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Una mujer descollante en la historia republicana

Por Matilde Salas Servando

La doctora Vicentina Antuña.
(Tomada de www.granma.co.cu)

El Registro Civil del poblado habanero de Güines, atesora en sus archivos documentos de gran importancia, y en uno de ellos se recoge que en el año 1909, “el señor Francisco Antuña Fernández, natural de Asturias, España, vecino de esta villa en Máximo Gómez 44”, se presentó para solicitar, “que se le inscriba en este Registro civil el nacimiento de una hembra que nació a las ocho y media de la noche del día 22 de enero último, hija legítima del compareciente y de su esposa, la señora María Tabío Melo, de Quivicán”.

Desde entonces quedó asentada la llegada al mundo de Vicente Antuña Tabio, una niña que desde sus primeros años sintió grandes ansias de conocimientos, lo que le permitió graduarse en 1926 de bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana.

La docencia y las culturas antiguas movieron el interés de la joven, quien con solo 17 años matriculó, simultáneamente, en las escuelas de Filosofía y Letras y la de Pedagogía de la Universidad de La Habana, donde las altas calificaciones obtenidas desde el primer año le permitieron ser premiada en diversos certámenes de conocimientos.

Cuando comenzó sus estudios universitarios como alumna oficial de Filosofía y Letras, en el curso 1926, matriculo 17 asignaturas a lo largo de su carrera, de las que alcanzó calificaciones de Sobresaliente en 16 y un Notable. Su tesis doctoral fue sobre el tema “Marco Tulio Cicerón en la historia de la elocuencia romana”, que también coronó con la calificación de sobresaliente.

Este primer paso la condujo a seguir superándose en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos; la de Roma, en Italia, y el Instituto Dante Alighieri, de la misma nación europea, donde cursó estudios de Latín, Literatura Latina y Arte Grecorromano.

Un momento importante en su trayectoria docente fue la incorporación, como directora, a la Universidad Popular José Martí, fundada por Julio Antonio Mella en 1923, que permitió el ingreso a sus aulas de alumnos y profesores de ideas progresistas.

En el mismo año de la caída del tirano Gerardo Machado, en 1933, Vicentina Antuña comenzó sus labores docentes en la Escuela Anexa de la Universidad, y al curso siguiente se incorporó como profesora de Lengua y Literatura Latinas de la bicentenaria casa de altos estudios; también fue jefa del Departamento Filológico de la Escuela de Letras.

Tras el lanzamiento de la primera bomba atómica por el gobierno de Estados Unidos, en agosto de 1945, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, se constituyó cuatro años después el Consejo Mundial de la Paz, en la sala Pleyel, de París. Por esa época, en Cuba se inició una campaña de manera simultánea para crear el Movimiento Cubano por la Paz, que presidió el doctor Fernando Ortiz, con la participación de otras destacadas personalidades políticas y de las letras de la Isla, como Juan Marinello Vidaurreta, Carlos Rafael Rodríguez, Nicolás Guillén, Elías Entralgo y Vicentina Antuña Tabío.

Sobre este importante hecho comentó la destacada profesora habanera: “Fue un movimiento serio y profundo. Iba desde el nivel de barrio. Fue vasto y popular. Allí hubo representantes de todo tipo de organizaciones estudiantiles y por supuesto, contamos con el apoyo de los obreros, los artistas, los profesionales y los líderes campesinos. Estaba también una campaña gansteril en contra de nosotros. Éramos muy reprimidos. No obstante, el Movimiento continuó”.

El intelectual cubano Carlos Rafael Rodríguez calificó a Vicentina Antuña como una de las mujeres más descollantes de la historia republicana, lo que de algún modo se demuestra con su participación en estos movimientos sociales y en su labor como profesora universitaria de larga trayectoria.

En una conferencia pronunciada el 26 de junio de 1949, en el programa radial La Universidad del Aire, la doctora Antuña se refirió al sistema social imperante en esos momentos en Cuba, cuando señaló: “ En lo que respecta la sociedad, el medio ambiente, su influencia no puede ser hoy más corrosiva para el logro de fines elevados de educación. La admiración hacia el éxito económico, político y social, no importa las vías por las cuales se haya alcanzado; el respeto y la obediencia a los poderosos, no importa su inmoralidad o torpeza; la codicia y la preeminencia social como metas individuales, dan la tónica general de una sociedad en la que se educa al niño y al adolescente, señalándoseles tácita o expresamente como virtudes los que son en verdad los vicios más nocivos para el mejoramiento humano y social”.

Al triunfo de la Revolución Cubana, en enero de 1959, Vicentina se incorporó a laborar en el Ministerio de Educación y después, desde el cargo de presidenta, al recién creado Consejo Nacional de Cultura. Desde los primeros tiempos de la década de los años 60 estuvo entre los profesores que participaron activamente en la reforma universitaria, y durante varios años dirigió la Escuela de Artes y Letras de la Universidad de La Habana

Por sus amplios conocimientos y gran capacidad de trabajo, la doctora Antuña integró el Consejo de Honor de la Revista de la Universidad de La Habana en el período de 1978 a junio de 1991.

Es por entonces que con su verbo autorizado y palabra fácil supo reconocer con orgullo y sencillez los méritos de su coetáneo, el doctor Raúl Roa García, cuando en ocasión de su 70 cumpleaños le fue conferido la condición de Profesor de Mérito. Ese día se refirió a la época en que con menos de una veintena de años él era “un lector incansable, dueño ya de una cultura literaria e histórica poco común en muchachos de su edad, así como de muy definidos criterios sobre los problemas sociales de Cuba y de América”.

Humanista reconocida desde la temprana época en que cursaba estudios universitarios, por sus méritos se le abrieron tempranamente las puertas del claustro universitario, en el que demostró su alto nivel académico.

Como colofón de su larga carrera docente y trabajo cultural, en 1981 le otorgaron la Orden Félix Varela; tres años después fue proclamada Heroína Nacional del Trabajo y en 1989 le entregaron la Orden José Martí, considerada como la más alta condecoración que concede el Estado cubano a personalidades relevantes, tanto del país como extranjeras. También recibió el título de Profesora Emérita de la Universidad de La Habana.

Desde su cargo como presidenta de la Comisión Cubana de la UNESCO, realizó una amplia labor con la que contribuyó a que la obra de la Revolución en el campo de la cultura y la educación fuera más admirada y respetada en diversas latitudes.

Vicentina fue una mujer de ideas liberales y progresistas que se fueron radicalizando, como las de tantos intelectuales cubanos, en medio de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, desde las filas del Movimiento de la Resistencia Cívica, en el que supo brindar muchas lecciones de eticidad.

Su fallecimiento, ocurrido en La Habana el 8 de febrero de 1992, constituyó una gran pérdida para la intelectualidad cubana, necesitada de profesionales de altos quilates, con sólidos conocimientos y formación revolucionaria, que pudieran llevar a las nuevas generaciones el amor por las letras y la devoción de servir al pueblo desde las aulas.


 

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