| Hay
escuelas, pero si el hogar no coopera...
Por Alicia
Centelles
Tiene unos once años, pero nunca ha caminado por el
pasillo que conduce a su apartamento: ella se traslada corriendo
desde la acera hasta la puerta de su casa, y haciendo el mayor
ruido posible. Es normal para ella insultar a los vecinos
que se quejan de su conducta, con la aprobación e incluso
la participación de su madre, quien, aunque parezca
difícil creerlo, muchas veces la incita a hacerlo.
La niña asiste a la escuela, pero
es evidente que el ambiente familiar en que se desenvuelve
no es nada propicio para que el día de mañana
se convierta en un ser humano con una conducta social adecuada.
Y ni hablar de la formación que pueda
darle en el futuro a sus hijos, pues lamentablemente, para
la niña de que hablamos convivencia es sinónimo
de agresión, y el respeto a quienes la rodean, algo
por completo inexistente.
Todavía tenemos
muchos “Yeyos” en los barrios
Disputas por supuestos derechos sobre partes de una vivienda,
que en el mejor de los casos desembocan en interminables y
costosos litigios ante los tribunales; el mal hábito
de algunos que confunden las escaleras de los edificios con
escupideras públicas, e incluso las utilizan como lugares
propios para hacer el amor a determinadas horas; el vecino
de los altos que repara su casa sin tener en cuenta ni disculparse
siquiera con los moradores de la planta baja por las molestias
que causa…
Todos estos ejemplos, y muchos más
que seguramente observas en tu lugar de residencia, nos hacen
pensar que todavía entre nosotros hay muchos “Yeyos”,
como el personaje de las menciones televisivas sobre la convivencia,
y con quienes no basta un perentorio ¡COMPADRE!, sino
una acción social y colectiva más eficaz en
la que tú, como joven, también debes participar.
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