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Preludio de una epopeya
Por Matilde
Salas

(Foto: Archivo) |
El 15 de abril de 1961 amaneció muy
agradable. Nada hacía suponer que ese día el
pueblo cubano tendría que demostrar su grandeza ante
la agresión de que era objeto por el imperio más
poderoso del mundo.
Los aeropuertos habaneros de Ciudad Libertad
y San Antonio de los Baños, y el de Santiago de Cuba,
en el oriente del país, fueron bombardeados por aviones
guiados por mercenarios que obedecían las órdenes
del amo yanqui.
Ese era el preludio de una gran invasión
organizada, financiada y dirigida por el gobierno de Estados
Unidos, que dos días después se materializaría
en un desembarco por Playa Girón.
Este era el modo que tenían los poderosos
de atacar a la Revolución, que había entregado
las armas al pueblo y así le permitía reafirmar
su decisión de dar hasta la última gota de sangre
por defender sus más valiosos ideales.
Por mandato del gobierno yanqui, a principios
de 1960, el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia
organizaron a los prófugos que huyeron de Cuba desde
enero de 1959, cuando el pueblo de la isla despertó
en la brillante alborada de la Revolución.
Desde entonces la vigilancia y la unidad
populares detectaron y aniquilaron a las bandas organizadas,
los sabotajes, la infiltración como símbolo
del apoyo incondicional del pueblo a sus agentes y el suministro
constante de armas y diversos recursos que enviaba desde el
norte a la contrarrevolución.
En el bombardeo al aeropuerto capitalino
de Ciudad Libertad, fueron heridas personas residentes en
zonas aledañas y en un acto heroico, mientras la vida
se le escapaba, el joven miliciano Eduardo
García Delgado escribió con su sangre en una puerta
el nombre de Fidel, como símbolo del apoyo incondicional
del pueblo cubano a su líder.
El 16 de abril de 1961, el pueblo reunido
junto al capitalino cementerio de Colón, fue al sepelio
de las víctimas del bombardeo realizado el día
anterior.
En esa fecha, el Comandante en Jefe
Fidel Castro proclamó el carácter socialista
de la Revolución y la indoblegable posición
de Cuba cuando dijo: “Aquí, junto a los restos
de los jóvenes heroicos, hijos de obreros e hijos de
humildes, reafirmaremos nuestra decisión de que igual
que ellos dieron su pecho a las balas, al igual que ellos
dieron su vida, vengan cuando vengan, todos nosotros, orgullosos
de nuestra revolución, orgullosos de defender esta
Revolución de los humildes, por los humildes y para
los humildes, no vacilaremos, frente a quienes sean, en defenderla
hasta nuestra última gota de sangre”.
Aniversario 50 de
la Victoria de Girón
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