| Violencia
audiovisual
Electroshock a domicilio
Golpes, insultos, violaciones y asesinatos asaltan
cada día los medios audiovisuales del mundo entero
y devienen sobremesa ideal en las jornadas de trabajo o estudio
de los jóvenes. ¿Tiene razón de ser la
violencia en los medios? ¿Puede ser inofensiva la agresividad
tras el cristal de la TV cubana?
Por Pavel
López
Todo comienza una tarde apacible al sentarnos
frente a la oscura pantalla de la televisión y ver
aparecer, como por arte de magia, las primeras luces en el
equipo. El maratón arranca con la “ingenua”
zurra que se propinan el gato Tom y el ratón Jerry.
Hacia las 8 p.m. nos actualizamos con la emisión estelar
del Noticiero y las imágenes recientes de la barbarie
en Irak, el conflicto israelo-palestino o las víctimas
de algún terremoto.
La avalancha de series que ha proliferado
en los últimos años posibilita que nos deleitemos
horas más tarde con historias de asesinos múltiples,
quienes descuartizan de manera antojadiza a sus presas. Pocos
minutos antes de la madrugada suele sobrevenir el “plato
fuerte”: llega su turno a los secuestros y violaciones,
aderezados por colisiones de carros, voladuras de cabezas
y unos 300 litros de sangre.
Y nada, usted está listo tras esta
sacudida de neuronas para retirarse a descansar “pacíficamente”.
¿Son violentos los medios de comunicación
cubanos?
No creo que tal interrogante desate comentarios
diversos. Lo que ahora mismo agita las más agudas polémicas
es hasta qué punto ese caótico coctel audiovisual
es capaz de movilizar nuestro lado más oscuro.
Basta preguntar en la calle para que afloren
criterios variopintos: por un lado están los defensores
a ultranza de los programas con altas dosis de agresividad,
como fórmula para aliviar las tensiones acumuladas
durante el día. En el otro extremo los moralistas acérrimos,
convencidos de que ver un crimen en la pantalla, despertará
en el espectador el deseo de estrangular el primer transeúnte
que se cruce en su camino.
Veamos qué dicen los expertos.

"Apocalypto", el más
reciente engendro de Mel Gibson. La violencia
disfrazada de rigor histórico.
(Foto: Archivo) |
Entretenimiento con
escopeta
La violencia en los medios dista de ser un tema frente al
cual los especialistas se muestren indiferentes. El éxito
de este tipo de propuestas en las televisoras de todo el mundo,
ha sido el germen de múltiples investigaciones con
enfoques fundamentalmente alarmistas ante tan importante asunto.
Según el húngaro George Gerbner
(1) (1919-2005), teórico del campo de la comunicación,
esta violencia, que no siempre es física, sino también
verbal o psicológica, queda todo el tiempo impune ante
nuestros ojos. Cada vez aparece más desdramatizada,
es decir, tratada con matices humorísticos, paródicos
o edulcorados, a la vez que se muestra como algo inevitable,
pues los protagonistas de los seriales y filmes televisivos
recurren a ella como única vía para resolver
sus problemas.
Cabría preguntarse si algún
joven, una vez constatada la destreza de Steven Seagal y Jean
Claude Van Damme para despedazar a sus enemigos, podría
pensar en el diálogo inteligente a la hora de resolver
las diferencias con el prójimo.
Por otra parte, diversos analistas han profundizado
en las implicaciones psicológicas del fenómeno
(2) y subrayan los efectos de la exposición al medio
en sí, independientemente de sus contenidos. Según
sus estudios, la pasividad, el aislamiento y el talante rutinario
del consumo de la televisión, limitan en extremo el
protagonismo social de los seres humanos. Sin embargo, las
consecuencias de estos mensajes no son tan directos como podríamos
sospechar.
El efecto en los espectadores varía
según sus personalidades y el período de exposición
al torrencial de imágenes; existen, obviamente, receptores
más propensos a incorporar dichos patrones, ya sea
por cuestiones sociales, familiares o sociales.

Martin Scorsese y Quentin Tarantino:
maestros a la hora de convertir la violencia en obra de
arte.
(Foto: Archivo) |
No es tan fiero el
león…
Llegados a este punto aflorará en nuestra mente una
clara solución: eliminar la violencia de los medios.
Ante ella de seguro aparecerán enemigos acalorados,
y no en balde. Nos enfrentamos a un hecho que no podemos evadir:
la violencia es sumamente entretenida. Ese es su principal
peligro.
Por otro lado, existe un factor ineludible:
la violencia es parte intrínseca de nuestro día
a día. Habita el mapa social en que nos movemos. Excluirla
de las pantallas podría redundar en un reflejo idealizado
del mundo en que vivimos, justo cuando se demanda de la programación
televisiva la verosimilitud y el apego fidedigno a la realidad.
Tales aseveraciones nos llevarán
a la conclusión de que cierta violencia no solo es
inofensiva, sino también necesaria, para lograr que
el público se construya una imagen auténtica
del espacio que habita.
¿Cómo encontrar la perla entre
la hojarasca? La legitimidad en su plasmación dependerá
de los presupuestos estéticos y éticos de los
realizadores. La historia del cine cuenta con múltiples
ejemplos de artistas que la convirtieron en materia prima
fundamental dentro de sus argumentos de manera efectiva: piénsese
en Akira Kurosawa con sus filmes de samurais, Martin Scorsese
y su retrato de la violencia urbana estadounidense y, más
cercano en el tiempo, el polémico Quentin Tarantino,
autor de las exitosas “Pulp fiction” y “Kill
Bill Vol. 1 y 2”.
Lo perjudicial será el consumo acrítico
de aquellos espacios que convierten la violencia en espectáculo
vacío, cuyo único propósito es acelerar
la adrenalina del público. Algunos de ellos no escasean
en nuestras pantallas, pese a los objetivos educativos de
la televisión cubana.
A esto sumemos la incidencia de otros soportes
como el video o el DVD, que mal empleados, terminan poniendo
en el público juvenil un torrencial de imágenes
de mal gusto, sin mayores pretensiones que dejar sus cerebros
en blanco por unas cuantas horas.
El consumo exclusivo de este tipo de programas
condiciona que, a la larga, los jóvenes subvaloren
cualquier opción que se desvíe de los patrones
del cine de “patadas y piñazos”.

¿Será el exceso de
adrenalina un medio eficaz para el entretenimiento?
(Foto: Archivo) |
Tenemos que aprender a reconocer cuándo
nos venden “gato por liebre” para no deslumbrarnos
ante películas como “Apocalypto”, en la
que Mel Gibson confunde rigor histórico con el despliegue
de imágenes de extrema morbosidad del tipo “indios
sentados en el piso comiéndose unos testículos
de jabalí” o “cabezas rodando como toronjas
desde lo alto de las pirámides mayas”.
Tampoco podemos taparnos los ojos y evadir
el contacto con aquello que creemos perjudicial, sino que
debemos incorporar las herramientas para poder disfrutar inteligentemente
de todo lo que pase por nuestra atenta mirada. Para ello,
los responsables de la TV y restantes medios audiovisuales
deben diversificar cada vez más sus propuestas y, en
especial, saber cultivar el espíritu reflexivo de los
televidentes.
La solución estará en ensanchar
nuestros horizontes, leer, ver todo tipo de cine, descubrir
el mundo, para al final tener un escudo con el cual protegernos
de esa arma que, desde la pantalla, nos apunta directamente
a la frente.
Notas:
(1) George Gerbner, citado en el dossier
“La violencia en los medios de comunicación”,
publicado en Internet por la Asociación de Usuarios
de la Comunicación (AUC).
(2) Martín Serrano, M y Velarde Hermina, O. “Informe
Juventud en España”. Instituto de la juventud,
Madrid, 1996.
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