pequeño negocio familiar, Karela no podía
pagar ninguno de esos procederes, porque el hospital estatal
Lenin Fonseca únicamente poseía servicio de
diálisis peritoneales.
“Sólo por una sesión
de hemodiálisis en ese hospital privado –cuenta–,
el Frente, a cuyo líder escribí planteando mi
caso, abonaba la cantidad de 110 dólares, sin contar
las vacunas mensuales contra la hepatitis y otros medicamentos
y procedimientos necesarios a los pacientes que requieren
usar las máquinas de diálisis o riñones
artificiales encargados de purificar nuestra sangre”.
El FSLN se responsabilizó con el
tratamiento dialítico ambulatorio de la joven, pero
el trasplante en el referido hospital privado cuesta entre
25 000 y 30 000 dólares y a dicha intervención
llega el enfermo después de meses y hasta años
de espera.
Entonces, como prueba de enorme sensibilidad
y humanismo, el FSLN la envió a Cuba en mayo de 2006
con su madre en calidad de acompañante y un familiar
que sería el donante, (aunque esto no pudo ser por
el estado de salud de aquel). Luego, madre e hija resultaron
ubicadas en el hospital Hermanos
Ameijeiras.
El Estado cubano asumió de forma
gratuita el alojamiento de ambas en una de las cómodas
habitaciones del centro de salud, así como la adecuada
alimentación y el tratamiento nefrológico e
integral que Karela necesitaba. Finalmente, el grado de compensación
a que se le llevó hizo posible el ansiado trasplante
a finales de 2007, también por el gesto solidario y
anónimo de los familiares del donante cubano.
Ella no cesa de agradecer ese cariño y hospitalidad
tan característicos del pueblo d la Isla que las han
rodeado en el Servicio de Nefrología del Hermanos Ameijeiras
y otros sitios. Al propio tiempo, destaca cómo su mamá
ha recibido, también gratuitamente, atenciones médicas
en diversas especialidades.
Como decíamos al principio, Karela
es una muchacha muy optimista, que ha enfrentado no pocos
y difíciles retos. Siendo muy joven, cuando estudiaba
la carrera de Comercio Internacional en la Universidad Centroamericana
de Managua, sufrió un daño irreversible del
nervio óptico que le afectó en buena medida
la visión y debió abandonar los estudios.
Tiene muchos planes para cuando retorne
a su tierra natal, donde el gobierno presidido por Daniel
Ortega continúa haciendo mucho por el bienestar de
los nicaragüenses, bajo la impronta de la Alternativa
Bolivariana para las Américas.
En el plano personal, pretende montar una
guarapera, porque “allá ese jugo tan delicioso
no se consume”.
Véase, entonces, si no ha sido
este su renacer y si Karela no se está enfrentando,
con toda razón, a una nueva vida.
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