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Consagración a la música

Miles de símbolos recorren las mentes de los músicos mientras ejecutan alguna pieza. Varias son las asignaturas teóricas de las cuales necesitan para alcanzar, o tal vez acercarse a la excelencia en la ejecución de un instrumento. Con solo 19 años, Lieta Molinet García tiene la responsabilidad de dejar asentados estos conocimientos en los futuros instrumentistas.

Por Isabelle

Lieta Molinet García , joven profesora de música.
Es muy joven, pero ya se inicia en el difícil mundo de la docencia artística.
(Foto: Elio Miranda)

Las luces se apagan y un silencio precede a los múltiples acordes de guitarras, violines y metales. El concierto ha comenzado. Los sonidos más deliciosos recorren todo el teatro bajo la certera batuta del director de la orquesta. La acertada confluencia de sonidos y gestos son el resultado de años de entrenamiento, en los cuales las materias teóricas tienen un papel protagónico.

Nuestra entrevistada apareció mientras buscábamos algo novedoso por las distintas escuelas de música. Nos oponíamos a reflejar la historia de un instrumentista. Queríamos ahondar en una de esas especialidades que, aunque poco conocida por el público, es indispensable a la hora de moldear los conocimientos musicales de cualquier persona.

Reconocida como la graduada más integral de su promoción, además de ostentar Título de Oro, Lieta Molinet García nos acerca a una de estas especialidades:

“Asignaturas Teóricas es una especialidad que forma a los futuros musicólogos o científicos de la música. Te prepara esencialmente para la investigación y también para la pedagogía. Es fuerte, porque además de dar el piano con mucha profundidad, hay que conocer muy bien todo lo relacionado con la historia de la música y otras especialidades como solfeo, dirección coral, contrapunto, armonía, orquestación. En fin, somos la base para poder tocar con perfección. Detrás de un director de orquesta o un instrumentista está nuestra mano.

“Por demás, somos el vehículo para que se conozca lo más novedoso de cuanto ocurre en materia musical. Por eso es que es tan fuerte, difícil e increíblemente desconocida. Casi siempre cuando hablas de estudios musicales la gente piensa en un piano o el violín, pero nunca en que serás un futuro investigador o profesor”.

Viaje a la semilla
Lieta Molinet García se presenta desde muy pequeña a las pruebas para ingresar en el conservatorio Manuel Saumell. Su sueño quedaría postergado una y otra vez. Alguna que otra nota escolar le impedía acceder a los estudios de música.

Su aspiración era convertirse en cantante, pero si bien hace unos pocos meses se erigió en la mejor graduada de su promoción, no solo fue el canto el objeto de su dedicación y de su éxito:

“Siempre tuve afición por la música. Me encantaba cantar y, lo mismo en la escuela o incluso en el círculo infantil, no dejaba de participar en cuanta actividad se presentara.

”Mi abuela me cuenta que con apenas 15 meses de nacida me ponían la radio y me reía como disfrutando del sonido. Por supuesto que cuando me la quitaban el llanto era tremendo. Así que parece que el gusto por la música nació conmigo.

“El canto fue mi primera inclinación. Ningún instrumento me había llamado la atención hasta que entré en la escuela. Ahí entonces aparece el piano, que se ha convertido, junto al canto, en mi medio de expresión”.

Podría pensarse que por sus resultados académicos esta joven pasó muchas horas de su niñez entregada al estudio del solfeo o la armonía. Sin embargo, no es hasta la adolescencia cuando Lieta inicia sus los estudios musicales.

“Cuando yo ingresé en el conservatorio Amadeo Roldán, fue como si hubiese llegado al paraíso. Todos los años significaron algo muy lindo. Cada vez que entraba a la escuela o compartía con un amigo un nuevo conocimiento me sentía muy especial.

“Recuerdo que en los primeros años lo preguntaba todo; aquellas cosas que para el resto de mis compañeros eran cosas más que sabidas, para mí constituían algo desconocido. Algunos se sorprendían al escuchar interrogantes acerca de temas sobre los que, supuestamente, yo debía dominar. Y es que, mientras ellos habían comenzado a los siete años, yo me iniciaba a los 15.

“Me presenté en varias ocasiones a los exámenes para acceder a este tipo de estudios, pero nunca pude entrar. Fue entonces que al cumplir 11 años fui invitada a cantar en la Feria de Hannover, Alemania, por mediación de la ministra federal de Economía y Desarrollo de ese país. Creo que su interés y, por supuesto, la movilización de mi familia, lograron que a pesar de haber pasado la edad precisa para iniciarme en el canto, yo pudiese cumplir mi sueño.

“Se creó un plan de estudios especial donde tenía que hacer los niveles elemental y medio, que abarcan 14 años, en solamente cinco. En este sentido debo agradecer enormemente a la profesora Miriam Lay, hija del gran músico cubano Rafael Lay, quien fue fundamental en este proceso.

“Creo que parte de la deferencia por mi caso vino dada por el interés de muchas personas, además de los resultados de las pruebas de aptitud, que mostraron características necesarias para este tipo de enseñanza como el buen oído, la afinación y mi gusto por la música.

“Agradezco mucho a ese plan especial que me permitió hacer realidad uno de mis más importantes sueños. Espero que sea extensivo para otras personas que como yo, desean una oportunidad”.

La escuelita del Cerro: diamantes en bruto
Lieta premia a cuantos la ven con una sonrisa. Es difícil verle otra expresión en el rostro. No obstante, al referirse a sus actuales alumnos, su rostro se ilumina como el de una madre hablando de las virtudes de sus hijos.

“Durante toda mi vida he tratado de mantener mi participación en concursos y actividades. Me gusta mucho la idea de probarme. Pero una de las cosas que más exige de mí y me reporta más placer es la oportunidad de darles clases a los niños.

“Comencé en la escuela Manuel Saumell con muchachos de secundaria básica y niños más pequeños. Tuve que retirarme porque la escuela Paulita Concepción, del municipio de Cerro, necesitaba profesores de solfeo.

“Todos los días recojo los frutos de mi trabajo. El saber que me entienden, que existe mucha química y buena interacción entre nosotros y el hecho de sentir que me quieren tanto como yo a ellos, es maravilloso.

“Tengo muchos planes para ellos. Los alumnos que tengo actualmente se inclinan por las cuerdas, por eso estoy pensando en hacer una obra didáctica donde puedan tocar y mostrar todo cuanto han aprendido.

“El próximo año es el Festival Martiano y quiero incentivarlos a participar con trabajos de investigación, cosas novedosas. Creo que pueden hacer muchas cosas, porque son muy buenos, activos, inteligentes. Así que espero seguir recogiendo frutos”.

Un nuevo concierto termina. Los últimos acordes son lanzados al éter. Una ovación cerrada premia la excelencia de los sonidos. Cada integrante de la orquesta agradece los aplausos y, por supuesto, algún pensamiento será dedicado a aquella persona que de pequeños les hizo aprender aquellos cientos de símbolos y conceptos, indispensables a la hora de aprender la música.

 

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