| Francia:
besos en tierras de romances
Por Fausto Triana
(Corresponsal de Prensa Latina en Francia)

La sensación de movimiento,
los vehículos y los transeúntes, contrastan
con la congelación de movimiento de la pareja.
Por su composición esta foto es un icono de París.
(Tomada de www.sauer-thompson.com) |
Beso francés, fábula, historia
o realidad. En tierras de romances, poetas y escritores, pintores
y filósofos se inspiraron alguna vez para dejar su
impronta a la posteridad, como un regalo del corazón
depositado en los labios.
Embrasser,
en francés, es la acción de manifestar amor,
amistad o reverencia, apasionante en las antiguas tierras
de la Galia, donde los bisous son parte indisoluble
de la vida cotidiana.
Los besos tienen una historia de más
de 2 000 000 de años, pero solo en los últimos
50 se convirtieron en la forma más abierta y sincera
de un saludo afectuoso. En Francia son una suerte de deporte
nacional.
El vocablo como tal proviene
del latín basium (acción de
besar), y dicen los científicos que su práctica
pone en movimiento 12 músculos faciales. Sin embargo,
el llamado estilo francés ofrece una
explosión que dispara a otros 17 músculos.
Toda la leyenda del llamado beso
francés tuvo su momento excepcional a partir
de la foto tomada por el artista gráfico galo Robert
Doisneau, quien en 1950 captó un intenso momento de
amor entre una pareja en plena calle de París. La foto
fue subastada en 2005 y se vendió a un precio extraordinario:
239 mil dólares. Françoise Bornet, quien tiene
ahora 77 años, es la testigo viviente de la memorable
instantánea, una de las más renombradas en la
trayectoria de Doisneau.
Aunque es bastante difícil determinar
si en efecto el beso mojado (o de lengua) nació en
Francia, las enciclopedias lo dan como un hecho. Dicen, además,
que los latidos del corazón pasan de 70 a 150 pulsaciones
por minuto con este acto erótico.
Los antropólogos aseguran que la
costumbre se deriva de la instintiva necesidad que sentían
las madres homínidas (primates) de masticar la comida
hasta convertirla en papilla para alimentar a sus bebés.
Luego, el afán por halagar al macho
dominante de la manada, dio al
parecer origen al beso, que pasó por muchas etapas
antes de convertirse en el signo de amor y cariño de
nuestros días.
El denominado beso francés inspiró
en 1995 la realización de una
película. Con el mismo nombre, y en tono de comedia,
Lawrence Kasdan (“Cuerpos ardientes”) dirigió
con acierto a Meg Ryan, Kevin Kline, Timothy Hutton y Jean
Reno.
Tradición
francesa
Tampoco es una estadística definitiva, pero al parecer
pocos países en el mundo pueden disputarles a los franceses
la supremacía del beso cotidiano, amplio, variado y
generoso.
En París, los amigos, mujeres y hombres,
se saludan con cuatro besos en las mejillas y se despiden
de igual forma. Sin embargo, por razones de tiempo, comienza
a predominar la costumbre de dos ósculos a la ida y
a la vuelta, como en muchas regiones.
No existen parámetros ni reglas escritas,
hay zonas donde se dan cuatro, tres o dos besos, e incluso
cuando predomina una especial familiaridad, hasta el adiós
puede ir acompañado de un beso ligero en la boca, me
explica Jean-Jacques, un experto en audiovisuales.
Al margen de las múltiples anécdotas
de Hollywood en la historia del cine, se hicieron notables
en 1956 los besos que se dieron Brigitte Bardot y Jean-Louis
Trintingnant en “Y Dios creó a la mujer”,
(1956) que marcaron una pauta pese a los escándalos
y las censuras.
Aquellos ósculos a la francesa fueron
copiados casi 40 años después por la supersensual
Kim Bassinger y Mickey Rourke en las provocadoras “Nueve
semanas y media”, de 1995.
Antes, Marlon Brando y María Schneider
habían logrado la provocación suprema con “El
último tango en París” en 1972, bajo la
onda del maestro italiano Bernardo Bertolucci, con menos protagonismo
del beso y sí del erotismo.
Un beso suaviza el temperamento, quiebra
la formalidad, regenera el alma y puede hasta alegrar el día.
Mientras transcurre la levedad, besar enaltece a la vida,
repite con la mirada perdida la espléndida actriz francesa
Marion Cotillard.
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