| Muchachas
en un desafío a las alturas
Conquistan con sus sonrisas las alturas y sin reparos
se disponen a abrazar las nubes.
Por Yaniuska Macías
Rivera
Especial de la AIN

Elizabeta siente felicidad con el
apoyo de su familia.
(Foto: Rodolfo Blanco Cué) |
Muchachas de 19 años,
procedentes de las Escuelas
Militares Camilo Cienfuegos de varias provincias cubanas,
arriban periódicamente al Centro de Instrucción
de Vuelo de la Aviación Civil (CEIACC), localizado
en Camagüey,
para completar sus dos años de preparación como
pilotos.
Inaugurado el 26 de abril del 2003, en él se han graduado
65 pilotos, de ellos 20 muchachas, que le imprimen una connotación
especial a la escuela, pues la práctica de la aviación
en la Isla constituía un hecho privativo del sexo masculino,
salvo contadas excepciones.
Sin embargo, ellas asumen su rol con singular disciplina y
responsabilidad, más allá de preferencias familiares
y prejuicios sociales.
Elizabeta Hernández Hernández, una joven cienfueguera
que disfruta compartir con los amigos y escuchar música
en sus ratos libres, lo cuenta así: “Constituye
un reto. Al principio mis padres me sugerían que estudiara
otra carrera menos riesgosa y para mi madre fue muy dura mi
decisión, pero hoy me apoya en cualquier cosa que necesite
en mi formación como piloto.
“Me incliné por esta carrera
con la meta de hacer algo diferente, me gusta la vida militar
y constituye una parte esencial de mi existencia. Tuve un
hermano que falleció cumpliendo el Servicio Militar
Activo, lo cual devino otra razón para que mis progenitores
se resistieran ante mi vocación, aunque hoy entienden
que en esto va lo mejor de mí”.
Luego de un año de preparación
teórica en el Instituto Técnico Militar José
Martí, en La
Habana, instructores del CEIACC las asesoran en su entrenamiento
práctico.
Otras etapas de la preparación incluyen
acciones acerca de las técnicas de despegue y aterrizaje,
además de las horas de vuelo nocturno, período
con el cual culmina el curso.

Yamila se prepara para sus horas
de vuelo.
(Foto: Rodolfo Blanco Cué) |
“Cuando estás ante el timón
no puedes pensar mucho, debes concentrarte y dejar los problemas
abajo”, reflexiona Yamila Rodríguez Pérez,
procedente de La
Habana, y quien prefiere dedicar sus horas de ocio a la
lectura de novelas policíacas y la práctica
del deporte.
Ante la interrogante de cómo se sentiría al
frente de una aeronave cargada de personas, responde casi
sin pensar: “Comprometida, tendría más
coraje y más valentía. Sería una responsabilidad
muy grande y también está la confianza, que
no se debe defraudar”.

La granmense Ana Rosa ya tiene importantes
experiencias.
(Foto: Rodolfo Blanco Cué) |
Formar
mujeres pilotos
Alejandro Ballesteros Céspedes, capitán
instructor y director del CEIACC, destaca que entre las perspectivas
de la escuela se encuentra la de continuar formando mujeres
pilotos en Cuba, por el potencial que reúnen, pues
sus altas calificaciones les permiten incluirse entre los
primeros lugares del escalafón:
“Ya experimenté ser pasajero en un avión
conducido por una de mis alumnas. Ellas constituyen el fruto
de un arduo trabajo y uno no puede dudar de los resultados”.
Ana Rosa Torres Bazán, estudiante de la provincia de
Granma,
ratifica las palabras de su profesor, cuando recientemente
el avión que pilotaba presentó fallas en la
potencia del motor y a pesar de esto pudo realizar una maniobra
de aterrizaje, sin mayores consecuencias.
“Gracias al entrenamiento recibido,
salí airosa de tal eventualidad. A veces es bueno que
pasen estas cosas, porque te sientes realmente capaz de enfrentar
las situaciones de riesgo que se puedan presentar”,
reafirma Ana Rosa, bailadora por excelencia en sus pocos ratos
libres.
Ellas, como jóvenes de su tiempo, apuestan por la honestidad,
la sencillez, la responsabilidad, la comprensión y
la solidaridad, cualidades indispensables que debe reunir
una persona para unirse a su círculo de amigos y amigas:
“Por la calle algunos nos dicen que les gustaría
tener una mujer piloto en su casa, otros se quedan sorprendidos
y refieren que estamos locas; pero la mayoría de la
gente nos califica de valientes.
“¿Los novios? Nos apoyan, nos
piden que tengamos cuidado y declaran sentirse orgullosos
de lo que hacemos”, coinciden estas sonrientes pilotos.
Entre sus proyecciones está continuar el estudio del
inglés, indispensable para su trabajo; el perfeccionamiento
de las técnicas de vuelo, así como continuar
su superación hasta lograr una carrera universitaria.
Al egresar del Centro de Instrucción
de Vuelo, estas seis mujeres trabajarán como pilotos
de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos, destinada
a la mensajería, a las fumigaciones y extinción
de incendios.
Y aunque Elizabeta, Yamila y Ana Rosa admiten que primero
soñaron con estudiar carreras de perfil social y humanístico,
como la mayoría de sus amigas, ahora se congratulan
por haberse decidido por una profesión arriesgada y
hasta hace poco vedada a las mujeres. A ellas no les importan
la tensión y el esfuerzo, ya que disfrutan lo que hacen
en este otro mundo.
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