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El Diablo Ilustrado


(Autor: Fariñas)

Ansioso desde que recibí tus señas, desato las mías. ¿Por qué habría de callar, mi amiga? No creo en tema tabú, y el que propones, si bien no es usual que lo aborden, no me parece de los más peliagudos. Si hay un secreteo se debe, creo yo, a una especie de pudor o mojigatería tradicional. Por otra parte, puedes estar tranquila, pues no hace falta que te identifique públicamente.

Para ir directamente a tu inquietud: ¿Cómo distinguir cuándo una secuencia de sexo en una película es arte o pornografía?

Bueno, podría decirte que de la misma manera en que distingues cuándo alguien se entrega a ti por amor o por un elemental deseo físico. Pero esa respuesta —aparte de cierto tufillo sensacionalista— puede tener varias aristas contradictorias.

Por lo regular, la pornografía cruda se identifica de inmediato, pues trata solo de sexo despojado de toda espiritualidad. Pero tienes razón en preguntar, pues en ocasiones, los lobos se disfrazan de corderos, e incluso viceversa. Dentro del comercialismo del cine hay películas que, sin estar enmarcadas dentro de las que explotan el sexo, infiltran secuencias cercanas al porno para buscar taquilla.

Claro que no digo arte, porque el arte verdadero —lo cual no abunda como debiera en el séptimo arte— no busca “ganchos” superfluos. No puedes guiarte por la fuerza o el grado de desnudez de las imágenes, ya que puede tratarse de una escena agresiva, hasta chocante, dentro del arte. Asimismo, puede haber cierto sexo romanticón con visos de porno, sin imágenes demasiado fuertes.

Si me pidieras un elemento claro para discernir, aparte del nivel estético, es la intención de lo que se muestra. En una película porno no hay otro objetivo que las “relaciones carnales”. A veces no cuentan ni historias, pero aun en el caso de las más elaboradas, no se dice nada. Las dos o tres escenas que no contienen relaciones sexuales no son más que un breve camino para no caer de fly en la cama.

En una película con sentido de arte el sexo forma parte natural de la cinta y transmite mensajes; sentimos que se nos está contando algo, que hay un sentido orgánico para desarrollar una idea. Pudiera tratarse incluso de un filme que aborde la violencia en los burdeles y por tanto, llevaría no pocas secuencias crudas de sexo, pero uno nota cuando la intención va más allá del chapoteo en torno al orgasmo, por la actitud del realizador.

El cine es un montaje de imágenes —sonoras y visuales— para comunicarse con el espectador. Desde las películas más artísticas hasta las más pedestres llevan toda una mecánica que va desde idear cómo se desarrollarán las secuencias, quiénes serán los actores, cuáles las locaciones, cómo se montarán las luces, el audio, las cámaras, etc. Y todo eso se desenvuelve en función de lo que quiere el realizador o la empresa productora; o sea, el concepto u objetivo que se persigue.

Por ello, bastan un par de secuencias (a veces incluso los créditos iniciales) para saber hacia dónde nos quiere llevar un filme, amén del nivel de realización que pueda tener luego. Ya eso depende de muchos factores: calidad del guión, nivel de actuaciones, fotografía, dirección, etcétera.

Pasamos al otro lado de las inquietudes, mi ángel: ¿Qué es la pornografía? ¿Le hace daño a alguien? En primer lugar, es un gran negocio que fluye mediante revistas, canales de televisión, películas, sitios en Internet, aparte de los diversos lugares donde se comercializa en vivo. En muchos países del mundo es aceptado como natural y hasta existen barrios en no pocas ciudades dedicados plenamente al mercado sexual; uno va a los estanquillos y ahí están las revistas a tu alcance.

¿Quiere decir todo eso que no es nocivo para el ser humano? Más bien yo diría que es una señal de cómo está el mundo.

La sociedad de consumo se ha desarrollado montada sobre una maquinaria indetenible de comercio. Esa maquinaria engrasada por los grandes negociantes, o sea, los vendedores, tiene como fin supremo incrementar las ventas. Si el gran objetivo es que la gente compre más y más, estamos hablando de todo un sistema diseñado para convertir a cada ser humano en un ser cada día más consumista.
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Ese modo de vida debe alejarse de la poesía, del arte, de la inteligencia, de una mirada profunda a los problemas del mundo. ¿Por qué? Porque en la medida en que el individuo es menos superficial, resulta menos domesticable por todo el sistema propagandístico, y por ende, menos apto para convertirse en un animalillo consumista. En otras palabras: la gente sensible, culta, profunda, le “jode” el negocio. Los tontos son los ideales para los negociantes, porque se dejan atrapar por el espejismo de toda la publicidad y se pasan la vida comprando chucherías para estar a la moda.
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La pornografía es el ejemplo más ilustrativo de ese sistema consumista. Esa vida asociada a sensaciones primarias te va incapacitando para experimentar sensaciones profundas, poéticas. Terminas por no entender una obra de arte verdadero, pues se sale de las fórmulas que propone la cultura simplona de mercado.

Así, sumergido en ese mundo de ilusiones banales y epidérmicas, te vas perdiendo la vida elevada, de goces más profundos que están directamente relacionados con el descubrimiento, el desarrollo de la inteligencia y la poética con qué aprehender el mundo circundante.
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La pornografía es uno de los elementos de esa feria de vanidades, que quiere divorciar el sexo del espíritu. Con elementos que van desde el exhibicionismo, el espiar el sexo ajeno, hasta la violencia. En la medida en que te vas habituando a ese tipo de producto, los conceptos que rigen tu sexualidad se van limitando, y terminas siendo un animalito de orgasmo elemental. Tu relación amorosa con otro ser humano, en vez de encaminarse hacia la búsqueda de las profundidades de las almas, se dirige hacia un grupo de piruetas físicas, que pueden ir incluso a la busca de aditamentos con los cuales el sexo se convierte en un show casi de celda de torturas.

¿Qué es lo peor de todo esto? Que te estás perdiendo el goce supremo, el de una sexualidad que profundiza en los versos de buscarse y entregarse depurando almas.
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Eso es lo que pienso, mi ángel. Ojalá vuelvas sobre tus pensamientos hacia mí, en espiral sobre este tema o cualquier otro. Ya sabes que te espera y hasta desespera por tus huellas… El Diablo ilustrado.


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