| El
rol del hombre y el rol de la mujer

Es imposible ignorar la importancia
del rol de la mujer como madre, pero ello no implica que
no pueda ocupar su lugar como miembro pleno en la sociedad.
(Tomada de www.juventurebelde.cu) |
La violencia es uno de los fenómenos
más extendidos actualmente en el planeta y no sólo
está vinculado a situaciones de abierto conflicto.
En nuestra vida cotidiana se hace tan común, que se
naturaliza.
Reconocer que la violencia se da en múltiples
formas, grados y ocurre en cualquier medio social, es fundamental
para visibilizarla. Por eso, la mujer acepta, todavía
hoy, su posición de subordinada como algo natural.
En muchos países se le observa todavía
como objeto decorativo, al matrimonio como su carrera y al
nivel cultural que pueda alcanzar, como un adorno más.
Como objeto sexual cumple la misión de satisfacer al
esposo y tiene además la tarea de cuidar y educar a
sus hijos. Mujer = buena madre, buena esposa, fidelidad, heterosexualidad,
monogamia.
Lo que nos dice que la sexualidad no se
vive igual para el hombre y la mujer.
El está educado para el placer, para dominar y controlar
ejerciendo su poder de ser hombre. A ella se le niega la necesidad
humana del placer, se le marcan pautas, se le imponen normas
morales que se aprueban o desaprueban según los criterios
sociales aprendidos, y que se ajustan al modelo social aceptado.
No obstante la incorporación de las
mujeres a la esfera productiva, se mantiene su condición
como agentes reproductores y dependientes de los hombres (desde
lo real y lo simbólico), pese a los cambios existentes
en los patrones sociales.
Dentro del condicionamiento social que reciben las mujeres,
señalamos como un importante presupuesto la creencia
acerca de que la esfera de mayor autorrealización de
la mujer es la “familia” y su sueño, ser
madre.
A su vez, esa autorrealización está sustentada
sobre la base de lo que recibimos socialmente; en la familia,
la escuela, el trabajo, los medios de comunicación,
donde a pesar de muchos esfuerzos se continúan estereotipando
los roles, que implican la subordinación de la mujer
al hombre.
Este es, también, uno de los ejes
fundamentales de la violencia de género.
Los hombres no están exentos. El rol del hombre o el
supermacho, al cual no sólo le es permitido tener aventuras
sino que se le exige, al igual que el deber de mantener bajo
cualquier precio el bienestar familiar y la economía
que le corresponde, no hacen que la vida del hombre sea más
fácil. Al contrario, el extendido estereotipo de macho
de éxito, recarga al individuo con necesidades que
no corresponden y que le hacen asumir actitudes que, tal vez,
ni siquiera le correspondan.
La invulnerabilidad, la dureza, la infalibilidad,
son solo algunos de los aspectos de la imagen que se demandan.
No es raro que bajo la coraza se esconda indefensión
e inseguridad. Algunos explican que deben complacer a su mujer
porque “para eso es que ellos están en la calle”.
El rol les acecha y les carcome. Ser padre de familia les
responsabiliza casi a la altura de un dios que no debe ni
puede equivocarse, que debe conseguir lo que se propone de
cualquier forma.
Los estereotipos (mayormente irreales y
transmitidos por una cultura de masas donde se idealizan los
rasgos del superhéroe o la belleza supraterrenal) no
hacen más que recargar de falsos temores e ideales
a los hombres que se olvidan que son simplemente eso: hombres.
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