| Tras
una aparente espontaneidad, una técnica consumada
Por Alicia
Centelles

“La gitanilla”.
(Tomada de www.content.answers.com) |
Gran admiración despierta,
todavía hoy, la brillantez en la representación
de la luz y la libertad en el manejo de los pinceles que se
aprecia en las pinturas del artista flamenco Frans Hals. Nacido
en Bélgica en 1580, es uno de los grandes maestros
del arte del retrato.
En todas sus obras de ese tipo logró
reflejar un ambiente de absoluta espontaneidad, con personajes
que producen la impresión de haber sido sorprendidos
en una pose y con una expresión fugaces, pero características.
La pincelada amplia, rasgo distintivo en
sus obras, confiere a los retratos de Frans Hals un vigor
y viveza que se observa en retratos como el famosísimo
de “La gitanilla”, actualmente en el Museo del
Louvre de París. En esta pintura aparecen dos de los
recursos empleados por Hals: el de iluminar la figura con
una luz directa, y el de mezclar colores puros directamente
sobre el lienzo.
Su obra maestra es
un retrato colectivo
El maestro flamenco Frans Hals, quien desarrolló su
obra en el siglo XVII, poseía una técnica consumada,
y sus estudios están siempre compuestos con enorme
habilidad.
Su talento se evidencia sobre todo en nueve
retratos colectivos de las diferentes guardias y corporaciones
cívicas de la ciudad de Haarlem. En ellos, Hals demuestra
gran habilidad al captar a cada personaje en una actitud característica,
lo que produce un ambiente informal de absoluta naturalidad.
Con la madurez, este excelente retratista
reemplazó el colorido brillante de sus primeros lienzos
por un tratamiento más monocromático. De ello
es buena muestra su última obra, titulada “Regentes
del hospicio de ancianos”.

“Regentes del hospicio de
ancianos”.
(Tomada de www.artehistoria.jcyl.es) |
Como es habitual en todos los retratos de
grupo pintados por Hals, cada miembro del conjunto está
individualizado, y se destaca su expresivo gesto y su carácter
(la obra fue financiada equitativamente por cada uno de los
retratados, por lo que ninguno podía aparecer en segundo
plano).
En el cuadro predominan los tonos austeros,
negros, blancos y pardos, y los gestos tristes y cansados
de los regentes han hecho que algunos especialistas opinen
que la obra critica acerbamente a la sociedad burguesa que
tuvo que mantener al artista en sus últimos años
de vida.
Frans Hals murió, a principios de
septiembre de 1666, en un albergue para ancianos que hoy es
un museo que lleva su nombre, en la ciudad holandesa de Haarlem.
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