| Ejército
Juvenil del Trabajo en Pinar del Río alcanza buenos
resultados
No es vincular el hombre al área,
sino al resultado de la producción, sostienen en el
EJT pinareño, y la filosofía alcanza buenos
frutos en esa fuerza que este 3 de agosto llega a sus 35 años
Por Zenia Regalado

(Foto: Santiago Calero) |
En la granja militar integral Redención,
en Bahía Honda, Pinar
del Río se derrumban escepticismos. Muchachos muy jóvenes,
nacidos en el campo, son capaces de borrarlos.
En medio de un campo de caña recién sembrado,
y cuya producción va dirigida al central Harlem, ellos
desandan sus vidas.
Esta granja militar integral del Ejército
Juvenil del Trabajo (EJT), que aporta unos 40 000 litros
de leche para la industria del municipio y 12 toneladas de
carne de res con destino al matadero de Candelaria, tiene
780 000 pesos en utilidades en lo que va de año y muchas
experiencias productivas que compartir.
A pleno sol
Dariel Cruz Sánchez, de 20 años, se ve formal
y serio bajo su sombrero de alas anchas. Tiene la camisa empapada.
Nació en un barrio del municipio de La Palma llamado
Gurugú. Lleva nueve meses en el EJT.
“Son dos años —afirma—, pero yo no
cuento los días que me faltan para cumplirlos. Estoy
criado en el campo, la mitad de mi familia es campesina. Antes
de venir para acá yo guataqueaba y hacía de
todo. Mi difunto abuelo, Guillermo Cruz Acosta, sí
tenía animales. Murió hace diez años.
Sembraba maíz, café, arroz, frijol, tenía
cochinos, patos... Yo le ayudaba muchas veces”.
No es casual que sea uno de los que más rinde en su
trabajo, por lo cual puede ganar hasta 54 pesos al día
sembrando caña. Quienes menos devengan logran alrededor
de 30 pesos.
Los soldados del EJT forman grupos de hasta ocho integrantes
para desarrollar su labor: cortar la caña, picarla
en trozos, colocarla en una carreta y sembrarla.
Dariel vive con su abuela, que tiene 83 años. Cuando
fue movilizado para el EJT trabajaba como técnico de
nivel medio de Agronomía, pues es egresado de un politécnico.
Cobraba al mes 330 pesos ó 340. Ahora sale mejor económicamente.
Mario Luis Gil Amador, de 20 años, también tiene
experiencia en el trabajo en el campo. Vive en Herradura,
Consolación del Sur. Su papá atiende una vega
con diversas producciones, tabaco y maíz entre estas.
Él le ayuda con las siembras y las cosechas, pero además
es carpintero particular y sabe lo que significa mantener
una familia, pues está casado con una trabajadora social
y tiene un hijo de dos meses.
Son jóvenes que aprendieron por tradición familiar
a sudar la camisa, tienen independencia económica y
saben buscar el sustento para el hogar. “No todo el
mundo tiene que ser médico; también hacen falta
los médicos de la tierra”, comenta alguien muy
acertadamente.
Otros puntos de vista defiende Misael Martínez Pimentel,
de 19 años, residente en El Sitio, La Palma, quien
vive con sus padres y aún no ha formado familia.
—Nos han dicho que te “pegas” bien
al surco...
“No le tengo miedo al trabajo. No tenemos quejas aquí
en la granja militar integral. La alimentación es buena,
nos garantizan el agua fría en el campo, pues cuando
se está bajo el sol, al descubierto, sin un árbol
que te proteja, como los hay en el café, entonces das
la vida por un vaso de agua fría.
“Tenemos el transporte asegurado cada once días
y los oficiales se preocupan por nuestras condiciones de vida.
Si visita nuestros dormitorios y nuestro comedor se dará
cuenta. Vemos buenas películas de video en horario
nocturno. Quiere decir que aunque nuestro trabajo es fuerte,
estamos bien atendidos”.

En el campamento Redención
existen buenas condiciones de vida.
(Foto: Santiago Calero) |
De todo como en botica
El capitán Rigoberto Hernández González,
jefe deTrabajo Político de la Jefatura Territorial
del EJT, y quien fue soldado en Redención, rememora
que en este mismo lugar una compañía de esta
fuerza productiva, que también tiene sus misiones militares
en el territorio, cortó en otra época hasta
seis millones de arrobas de caña.
Hernández González nació en El Corojal,
una zona rural de La Palma. Él destaca los valores
de responsabilidad ante el trabajo que desarrolla el EJT,
el cual capta para sus filas a jóvenes procedentes
en su mayoría de comunidades rurales. Los hay que llegan
sin ninguna experiencia de labor agrícola, y a veces
ni siquiera en la casa, pues hay familias que los acostumbran
a ni siquiera ir a la bodega a buscar el pan. Sin embargo,
en el EJT llegan a cobrar más de 40 pesos diarios debido
a su rendimiento.
La citada granja integral también tiene 60 trabajadores
civiles, quienes ya acopiaron 800 quintales de piña,
400 de guayaba, y esperan arribar a 1 200 000 huevos con las
más de 6 000 gallinas ponedoras que atienden en áreas
rústicas.
Dicha entidad está vinculada con dos puntos de venta
en Bahía Honda y San Cristóbal, respectivamente,
así como otros dos, uno en el reparto Hermanos Cruz
(Pinar del Río) y otro en Tulipán, en la capital.
En una cochiquera que pronto se convertirá en centro
porcino, en agosto el número llegará a más
de 2 200 cerdos. Según Odalys Dopico Tirador, médica
veterinaria de la citada área, solo dos trabajadores
más y el administrador atienden a los animales.
Allí tienen un molino que ahora está siendo
reparado, y en el cual harán pienso criollo a partir
de palmiche y maíz.
Cada reproductora tiene una especie de historia clínica,
acerca de su parto y el desarrollo de las crías.

La finca integral Redención
hace honor a su nombre. La salud de los animales atendidos
por la veterinaria Odalys, así lo prueba.
(Foto: Santiago Calero) |
Brazos
para un país agrícola
El teniente coronel Alberto Monroy Marrero, al frente de la
Jefatura Territorial del EJT en Pinar del Río, conversó
en Chirigota, San Cristóbal, con este equipo de reporteros
acerca de la importancia que tiene el trabajo en el campo
en un país eminentemente agrícola y en una coyuntura
internacional en la que se encarecen cada vez más los
alimentos.
Acerca de las experiencias del EJT en la producción
cañera, de cultivos varios y otros refirió que
el trabajo se hace por una ficha de costo y que la vinculación
no es al área, como se afirma a veces, sino a los resultados
del hombre en su labor.
“Por ejemplo —argumentó—, se producen
9 000 huevos diarios y pagamos dos centavos por cada huevo.
Lo que necesitamos es que cada gallina ponga 23 huevos al
mes, que no haya desvíos ni de estos ni de pienso,
y que los trabajadores civiles se sientan dueños de
la nave. ¿Cómo se logra? Vinculándolos
al resultado de la producción, por eso una parte de
ellos cobra hasta 12 000 pesos al año, un sueldo decoroso”.
En las áreas del EJT en Chirigota se aprecia el aprovechamiento
de cada palmo de tierra con la siembra de árboles frutales
hasta en el jardín, la explotación de un viñedo
cercano, de 12,2 hectáreas destinadas a la producción
de vino en una planta de San Cristóbal y a la venta
de uva en mercados de la capital provincial.
También reactivaron varias vaquerías que aportan
leche para la comunidad Modesto Serrano y también para
la industria. Un número reducido de trabajadores civiles
atiende a los animales y hasta siembra el kingrass para el
alimento de estos. Cada vaquero gana más de 60 pesos
al día.
Cuando algunos hasta pensaban que ya el EJT no existía,
aunque sí se ha reducido el número de sus integrantes,
en este se abren nuevas experiencias que pueden ser apreciadas
y valoradas en el país.
(Tomado de www.juventudrebelde.cu)
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