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Cinco décadas de decir ¡Cuba va!
Por Alicia
Centelles

(Foto: Richard) |
Cincuenta años es, según se
mire, poco tiempo o mucho tiempo; pero como quiera que se
considere, es la mitad de un siglo; o para decirlo de otro
modo, 18 250 días. Y ese es precisamente el tiempo
que la Revolución Cubana lleva batallando por sostener
un modelo social radicalmente opuesto al imperante en el mundo.
Desde que el Primero de Enero de 1959 el
pueblo cubano tomó las riendas de su propio destino,
asumió el difícil reto de desarrollar un proyecto
social en el que todos tuvieran las mismas oportunidades,
en el que la Isla dejara de ser el patio trasero de los insaciables
monopolios norteamericanos y el patrimonio personal de sucesivos
desgobiernos para los que el lucro personal y el entreguismo
eran las únicas “metas”.
Claro que no ha sido nada fácil:
hemos tenido un Girón, hemos llorado —con coraje,
eso sí— a las víctimas de numerosos sabotajes,
desarrollamos una inmensa Campaña de Alfabetización
y sufrimos día tras día los efectos de un bloqueo,
que, no obstante ser repudiado en cada votación de
Naciones Unidas por un número mayor de países,
es mantenido por un gobierno arrogante que no puede perdonar
que ante sus propias narices, haya quien desafíe su
poderío.
Y en todas esas batallas diarias para mantener
la independencia y la soberanía tan duramente conquistadas
por quienes fueron reales continuadores de las generaciones
que se levantaron en armas en el siglo XIX, siempre ha estado
presente la juventud, con su entusiasmo, su arrojo y su ímpetu
renovador.
Involucrados desde el principio en
la construcción de la nueva sociedad, los jóvenes
cubanos han mantenido cotidianamente su actitud de combate,
su decisión de vencer las dificultades, su postura
inclaudicable en la defensa de la Patria. Ya sea como trabajadores
sociales o instructores de arte; desde las aulas de un tecnológico,
un preuniversitario o del Curso de Superación Integral
para Jóvenes; desde un surco o una fábrica,
su quehacer se desarrolla con el mismo aliento que animó
a sus predecesores: ¡Cuba va!
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