| ¿Se
acabaron los oficios en Cuba?
Vivir en el pueblo y no ver las casas
Por IWC

Los oficios, y su correcto aprendizaje,
garantizan trabajadores capacitados en actividades laborales
deficitarias hoy en nuestra nación.
(Foto: Wildy)
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La voz parece ser unánime: desaparecen
los oficios en Cuba. Atrás quedan los tiempos cuando
ser carpintero, zapatero, plomero o costurera era una vía
decorosa para ganar el sustento.
Desde hacía un tiempo se veía
venir: quienes practicaban algunos de estos trabajos eran
personas de avanzada edad, mientras el relevo era cada vez
más exiguo. El barbero, la secretaria, el soldador,
no tenían reemplazo seguro.
La revolución de los
obreros dejaba de contar en buena medida con ellos. Nadie
quería serlo, todos, como es lógico, soñábamos
con ser ingenieros, médicos, licenciados o cosmonautas.
Solo pocos elegían, no solo por el título, sino
por el evidente estatus social y las ganancias asociadas (algo
que en estos días se ha invertido sobremanera), ser
panadero, peluquera o maquillista.
Entonces llegó el tiro de gracia.
El período especial limitó los materiales necesarios
para cualquier reparación. Los inmuebles se deterioraron,
los planes de estudio sencillamente se adecuaban a los materiales
y herramientas existentes (o debería decirse inexistentes),
un letargo del cual, aun en la actualidad, la enseñanza
de este tipo no se recupera.
Una concepción errónea
“Las escuelas de Oficios son solo para ‹elementos”,
“muchachos sin futuro”, “delincuentes”,
“carne de presidio”, calificativos todos que desprecian
superlativamente la labor que se realiza en estos centros
y a todos aquellos que cursan enseñanzas en ellos.
La marginación comienza por un calificativo
y se convierte en conducta y estereotipo. Nadie es desechable.
Es cierto que en las escuelas de Oficios muchos de sus estudiantes
provienen de familias con problemas sociales y enfrentan situaciones
económicas difíciles, pero ello no es medida
para catalogarles como carga o lacra de una sociedad que se
esfuerza por ser justa en la medida humana.
Todos los que allí estudian, más
allá de los prejuicios con los cuales les intentan
etiquetar, muestran las mismas aspiraciones de cada uno de
los seres de este mundo: son personas necesitadas de apoyo,
afecto y muchas aspiraciones; seres humanos que intentan encontrar
un camino y darle sentido a su existencia.
En esos espacios de aprendizaje y nobleza evidente; espacios,
por demás, desgastados por los años más
duros de nuestras carencias, resalta la necesidad de que el
país haga un alto, y en su filosofía abarcadora
de todos los dilemas y todas las salvaciones, privilegie el
apoyo financiero y material a los talleres de los cuales salen
quienes, con el trabajo manual, ayuden a las instituciones
y las familias a resolver roturas y problemas del día
a día, que tanto complican la existencia o provocan
lamentables derroches.
Lo obvio
La sociedad necesita tanto de un profesional, como de un albañil,
un plomero, una costurera o una secretaria. Cada uno resulta
necesario para emprender la cotidiana maquinaria, en cada
centro laboral.
Sin embargo, a pesar de que el país cuenta con más
de 130 escuelas de oficios, se ha deteriorado la enseñanza
en los últimos años, y, como consecuencia, aumenta
la carencia de personas que asumen con calidad tales labores,
que se hacen más deficitarias en nuestro país.
Kenelma Carvajal, viceministra de Educación que atiende
la Enseñanza Técnica y Profesional, consideró
decisivo el apoyo de las direcciones de los gobiernos en cada
municipio con la escuela subordinada a ese territorio.
“Estamos repasando los planes de estudio de las distintas
especialidades, en un trabajo comprometido con los organismos,
con los especialistas y esto, por supuesto, es también
gradual ya que los cambios que se puedan hacer responden al
resultado de esas investigaciones.
“Además, estamos contabilizando las necesidades
de equipamiento de esos centros para garantizar la formación
correcta, apropiada de las habilidades de los estudiantes,
con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, se analiza
también una dificultad planteada por los educandos:
algunos calificadores de cargo, para poder ejercer una vez
graduados los jóvenes, son superiores a la exigencia
del nivel escolar al que obtiene el estudiante en la escuela.”*
El reclamo del estudiantado se hizo latente el pasado XI Congreso
de su organización, cuando se preocuparon por la falta
de condiciones en las escuelas, reclamaron los materiales
necesarios para formarse en sus especialidades y pidieron
que el personal docente fuera más calificado y se completara
en todos los planteles.
Muchos hablaron de las deficiencias relacionadas
con los tutores que les son asignados en las empresas durante
las prácticas de producción y del contenido
de trabajo, el cual, a veces, no se corresponde con el oficio
estudiado.
Plantearon, además, que a pesar de cumplir jornadas
laborales como cualquier trabajador, en algunos casos no tienen
garantizadas condiciones básicas como el almuerzo y
los implementos de seguridad.
Solo con actitud no se construyen sillas
Los talleres polivalentes son el corazón de esta enseñanza.
En la mayoría de las escuelas el estudiantado tiene
a su alcance instrumentos mínimos, logrados por lo
general a través de algunas de las empresas en las
cuales ellos se insertan. En carpintería, por solo
citar un ejemplo, no se dispone de las máquinas necesarias.
Mucho de lo que existe es resultado de gestiones propias,
de la ayuda de padres y profesores.
La situación no es fácil. En la mayoría
de estos centros, para hacer algo en el taller, deben agenciarse
los materiales por cuenta propia. Una estudiante al preguntarle
qué le gustaría tener en el local de costura,
pidió ¡una máquina de coser! Pues no les
era fácil hacerlo todo a mano...
Los profesores, el claustro que mayor estabilidad presenta
en todas las enseñanzas, afirman que las escuela están
bien atendidas desde el punto de vista metodológico,
pero que debería haber un poco más de vigilancia
en cuanto a los materiales para los talleres.
Nadie olvida que la enseñanza técnica
y profesional es la más costosa en cualquier parte
del mundo, porque los talleres no solo enseñan, también
están concebidos como una vía de producción
que demanda materia prima, algo que a nuestro país,
en las circunstancias actuales, se le hace difícil.
Por lo tanto es evidente que además
del apoyo que pueda brindar el Ministerio de Educación,
es de vital importancia el que puedan brindar las empresas.
Debe generalizarse la conciencia de que todos los que egresan
de las escuelas de Oficios lo hacen para cumplir una función
que la sociedad está necesitando
La enseñanza
Las escuelas de Oficios fueron creadas para formar jóvenes
como obreros calificados en alguna labor útil a la
economía del territorio donde están ubicadas,
según establece el Decreto No. 151/89 del Comité
Ejecutivo del Consejo de Ministros. Hoy el país cuenta
con 135 centros de este tipo, donde estudian 8 159 alumnos
cuyas edades están generalmente comprendidas entre
los 13 y los 17 años.
Quienes matriculan provienen de las enseñanzas primaria,
especial, preuniversitaria y politécnica. La gran mayoría
(5 429) procede de las secundarias básicas y de escuelas
de conducta, con edades entre 15 y 16 años, según
un informe estadístico del Ministerio de Educación.
Las escuelas de Oficios contemplan tres planes de estudio,
los cuales permiten brindar una atención individualizada
a los alumnos, en dependencia de la edad y el grado de escolarización
con que ingresan al centro.
Los programas docentes incluyen asignaturas básicas
como Matemática, Español e Historia, y otras
técnicas que responden a los diversos oficios a estudiar.
Las escuelas suelen contar con talleres de Carpintería,
Ajuste, Corte y Costura, Albañilería y Electricidad.
Estas áreas están concebidas para que el estudiante
adquiera habilidades que le permitan insertarse a las prácticas
laborales con un dominio mínimo de lo que debe hacer
en el centro de trabajo donde lo sitúe la escuela.
El proceso de ubicación para las prácticas es
congeniado entre el alumno y el profesor guía, en dependencia
de la disponibilidad de plazas, la necesidad real de oficios
en el territorio y las aspiraciones del estudiante. Es el
Ministerio del Trabajo y Seguridad Social la institución
que garantiza una ubicación laboral definitiva en de
acuerdo con las demandas de cada territorio y la disponibilidad
de los egresados.
¿Entonces quién?
La población argumenta que quienes hacen trabajos manuales
parecen haberse extinguido, y esa es una percepción
que se corrobora con los precios exorbitantes que se piden
por los arreglos más sencillos. Muchas personas sugieren
que podrían crearse pequeñas cooperativas de
servicios con las cuales resolver diversas necesidades domésticas.
Dichos centros serían un destino no menos importante
para los jóvenes que han aprendido los múltiples
secretos de las artes manuales.
Hay que añadir que el inicio de los cursos emergentes
y de superación integral para jóvenes absorbió
a gran parte de los muchachos que estaban desfasados o desvinculados
del estudio. Estos programas constituyeron una vía
para alcanzar el 12º grado y llegar a la universidad,
posibilidad que actualmente no tienen las Escuelas de Oficios.
Hoy existe un debate a nivel nacional, liderado por el Presidente
Raúl Castro, para impulsar la productividad, los servicios
y los trabajos manuales. Sin embargo, se carece de obreros
calificados. No resulta fácil encontrar un albañil
o plomero, oficios que se forman precisamente en esos centros.
Hay que rescatar con urgencia los oficios. No solo basta con
el apoyo material tan necesario en estos momentos, sino también
revertir el modo de pensar de quienes afirman que en las escuelas
de oficio solo estudian jóvenes “prescindibles”,
lacra de la sociedad. ¿Qué pensarán esos
cuando no tengan una silla donde sentarse, una tubería
que no le fluya el agua, una reja que necesite ser soldada,
un pan que llevarse a la boca o un techo que levantar…?
¿Quiénes serán entonces los “prescindibles”?
* Conferencia de prensa por el inicio
del curso escolar 2008 – 2009 efectuada en el MINED.
La
primera escuela de Artes y Oficios del continente americano

Instituto Politécnico
de Informática Fernando Aguado y Rico.
(Tomada de www.rimed.cu) |
Sí, la primera
escuela de Oficios en el continente se inauguró
en Cuba en 1882 y es el actual Instituto Politécnico
de Informática Fernando Aguado y Rico, del municipio
capitalino de Centro Habana.
Carlos de la Torre y Huertas, Joaquín L. Jacobsen,
Manuel Úbeda y Fidel Miró, el 30 de abril
de 1882, junto a Fernando Aguado y Rico fundaron esta
institución.
Fue un gesto altruista, pues, durante cinco años
trabajaron sin recibir salario y ofrecieron de manera
permanente estudios gratuitos a los ingresados, que
en su mayoría procedían de familias muy
humildes, la mayoría hijos de esclavos o libertos.
Ya desde aquella época se tienen noticias de
reticencias y desprecio hacia los graduados de esta
enseñanza. La primera data de 1915, cuando comienza
a reinar la preocupación entre los educandos
del plantel, pues la burguesía manifestaba aversión
por sus graduados, a raíz de la creación
de la Escuela de Arquitectura en la Universidad
de La Habana.
Desde entonces, sus estudiantes comprendieron el desprecio
que inspiraba la institución y en 1918 integraron
un movimiento de unidad que se consolidó con
el surgimiento de la Federación de Alumnos de
Artes y Oficios.
El 20 de mayo de 1928 el plantel fue considerado como
la primera Escuela Tecnológica de Artes y Oficios
de La Habana, y oficialmente adoptó el nombre
de Fernando Aguado y Rico, en honor a su fundador. Ese
mismo año, en una medida de evidente carácter
clasista, profesores y alumnos de la Universidad de
La Habana se opusieron a que el centro emitiera títulos
de Ingeniería, y de la misma forma se proyectó
la Asociación Cubana de Ingenieros.
El descrédito y el desdén se hacían
latentes más allá de los títulos
o los diplomas; sentimiento que, por demás, se
ha arraigado equivocadamente hasta la actualidad.
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