| Un
mar de flores para un héroe eterno

Camilo surgió del pueblo, y por él entregó
la vida.
(Tomado de www.elhabanero.cubaweb.cu) |
Cada 28 de octubre el litoral del archipiélago
cubano se cubre de flores.
Es el símbolo del recuerdo a un héroe eterno
de la Patria, que a través de varias generaciones se
ha mantenido vivo en la memoria, alimentada con mil anécdotas
de su quehacer humano y guerrillero, como uno de los pilares
fundamentales de la gesta armada que derrocó a la tiranía
pro imperialista del dictador Fulgencio
Batista el Primero de Enero de 1959.
La humilde extracción social de Camilo Cienfuegos Gorriarán,
sastre de oficio, su temperamento jovial y su sonrisa franca,
con la que ganaba amigos desde el primer encuentro, lo convirtieron
desde muy temprano en uno de los más carismáticos
dirigentes de la Revolución Cubana.
Nació Camilo en la Ciudad
de La Habana, el seis de febrero de 1932, y desde muy
joven comprendió que el entorno de la seudorrepública
no le ofrecía porvenir alguno, por eso viajó
a la ciudad de Nueva York con solo 21 años de edad,
en busca de mejores oportunidades económicas para su
familia.
Pero el ambiente que el joven emigrante encontró en
la Gran Manzana muy pronto lo convenció de que, en
realidad, la situación social que afrontaba en su Patria
exigía acciones trascendentales, que fueran mucho más
allá de intentar esfuerzos individuales para sobrevivir.
Se trataba de un problema de todos, y como
tal había que afrontarlo, con el concurso de muchos,
unidos en una causa cuya materialización fuera capaz
de revertir la explotación a que eran sometidos los
obreros y campesinos y alcanzar un sistema político
de verdadera justicia social.
En 1955 Camilo fue detenido y deportado
a Cuba. De retorno a la Patria se incorporó a las luchas
estudiantiles y resultó herido en una manifestación
de protesta. Preso, torturado y fichado por los sicarios del
régimen dictatorial, tuvo que retomar el camino del
exilio en Nueva York hasta que allí supo del proyecto
que encabezaba el líder cubano Fidel Castro, encaminado
a organizar una expedición armada en México
con el propósito de desembarcar en Cuba y emprender
la lucha insurreccional contra la dictadura.
Aquella empresa encajaba en los ideales
del joven Cienfuegos Gorriarán, quien de inmediato
partió para integrarse como uno más de los 82
expedicionarios del yate Granma, que el dos de diciembre de
1956 desembarcara en las costas cubanas.
El valor y la audacia de Camilo fueron factores
clave en su desenvolvimiento guerrillero para cumplir misiones
decisivas en el desarrollo de la guerra. En abril de 1858
fue ascendido al grado de Comandante, el más alto de
la guerrilla, y junto con el también Comandante Ernesto
Che Guevara, emprendió la invasión desde
Oriente hasta Occidente para llevar la guerra a los llanos.
El tres de octubre, Camilo, al frente de su columna guerrillera
número dos Antonio Maceo, arribó
a la provincia de Las Villas. Aquí participó
en combates decisivos para el ulterior curso de la guerra,
y su valor ejemplar hizo que el pueblo espontáneamente
le otorgara el título honorífico de Héroe
de Yaguajay, localidad que ocupó tras duros combates.
Amigo inseparable de Che Guevara, Camilo
tuvo el privilegio de recibir altos elogios de este, que no
se caracterizaba precisamente por prodigar adjetivos. Che
lo llamó El Señor de la Vanguardia, en reconocimiento
al arrojo impetuoso característico de aquel al que
consideraba su hermano de armas.
Camilo Cienfuegos fue nombrado Jefe del
Estado Mayor del Ejército Rebelde y desempeñó
tareas muy importantes durante los 10 primeros meses de 1959.
El 28 de octubre, tras cumplir la misión encomendada
por el máximo líder de la Revolución,
Comandante en Jefe Fidel Castro, de neutralizar y arrestar
en Camagüey al traidor Hubert
Matos, la avioneta en la que retornaba Camilo a La Habana
se extravió en mal tiempo y desapareció sin
dejar rastros.
Las horas que siguieron a la noticia fueron
de gran tensión para los cubanos. Todos anhelaban que
Camilo apareciera. Pero los esfuerzos fueron inútiles.
El Guerrillero de la sonrisa hermosa, símbolo del pueblo
uniformado, se perdió en el mar y fue a morar eternamente
en el recuerdo agradecido de su pueblo, allí donde
habitan los que tienen el raro privilegio de ser inmortales.
Este año se cumple el aniversario
47 de aquel suceso que consternó a todos los cubanos.
Desde entonces, cada final de octubre el litoral florece,
y también ríos, arroyos, presas y lagunas, dondequiera
que una corriente de agua recuerde el eterno fluir de la vida,
se verán ese día pétalos multicolores
como expresión del cariño del pueblo, en especial
de los niños, que en filas tempranas acuden a depositar
su ofrenda de amor a un hombre bueno, a quien aprendieron
a querer a través de la tradición oral de sus
mayores, en las páginas de la historia, y en los retratos
donde, mirando de frente y a los ojos, Camilo desnuda toda
la ternura y sencillez que tipifica al verdadero hombre de
pueblo.
(Tomado de www.tvyumuri.co.cu)
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