| Cecilia
Valdés: la novela y la eternidad
Por Boris
Leonardo Caro
En un lugar extraviado dentro del laberinto de calles y panteones
que conforman el Cementerio de Colón, descansa Cecilia
Valdés. Al menos así lo asegura la inscripción
fijada en el centro de una desvencijada cruz, penosa sobreviviente
del paso implacable del tiempo. Al visitante puede quedarle
la duda de si es auténtica esta Cecilia; si no será
una de las tantas reliquias apócrifas que merodean,
como aves rapaces, a los mitos creados por la literatura.
Quizás nunca sepamos la verdad de
su muerte; la de su vida, con sólo sumergirnos en las
páginas de la obra escrita por Villaverde hace más
de un siglo, aparecerá ante nosotros. Sin embargo,
tampoco es del todo sencilla la historia literaria de Cecilia
Valdés. Intrincados caminos hubo de andar antes de
llegar a ser el texto conocido hoy.
Después de haber publicado algunas
noveletas en la Miscelánea de útil y agradable
recreo, Cirilo Villaverde, cumplidos los veintisiete
años, comenzó a escribir la más célebre
de sus obras. La idea provenía de su amigo don Manuel
Portillo, interesado en un artículo de costumbres cuyo
tema fuese el de las antiguas ferias del ángel, celebradas
cada 24 de octubre en conmemoración de San Rafael.
La primera de las versiones de Cecilia salió
a la luz en La Siempreviva, el año de 1839. Los redactores
de esa publicación advertían entonces: "Cuando
publicamos el primer capítulo de esta interesante novela
en nuestra Siempreviva, olvídasenos advertir a los
lectores que, siendo una obra extensa que piensa publicar
su autor por separado, no podíamos ofrecerles más
que el boceto de ella, para que juzgasen de su mérito.
Ahora, aunque tarde, lo hacemos e incluimos otro capítulo,
que encierra en sus breves páginas, casi todo el argumento
de la novela. Bien pronto verá la luz pública,
entonces podrán satisfacer su curiosidad aquellos a
quienes haya podido interesar su lectura... ".
Más tarde, Cuba Intelectual reproduciría
literalmente, bajo el título de La primitiva Cecilia
Valdés, los fragmentos aparecidos en La Siempreviva.
Efectivamente, el primer tomo de la novela fue editado en
la Imprenta Literaria de Don Lino Valdés a mediados
de aquel mismo año. Villaverde siguió trabajando
con ímpetu, pero poco tiempo después se trasladó
de La Habana, donde vivía desde 1823, a Matanzas para
impartir clases en el colegio La Empresa. Allí interrumpió
la composición de Cecilia y comenzó a escribir
La joven de la flecha de oro, concluida en 1841.
Del apacible oficio de novelista, Villaverde
pasó a vivir en carne propia los peligros sobre los
cuales probablemente hubiera leído en algún
libro. Acusado de conspiración por el gobierno español,
fue condenado a diez años de cárcel, mas, pronto
escaparía escondido en la bodega de una goleta hacia
los Estados Unidos. De regreso en La Habana, en el año
1858, quiso refundir la novela y llevarla hasta el final.
"Había trazado el nuevo plan hasta sus más
menudos detalles", explica Villaverde en la edición
definitiva "escrito la advertencia y procedía
al desarrollo de la acción cuando tuve de nuevo que
abandonar la patria". Por segunda vez, las agitaciones
políticas lo obligan a emigrar a los Estados Unidos.
Es allí donde puede terminar, finalmente, el segundo
tomo de Cecilia y darla a imprenta, cuarenta y tres años
después de haberla empezado.
"Con esta manera de componer obras
de imaginación no es fácil mantener constante
el interés de la narrativa, ni siempre animada y unida
la acción, ni el estilo parejo y natural, ni el tono
templado y sostenido que exigen las producciones del género
novelesco", admite Villaverde en el prólogo. "Hace
más de treinta años que no leo novela ninguna,
siendo Walter Scott y Manzoni los únicos modelos que
he podido seguir al trazar los variados cuadros de Cecilia
Valdés".
El 20 de octubre de 1894, murió
Cirilo Villaverde en Nueva York. Su obra cumbre ha sido considerada
por los estudiosos como la mejor novela costumbrista de la
literatura cubana. Al margen de toda fama, Cecilia Valdés,
la mulata hermosa que provocara las más encendidas
pasiones, reposa hoy en un ruinoso sepulcro de la más
grande necrópolis de la ciudad. Un extraño fascinación
invade, sin embargo, a los que hasta allí llegan. Atraídos
por la leyenda, reviven de cierta forma el espíritu
de Cecilia, eternizado en las páginas de una novela.
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