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de un siglo de historia: Cementerio de Santa Ifigenia
Por
Margarita Piedra

El cementerio Santa Ifigenia fue
el tercer camposanto utilizado oficialmente en Cuba.
(Foto: Archivo)
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Con más de un siglo de existencia
el Cementerio de Santa Ifigenia, en la ciudad de Santiago
de Cuba, capital de la provincia de igual nombre, guarda
la historia de héroes, hombres y mujeres ilustres y
de personajes anónimos y modestos que vivieron en este
lugar.
Este fue el tercer camposanto oficialmente
utilizado en Cuba, luego de los de Espada y Colón,
causa por la que buena parte de la historia pasada y presente
de esta ciudad caribeña la encontramos, en la quietud
y el silencio de más de sus ocho mil tumbas u otras
construcciones luctuosas.
Este cementerio fue inaugurado en febrero de 1868, llevando
por nombre "Santa Ifigenia", como el de una virgen
etíope bautizada por el Apóstol San Mateo. El
22 de abril de ese propio año tienen lugar los primeros
enterramientos.
Nombres de hombres muy ligados a la historia de lucha por
la libertad del pueblo cubano aparecen en los registros de
esta necrópolis, como José
Martí, José
Maceo, Carlos
Manuel de Céspedes, por sólo citar algunos, hasta
superar la treintena, según opinión de algunos
historiadores.
También se erigen monumentos auténticos perpetuando
la memoria de ilustres mujeres, entre ellas Mariana Grajales,
la Madre de los Maceo; María Cabrales, esposa del Titán
de Bronce, y Elvira Cape.
De nuestra historia reciente están
las tumbas de Frank y Josué País, Otto Parellada,
Tony Alomá, Pepito Tey y le sigue una pléyade
de jóvenes santiagueros muertos en el combate clandestino
contra la tiranía de Batista.
Hoy reposan allí los restos de los combatientes internacionalistas
caídos en otras tierras.
El Cementerio de Santa Ifigenia no sólo guarda historia,
sino monumentalidad y fastuosidad, en verdaderas obras de
arte de granito, mármol y otros componentes que hacen
de este, un lugar obligado de referencia para el visitante.
Mención aparte merece el Mausoleo dedicado
al Héroe Nacional de Cuba, nuestro José Martí,
donde descansan sus cenizas, sobre un puñado de tierra
de cada país de América.
Inaugurado el 30 de junio de 1951, con sus 24 metros de altura
domina toda la necrópolis y es su símbolo por
excelencia. Junto al nicho, la bandera nacional y un ramo
de flores haciendo realidad la máxima del inmortal
patriota.
Su arquitectura románica, sobria y elegante, está
dispuesta en forma tal que por el lucernario se filtran los
rayos del sol hacia la cripta.
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