| Cine
e Historia
Fotogramas con sabor añejo
Recientes estrenos del séptimo
arte cubano como “El viajero inmóvil” o
“Camino al Edén”, y múltiples filmes
ahora mismo en producción, lo confirman: la voluntad
por reinterpretar el pasado continúa signando los caminos
de nuestro cine de ficción.
Por Pavel
López

La incursión de los cineastas
del patio en el género histórico ha dado
frutos encomiables, desde “Lucía”,
de Humberto Solás, hasta “La última
cena”, de Tomás Gutiérrez Alea.
(Foto: Archivo) |
Continuidad y ruptura con el
audiovisual de temática histórica realizado
en la Isla desde la segunda mitad del siglo XX, pueden rastrearse
en la actual producción cinematográfica del
patio. El pasado seduce aún a jóvenes y consagrados
realizadores, aunque las motivaciones para posar el lente
en épocas de antaño se han diversificado a tal
punto, que intentar buscar una definición del llamado
“género histórico” podría
remitirnos fácilmente a un laberinto sin salida.
Muchos inscriben dentro de
esta categoría las cintas que evocan el acontecer pretérito
desde una perspectiva “épico-romántica”,
tendencia de gran preponderancia, como veremos, en los años
posteriores al nacimiento del Instituto
Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
Otros aceptan como cine histórico,
exclusivamente, aquel que ostenta una sofisticada reconstrucción
epocal, al estilo de ”Cecilia” o “Un hombre
de éxito”, por solo citar dos loables ejemplos
del patio. Tal criterio no toma en cuenta las producciones
centradas en el pasado inmediato, las cuales no exigen un
trabajo de ambientación de tanta complejidad.
Por otra parte, son cada vez más
frecuentes en el celuloide los relatos sobre seres al margen
de “los grandes sucesos históricos”. La
alusión al contexto en dichas propuestas parece operar
como mera “música de fondo”, demostrando
un vínculo de los realizadores con el ayer, más
“afectivo”, que “crítico”.
En este acápite pudiéramos colocar la cinta
“La edad de la peseta”, de Pavel Giroud, quien
por lo visto mantendrá esa relación “nostálgica
con el pasado” en su próxima película
“Oferta”, un drama con pinceladas de “cine
negro”, ubicado en los años 60 de la anterior
centuria.
Por tales motivos, resulta común
escuchar a expertos de diversas partes del mundo referirse
al género que nos ocupa como “cine histórico
y épico”, “cine de la reconstrucción
histórica” o “cine retro”, según
convenga. El periodista Joel del Río lo cataloga como
aquel destinado a “relatar los sucesos que rodearon
la vida de una personalidad o describir conflictos políticos,
sociales, bélicos y psicológicos de otrora”1.
Asimismo, el especialista aclara que este
tipo de realización “tendrá siempre un
alto contenido político y social, que se mostrará
de manera directa o indirecta, pues la sola elección
del protagonista o de la época a retratar, así
como el modo en que se haga, ya implica adscribirse a determinada
ideología”2.
Un exuberante pasado en imágenes
Pese a puntuales incursiones de algunos artistas en la modalidad
de marras durante la primera mitad del siglo XX, su consolidación
en la isla mayor de las Antillas vino aparejada al triunfo
revolucionario y a la creación del ICAIC en 1959.
El director Humberto
Solás (“Miel para Ochún”, “Barrio
Cuba"), uno de los protagonistas de aquella etapa
fundacional, define el período como “un ciclo
fuertemente nacionalista, donde urgía hacer una reescritura
de nuestra historia pasada y presente, en términos
de reedificar nuestra dignidad como pueblo; y a ello se le
nombró ‹búsqueda de nuestras raíces›,
‹sentimiento de identidad› o, incluso, ‹legitimidad›”3.
No por gusto el primer largometraje realizado
por el organismo se tituló “Historias de la Revolución”,
al que seguirían obras como “El joven rebelde”,
“Manuela” y tantos otros, adscritos claramente
a dicha vertiente.
Hacia 1968, justo cuando se cumplían
los cien años del inicio de las luchas independentistas,
los cineastas cubanos agudizaron la mirada retrospectiva,
gesto que coadyuvó el nacimiento de dos piezas antológicas
del séptimo arte nacional: “Lucía”,
de Humberto Solás y “La primera carga al machete”,
de Manuel Octavio Gómez, las cuales se apropiaron de
las más avanzadas conquistas expresivas de la imagen
en movimiento para la fecha.
Sin embargo, el vértigo de nuestro
cine por recuperar el ayer no siempre corrió igual
suerte. La celebración del Congreso
de Educación y Cultura en 1971 y su reclamo por el incremento
de películas y documentales cubanos de carácter
histórico, abrieron las puertas, según ha señalado
la crítica, a cierta deformación del género.
En lo adelante proliferarían filmes de marcado carácter
“conmemorativo”.
El escritor cubano Reynaldo González
señala a las películas “Páginas
del diario de José Martí” (1971) y “Mella”
(1975) como ejemplos fehacientes de los reclamos estéticos
en dicho período. Una buena parte del cine histórico
realizado a partir de entonces demostró, apunta el
investigador, que “no siempre los grandes temas generan
grandes películas y, por el contrario, pueden propiciar
miradas que prometiendo profundidad, quedan en la superficie”4.

Las más recientes producciones
del cine cubano, así como diversos filmes pendientes
de estreno, demuestran el afianzamiento en la isla mayor
de las Antillas del género histórico en
casi todas sus facetas.
(Foto: Archivo) |
Saldando cuentas
con el ayer
A pesar de la implementación mecánica de “lo
histórico” en el séptimo arte insular
y la relativa hegemonía de la comedia en la década
del 80, el género se las agenció, no solo para
mantenerse a flote, sino para florecer de mano de nuestros
más importantes hombres de cine.
Tomás
Gutiérrez Alea legó a la cultura de la Isla dos
piezas monumentales: “Una pelea cubana contra los demonios”
(1971), inspirada en la obra homónima del investigador
cubano Fernando Ortiz, y “La
última cena” (1976), quizás la más
certera contribución al cine de temática esclavista,
especie de subgénero dentro del cual se gestarían
otras películas de menor alcance, en especial, la trilogía
de Sergio Giral: “El otro Francisco” (1974), “Rancheador”
(1976) y “Maluala” (1979).
A su vez, Humberto Solás se centró
en el cine de reconstrucción histórica inspirado
en obras literarias de altísimo rango. Lo atestiguan
sus filmes “Cecilia” (1981), “Amada”
(1983) y “El siglo de las luces” (1992), adaptaciones
de célebres novelas de Cirilo
Villaverde, Miguel
de Carrión y Alejo Carpentier,
respectivamente.
De la primera de ellas el intelectual cubano Alfredo Guevara
expresará:
“(...) me atrevo a decir que si los estudiantes de enseñanza
media y preuniversitaria vieran como parte de su formación
“Cecilia” (...) pudieran aprobar con Sobresaliente,
el puntaje más alto, la asignatura fundamental, Historia
de Cuba”5.
Los mil y un rostros
del pasado
En pleno siglo XXI perdura la obsesión de los cineastas
por “viajar contra el reloj”.
La mixtura de géneros y estilos inherente al arte de
estos tiempos ha condicionado el advenimiento de filmes como
“Bailando Chachachá” o “El
Benny”, muy pendientes de las convenciones del “musical
clásico”, pero también de apresar los
colores, el ritmo, la “temperatura” de la época
republicana en que se desarrollan sus argumentos.
“Camino al Edén”, a su
vez, nos regala una anécdota ubicada en el contexto
de las guerras de independencia, aunque protagonizada por
seres desprovistos de cualquier heroicidad, movidos por turbulentas
pasiones, lo cual acerca la estética del filme a los
códigos del melodrama tradicional, más que al
registro épico.
Cintas de próxima aparición
como “Kangamba”, sobre la guerra de Angola; “Rojo
vivo”, que recreará la lucha clandestina urbana
en la etapa pre-revolucionaria; o “El premio flaco”,
inspirado en la obra teatral de Héctor Quintero y también
ubicado en la década del 50, prueban la absoluta salud
del género en sus más disímiles facetas.
Sin dudas, resucitar el ayer se ratifica
en esta centuria como el más socorrido pasatiempo de
los seres humanos. Todo parece indicar que la Historia continuará
siendo huésped ilustre de la cinematografía
cubana
.
Notas
1-del Río, Joel. “Cine
cubano del siglo XXI. Tenue autoría, se imponen los
géneros”. En Cine cubano No. 167, enero-marzo
de 2008.
2-del Río, Joel. Op. Cit.
3-Solás, Humberto. “Reflexiones”. En Cine
cubano No. 145, julio-septiembre de 1999.
4-González, Reynaldo. “Temas históricos
y cine de ficción”. En Coordenadas del cine cubano
1. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001.
5-Guevara, Alfredo. “Autoentrevista”. En Cine
cubano No. 145, julio-septiembre de 1999.
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