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El cine y la radio
¿Cuándo llegaron a Cuba?
(II Parte)
Por IWC

En 1897 llegó el cine a Cuba
y en ese mismo año se filmó la primera película.
(Tomada de Enciclopedia de Cine) |
El cine
El 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumière presentaban
al público la primera exhibición de un invento
trascendental: el cinematógrafo. Su repercusión
en el mundo fue rápida y los empresarios no tardaron
en comenzar a explotar la nueva mina del entretenimiento.
Varios concesionarios improvisaron de la noche a la mañana
aparatos de proyección y comenzaron a dispersarlos
por todos los confines del mundo.
Al hacer un primer reparto de concesiones
exclusivas, los hermanos Lumière no dejaron al margen
a nuestro país. Así que un francés, de
nombre Gabriel Veyré, se trajo un cinematógrafo
a la Isla, el año 1897, esperando obtener jugosas ganancias.
En un local largo y estrecho que por aquel
entonces llevaba el número 126, del habanero Paseo
del Prado, se estableció monsieur Veyré
y se las arregló para introducir a 80 personas en aquel
sitio incómodo y caluroso, en funciones de 30 minutos
de duración.
El primer día de proyección, luego de diez tandas
ofrecidas, pasó alrededor de un millar de espectadores,
lo cual representó la suma de unos nada desdeñables
400 pesos. El hombre, motivado por su éxito, no tardó
en filmar la primera película made in Cuba. El 7 de
febrero de 1897, dos semanas exactas después de la
primera función de cine en la Isla, el señor
Veyré captó una maniobra del Cuerpo de Bomberos
aledaño a su local de proyección y allí,
en un exiguo minuto de grabación, plasmó a los
“flamantes” apagafuegos en una película
que se títuló “Simulacro de incendio”
y que hizo que se disparasen sus ganancias, pues se cuenta
que no pocos espectadores entraban a la calurosa sala —para
verse reflejados descubrir a algún conocido—,
incluso más de dos veces.

La mayoría de los receptores
eran de galena.
(Foto: Archivo) |
La radio
Oficialmente se fija el 10 de octubre de 1922 como el día
de la primera emisión radiofónica cubana. El
por entonces presidente de la República, Alfredo Zayas,
lanzó al aire un “achicharronado” mensaje
hacia los Estados Unidos desde la emisora de la Cuban Telephone
Company.
Para los últimos años de la
Primera Guerra Mundial se habían llevado a cabo en
nuestro país algunos experimentos radiofónicos.
La crónica de época nos ha conservado el nombre
de algunos de los pioneros de la radiofonía cubana,
especialmente de aquellos que, años más tarde,
cuando la afición fue convirtiéndose en negocio,
comercializaron su esfuerzo. Entre ellos figuran los hermanos
Salas y Humberto Giquel.

La radiomanía inundó
las habitaciones de los habaneros.
(Foto: Archivo) |
Pero como hemos dicho anteriormente, la
fecha oficial de la inauguración de la radio en Cuba
se sitúa el 10 de octubre de 1922, a través
de la planta PWX, instalada por la Cuban Telephone Company
en el segundo piso que entonces tenía la empresa en
la calle Dragones esquina a Águila.
Con vistas a asegurarse cierta audiencia,
la Compañía de Teléfonos hizo una distribución
previa de entre 40 ó 50 radiorreceptores entre sus
empleados y altos funcionarios del gobierno cubano. Se aseguraban
así la mejor de las promociones, la del “boca
en boca”, que haría muy pronto indispensable
la adquisición de un aparato semejante (o la construcción
novedosa por el ingenio cubano) para las casas de la Isla.
Aquella primera experiencia comenzó
con la interpretación del Himno
Nacional y luego se oyó al presidente Alfredo Zayas,
desde su despacho presidencial, conectado a través
de un hilo telefónico a un micrófono en su mesa.
Pudiera reseñarse esto como el primer control remoto
de la historia de la radio nacional. Cuando el flamante Presidente
terminó su discursillo, tomó la palabra el que,
pudiera considerarse pionero de los locutores cubanos, Raúl
Pérez Falcón, quien presentó los números
que integraban el programa.
La emisora, que era la más potente
con la cual había contado el país hasta entonces,
disponía de una torre de 161 pies sobre el nivel de
la calle. Y cuál no sería la sorpresa cuando,
semanas más tarde, la Revista Telefónica, daba
a conocer una carta recibida nada menos que desde ¡Terranova!,
donde les informaban que los radiorreceptores de aquella septentrional
isla habían captado la emisión inicial de nuestra
radio.
Artilugio o no, lo cierto fue que
¡apretaron!
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