| Perfil
del maltratador

Generalmente, el maltratador desahoga
su inseguridad y una baja autoestima en su mujer.
(Tomada de www.radio26.co.cu) |
La violencia engendra maltrato. Una persona
que la ejerce con frecuencia puede catalogarse de maltratador.
Los maltratadores suelen provenir de hogares
violentos, en los que han visto maltratar, y en los que se
les ha maltratado. Estas personas pueden padecer trastornos
psicológicos y, muchos de ellos, utilizan sustancias,
como el alcohol, que ayudan a potenciar su agresividad. Tienen
un perfil determinado de inmadurez, dependencia afectiva e
inseguridad; son emocionalmente inestables, impacientes e
impulsivos.
Los maltratadores trasladan habitualmente
la agresividad que han acumulado en otros ámbitos hacia
sus mujeres. Además, consideran a la mujer como algo
de su propiedad. Dentro de su patología, está
el arrepentimiento frecuente, y la mujer malinterpreta este
arrepentimiento, que sólo es temporal, hasta el próximo
golpe.
El abusador tiende a ser una persona aislada,
no se relaciona mucho con otros, es celoso hasta de su propia
sombra, tiene baja autoestima. Esta es una característica
que siempre tiene, una autoestima a raíz del suelo,
que le ocasiona frustración y la frustración
trae violencia.
Además, tiene unas expectativas rígidas
de su rol sexual como hombre. Este es el típico macho.
Y el machismo lo que está tapando, es un complejo de
inferioridad, la baja autoestima. Por eso trata de aparentar
lo que no es. Generalmente los abusadores que golpean, que
hieren, presentan un lado suave. Hay muchos muy educados,
hasta religiosos.
Algunos expertos afirman que “el niño
interno” herido de una persona le puede llevar a comportarse
violenta y cruelmente. La persona no asume la responsabilidad
por sus actos porque piensa que los culpables son los demás.
En el caso de la esposa maltratada por ejemplo, el hombre
violento la responsabiliza a ella por sus propias acciones.
A veces la violencia del abusador oculta
el miedo o la inseguridad, el terror que sintió de
niño ante un padre abusivo que lo golpeaba con frecuencia.
Al llegar a ser un adulto prefiere adoptar la personalidad
del padre abusador a sentirse débil y asustado.
En otros casos, los comportamientos ofensivos
son la consecuencia de una niñez demasiado permisiva
durante la cual los padres complacieron al niño en
todo. Esto lleva al niño a creerse superior al llegar
a ser un adulto y a pensar que él está por encima
de la ley. O sea, que puede hacer lo que quiera y abusar de
quien quiera. Piensa que se merece un trato especial, mejor
que el que se les da a los demás.
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