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En el Plan Turquino
Les entrego el corazón a mis
alumnos
Por Yainerys Ávila

Para Germán el mejor premio
es el cariño de sus alumnos.
(Foto: Vicente Brito) |
Llegar a La Gloria, una comunidad de difícil
acceso en el Plan
Turquino en Sancti
Spíritus, donde habita Germán Alexis Rodríguez
Guerra, acreedor el pasado año del premio Los zapaticos
de rosa, era un viaje complicado, mas no imposible. Tras mi
arribo, la conversación surgió espontánea,
mientras sus 11 alumnos hacían los deberes.
Las manos diestras trazan rasgos en el pizarrón.
Aquí, un ejercicio para los pequeñines de tercer
grado; allá, otro para los de quinto; acullá,
una ecuación para ejercitar a los de sexto grado.
Amén de la asignatura que imparte,
Germán nunca descuida la ortografía y constantemente
utiliza los medios de enseñanza que ha diseñado
para sus estudiantes, además del televisor y el video.
“Me gradué en 1987 y recibí
la ubicación en una escuela multigrado del municipio
de Jatibonico. Tras nueve años de labor me trasladaron
a esta escuela primaria, la José María Padrón.
“Siempre soñé con ser
maestro. Desde pequeño aprendí de mis educadores
el amor a la profesión. Gracias a ellos creció
mi vocación por el magisterio”.
SJ: ¿Qué importancia
les atribuyes a los maestros primarios?
“Esta es la etapa más difícil
para los alumnos. Hay que tener mucho cuidado, pues de lo
que aprenden ahora depende el futuro de los niños.
Para el maestro multigrado la experiencia es más compleja
todavía, porque se trabaja con varias materias y para
lograr un buen desempeño se requieren horas extra de
estudio”.
SJ: ¿Cómo te las ingenias
para impartir clases a alumnos de tres grados diferentes?
“Al principio es trabajoso, pero con
mucha paciencia y preparación adquieres destreza y
aprendes a conocer a cada niño. Además, en este
tipo de escuela, si percibes que algún alumno presenta
dificultad, puedes corregirla de forma individualizada, pues
los grupos suelen ser más pequeños que en otros
casos”.
SJ: ¿Qué medios empleas
en el aula?
“La obra de José
Martí, en primer lugar, y de nuestros pedagogos, como
Raúl Ferrer. También aprovecho trabalenguas,
canciones y refranes, que me permitan vincular una materia
con otra para que ellos se sientan motivados. A veces me sorprende
la medianoche copiando páginas de algún libro
que no tienen en la pequeña biblioteca que he creado
poco a poco, para que puedan leerlo”.
SJ: Sabemos que atesoras diversos
reconocimientos, como el Sello Educador Ejemplar, la condición
de Vanguardia Nacional dentro de tu sindicato, Guía
Reparador de Sueños durante 15 años consecutivos
y delegado al VI Congreso de la Organización de
Pioneros José Martí. ¿Estás conforme?
“El mayor premio que he recibido en
mi vida es el cariño de los niños. A ellos les
entrego mi corazón. Pero mi orgullo es haber participado
en la cita de los pioneros, representar a los niños
de las zonas rurales y plantear sus inquietudes”.
SJ: ¿Y el premio Los zapaticos
de rosa, otorgado por la organización pioneril?
“Ese es el más grande reconocimiento
que un maestro puede recibir. Lo recordaré toda mi
vida. De los miles de educadores que tiene la Isla, 13 obtuvimos
tan alta distinción, y de esa ínfima cifra,
solo dos pertenecíamos a escuelas del Plan Turquino.
Imagínate cómo me siento”.
SJ: ¿Qué experimentarás
cuando ya no puedas estar en el aula?
“Ojalá que ese día se
demore mucho. Sentiré nostalgia de esta pizarra, de
las tizas, del bullicio de los niños. Pero sobre todo,
de sus preguntas y sus observaciones. Cada alumno te hace
sentir vivo, necesario. Cuando termina el día yo siempre
estoy insatisfecho, pienso que les pude enseñar más,
que cada día que pasa es uno menos que te queda con
ellos”.
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