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Amelia Peláez: espirituana y universal
Por Manuel Echevarría
Gómez

“Frutero”,
1947.
(Tomada de www.alegraycolor.blogspot.com) |
De la casa paterna en Yaguajay espirituano,
donde transcurrió toda su adolescencia, conservó
Amelia el purismo de los colores, la reverberación
insolente de la luz del trópico, el cromatismo de la
intemperie; después habría de domeñar
el talento, poner bridas a la exuberancia desmedida del barroquismo
criollo, civilizar aquella fiebre retiniana que signaría
para siempre su paleta.
La academia le brindó un impass de cordura a la sombra
de Romañach, pero Europa la esperó
segura de sus presagios; ella misma supo siempre lo que quería,
hizo siempre lo que pensó y entonces vinieron los des-encuentros
con la Escuela de París, con la geometría del
espacio cubista, que caló hondo en su poética
de principiante y trascendió toda su obra de madurez.
Regresó con la vehemencia de quien está listo
para la simbiosis en un mundo de significaciones múltiples:
la maestría de gran disciplina europea domeñando
el sensualismo desbordado del trópico, la luz espejeante,
las vivencias de su raíz provinciana, de su medio insular.
Deconstruyó entonces, como se resuelve un problema
geométrico, todos los motivos que le ofreció
el entorno: frutas, flores, arquitectura, ornamentos, y los
ciñó mediante una línea, gruesa, negra
y poderosa. Así, se hizo paso hacia la posteridad inaugurando
lo cubano en la pintura, abriendo las puertas de lo moderno
desde su paleta abigarrada y criolla.
Quienes han querido ver en su obra epígonos baldíos
del decorativismo olvidan la complacencia que un público
ganado por la redundancia le impuso, ven en la línea
sensual del barroco, en la riqueza ornamental y el purismo
de los colores un signo equívoco de ese primer encuentro
con lo cubano, olvidan cómo "lo cotidiano pierde
su carácter accidental, efímero, para erigirse
en monumento autóctono. Así se restablece en
ocasiones el equilibrio entre el pudor, la contención
y el desbordamiento sensual".
Amelia Peláez del Casal, espirituana y universal, pintora,
ceramista, ilustradora y cultora de la técnica mural,
no hubiera podido pintar en cualquier otra parte del mundo
por una razón imponderable: la acendrada luz de su
cubanía.
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