La revista digital de los jóvenes cubanos.
Botón sección.

Logo del XI Congreso de la FEEM.

Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

IX Congreso de la UJC
Logotipo del IX Congreso de la UJC.


¿Se acabaron los oficios en Cuba?

Vivir en el pueblo y no ver las casas

Por IWC

Alumna de la escuela  de Oficios Gaspar Melchor de Jovellanos,  La Habana Vieja.
Los oficios, y su correcto aprendizaje, garantizan trabajadores capacitados en actividades laborales deficitarias hoy en nuestra nación.
(Foto: Wildy)

La voz parece ser unánime: desaparecen los oficios en Cuba. Atrás quedan los tiempos cuando ser carpintero, zapatero, plomero o costurera era una vía decorosa para ganar el sustento.

Desde hacía un tiempo se veía venir: quienes practicaban algunos de estos trabajos eran personas de avanzada edad, mientras el relevo era cada vez más exiguo. El barbero, la secretaria, el soldador, no tenían reemplazo seguro.

La revolución de los obreros dejaba de contar en buena medida con ellos. Nadie quería serlo, todos, como es lógico, soñábamos con ser ingenieros, médicos, licenciados o cosmonautas. Solo pocos elegían, no solo por el título, sino por el evidente estatus social y las ganancias asociadas (algo que en estos días se ha invertido sobremanera), ser panadero, peluquera o maquillista.

Entonces llegó el tiro de gracia. El período especial limitó los materiales necesarios para cualquier reparación. Los inmuebles se deterioraron, los planes de estudio sencillamente se adecuaban a los materiales y herramientas existentes (o debería decirse inexistentes), un letargo del cual, aun en la actualidad, la enseñanza de este tipo no se recupera.

Una concepción errónea
“Las escuelas de Oficios son solo para ‹elementos”, “muchachos sin futuro”, “delincuentes”, “carne de presidio”, calificativos todos que desprecian superlativamente la labor que se realiza en estos centros y a todos aquellos que cursan enseñanzas en ellos.

La marginación comienza por un calificativo y se convierte en conducta y estereotipo. Nadie es desechable. Es cierto que en las escuelas de Oficios muchos de sus estudiantes provienen de familias con problemas sociales y enfrentan situaciones económicas difíciles, pero ello no es medida para catalogarles como carga o lacra de una sociedad que se esfuerza por ser justa en la medida humana.

Todos los que allí estudian, más allá de los prejuicios con los cuales les intentan etiquetar, muestran las mismas aspiraciones de cada uno de los seres de este mundo: son personas necesitadas de apoyo, afecto y muchas aspiraciones; seres humanos que intentan encontrar un camino y darle sentido a su existencia.

En esos espacios de aprendizaje y nobleza evidente; espacios, por demás, desgastados por los años más duros de nuestras carencias, resalta la necesidad de que el país haga un alto, y en su filosofía abarcadora de todos los dilemas y todas las salvaciones, privilegie el apoyo financiero y material a los talleres de los cuales salen quienes, con el trabajo manual, ayuden a las instituciones y las familias a resolver roturas y problemas del día a día, que tanto complican la existencia o provocan lamentables derroches.

Lo obvio
La sociedad necesita tanto de un profesional, como de un albañil, un plomero, una costurera o una secretaria. Cada uno resulta necesario para emprender la cotidiana maquinaria, en cada centro laboral.

Sin embargo, a pesar de que el país cuenta con más de 130 escuelas de oficios, se ha deteriorado la enseñanza en los últimos años, y, como consecuencia, aumenta la carencia de personas que asumen con calidad tales labores, que se hacen más deficitarias en nuestro país.

Kenelma Carvajal, viceministra de Educación que atiende la Enseñanza Técnica y Profesional, consideró decisivo el apoyo de las direcciones de los gobiernos en cada municipio con la escuela subordinada a ese territorio.

“Estamos repasando los planes de estudio de las distintas especialidades, en un trabajo comprometido con los organismos, con los especialistas y esto, por supuesto, es también gradual ya que los cambios que se puedan hacer responden al resultado de esas investigaciones.

“Además, estamos contabilizando las necesidades de equipamiento de esos centros para garantizar la formación correcta, apropiada de las habilidades de los estudiantes, con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, se analiza también una dificultad planteada por los educandos: algunos calificadores de cargo, para poder ejercer una vez graduados los jóvenes, son superiores a la exigencia del nivel escolar al que obtiene el estudiante en la escuela.”*

El reclamo del estudiantado se hizo latente el pasado XI Congreso de su organización, cuando se preocuparon por la falta de condiciones en las escuelas, reclamaron los materiales necesarios para formarse en sus especialidades y pidieron que el personal docente fuera más calificado y se completara en todos los planteles.

Muchos hablaron de las deficiencias relacionadas con los tutores que les son asignados en las empresas durante las prácticas de producción y del contenido de trabajo, el cual, a veces, no se corresponde con el oficio estudiado.

Plantearon, además, que a pesar de cumplir jornadas laborales como cualquier trabajador, en algunos casos no tienen garantizadas condiciones básicas como el almuerzo y los implementos de seguridad.

Solo con actitud no se construyen sillas
Los talleres polivalentes son el corazón de esta enseñanza. En la mayoría de las escuelas el estudiantado tiene a su alcance instrumentos mínimos, logrados por lo general a través de algunas de las empresas en las cuales ellos se insertan. En carpintería, por solo citar un ejemplo, no se dispone de las máquinas necesarias. Mucho de lo que existe es resultado de gestiones propias, de la ayuda de padres y profesores.

La situación no es fácil. En la mayoría de estos centros, para hacer algo en el taller, deben agenciarse los materiales por cuenta propia. Una estudiante al preguntarle qué le gustaría tener en el local de costura, pidió ¡una máquina de coser! Pues no les era fácil hacerlo todo a mano...

Los profesores, el claustro que mayor estabilidad presenta en todas las enseñanzas, afirman que las escuela están bien atendidas desde el punto de vista metodológico, pero que debería haber un poco más de vigilancia en cuanto a los materiales para los talleres.

Nadie olvida que la enseñanza técnica y profesional es la más costosa en cualquier parte del mundo, porque los talleres no solo enseñan, también están concebidos como una vía de producción que demanda materia prima, algo que a nuestro país, en las circunstancias actuales, se le hace difícil.

Por lo tanto es evidente que además del apoyo que pueda brindar el Ministerio de Educación, es de vital importancia el que puedan brindar las empresas. Debe generalizarse la conciencia de que todos los que egresan de las escuelas de Oficios lo hacen para cumplir una función que la sociedad está necesitando

La enseñanza
Las escuelas de Oficios fueron creadas para formar jóvenes como obreros calificados en alguna labor útil a la economía del territorio donde están ubicadas, según establece el Decreto No. 151/89 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Hoy el país cuenta con 135 centros de este tipo, donde estudian 8 159 alumnos cuyas edades están generalmente comprendidas entre los 13 y los 17 años.

Quienes matriculan provienen de las enseñanzas primaria, especial, preuniversitaria y politécnica. La gran mayoría (5 429) procede de las secundarias básicas y de escuelas de conducta, con edades entre 15 y 16 años, según un informe estadístico del Ministerio de Educación.

Las escuelas de Oficios contemplan tres planes de estudio, los cuales permiten brindar una atención individualizada a los alumnos, en dependencia de la edad y el grado de escolarización con que ingresan al centro.

Los programas docentes incluyen asignaturas básicas como Matemática, Español e Historia, y otras técnicas que responden a los diversos oficios a estudiar. Las escuelas suelen contar con talleres de Carpintería, Ajuste, Corte y Costura, Albañilería y Electricidad.

Estas áreas están concebidas para que el estudiante adquiera habilidades que le permitan insertarse a las prácticas laborales con un dominio mínimo de lo que debe hacer en el centro de trabajo donde lo sitúe la escuela.

El proceso de ubicación para las prácticas es congeniado entre el alumno y el profesor guía, en dependencia de la disponibilidad de plazas, la necesidad real de oficios en el territorio y las aspiraciones del estudiante. Es el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social la institución que garantiza una ubicación laboral definitiva en de acuerdo con las demandas de cada territorio y la disponibilidad de los egresados.

¿Entonces quién?
La población argumenta que quienes hacen trabajos manuales parecen haberse extinguido, y esa es una percepción que se corrobora con los precios exorbitantes que se piden por los arreglos más sencillos. Muchas personas sugieren que podrían crearse pequeñas cooperativas de servicios con las cuales resolver diversas necesidades domésticas. Dichos centros serían un destino no menos importante para los jóvenes que han aprendido los múltiples secretos de las artes manuales.

Hay que añadir que el inicio de los cursos emergentes y de superación integral para jóvenes absorbió a gran parte de los muchachos que estaban desfasados o desvinculados del estudio. Estos programas constituyeron una vía para alcanzar el 12º grado y llegar a la universidad, posibilidad que actualmente no tienen las Escuelas de Oficios.

Hoy existe un debate a nivel nacional, liderado por el Presidente Raúl Castro, para impulsar la productividad, los servicios y los trabajos manuales. Sin embargo, se carece de obreros calificados. No resulta fácil encontrar un albañil o plomero, oficios que se forman precisamente en esos centros.

Hay que rescatar con urgencia los oficios. No solo basta con el apoyo material tan necesario en estos momentos, sino también revertir el modo de pensar de quienes afirman que en las escuelas de oficio solo estudian jóvenes “prescindibles”, lacra de la sociedad. ¿Qué pensarán esos cuando no tengan una silla donde sentarse, una tubería que no le fluya el agua, una reja que necesite ser soldada, un pan que llevarse a la boca o un techo que levantar…? ¿Quiénes serán entonces los “prescindibles”?

* Conferencia de prensa por el inicio del curso escolar 2008 – 2009 efectuada en el MINED.

La primera escuela de Artes y Oficios del continente americano

Instituto Politécnico de Informática Fernando Aguado y Rico, Ciudad de La Habana.
Instituto Politécnico de Informática Fernando Aguado y Rico.
(Tomada de www.rimed.cu)

Sí, la primera escuela de Oficios en el continente se inauguró en Cuba en 1882 y es el actual Instituto Politécnico de Informática Fernando Aguado y Rico, del municipio capitalino de Centro Habana.

Carlos de la Torre y Huertas, Joaquín L. Jacobsen, Manuel Úbeda y Fidel Miró, el 30 de abril de 1882, junto a Fernando Aguado y Rico fundaron esta institución.

Fue un gesto altruista, pues, durante cinco años trabajaron sin recibir salario y ofrecieron de manera permanente estudios gratuitos a los ingresados, que en su mayoría procedían de familias muy humildes, la mayoría hijos de esclavos o libertos.

Ya desde aquella época se tienen noticias de reticencias y desprecio hacia los graduados de esta enseñanza. La primera data de 1915, cuando comienza a reinar la preocupación entre los educandos del plantel, pues la burguesía manifestaba aversión por sus graduados, a raíz de la creación de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de La Habana.

Desde entonces, sus estudiantes comprendieron el desprecio que inspiraba la institución y en 1918 integraron un movimiento de unidad que se consolidó con el surgimiento de la Federación de Alumnos de Artes y Oficios.

El 20 de mayo de 1928 el plantel fue considerado como la primera Escuela Tecnológica de Artes y Oficios de La Habana, y oficialmente adoptó el nombre de Fernando Aguado y Rico, en honor a su fundador. Ese mismo año, en una medida de evidente carácter clasista, profesores y alumnos de la Universidad de La Habana se opusieron a que el centro emitiera títulos de Ingeniería, y de la misma forma se proyectó la Asociación Cubana de Ingenieros.

El descrédito y el desdén se hacían latentes más allá de los títulos o los diplomas; sentimiento que, por demás, se ha arraigado equivocadamente hasta la actualidad.

 

Subir
Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles,
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,
Casa Editora Abril, 2008
Fecha actualización.
 
Portada de la edición impresa de la revista Somos Jóvenes de  enero /2009.
Edición de papel
Relación de otros sitios pertenecientes a publicaciones de la Casa Editora Abril.