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A 54 años de la masacre de
Humboldt 7
Por
Matilde
Salas Servando
El sábado 20 de abril de 1957 pudo
ser una fecha más en la cotidianidad de La Habana de
entonces, si la masacre cometida al atardecer de ese día
no hubiera estremecido de dolor al pueblo y enlutado el corazón
de la familia cubana.
Habían transcurrido solamente 39
días del asalto
al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, donde
un grupo de valerosos combatientes clandestinos trató
de ajusticiar al tirano Fulgencio
Batista en su propia madriguera. La acción no tuvo
el éxito esperado y algunos murieron en combate, otros
fueron heridos y el reto se escondió en lugares de
aparente seguridad, hasta que pudieran reiniciarse las actividades
para derrocar al régimen imperante
Entre los sobrevivientes estaban los jóvenes
José Machado Rodríguez, Juan Pedro Carbó
Serviá, Fructuoso Rodríguez Pérez y Joe
Westbrook Rosales, todos integrantes del Directorio
Revolucionario, quienes se ocultaban en el edificio marcado
con el número 7 en la calle Humbodlt de la capital
cubana
.
La cobarde delación de un antiguo participante en la
lucha, llevo hasta el lugar a los esbirros de la tiranía
de Batista, deseoso de venganza, y ahí cayeron abatidos
los valerosos luchadores.
Vecinos que residían en los alrededores
aún recuerdan que un jefe policiaco y sus secuaces
empezaron a romper violentamente, con las culatas de sus armas,
la puerta del apartamento donde estaban los jóvenes
revolucionarios.
Sobre esos hechos, un combatiente de la
época, participante en el asalto
a Radio Reloj el 13 de marzo de 1957, Enrique Rodríguez
Loeches, declaró:
“Joe llego al apartamento de abajo y pidió a
la inquilina que lo dejara estar en la sala como si fuera
una visita. Poco después tocaron a la puerta y él
abrió. Fue reconocido por los sicarios y aunque ella
suplicó pro la vida del joven, este apenas caminó
unos pasos, cuando una ráfaga de ametralladora segó
su vida Tenía poco más de veinte años”.
Luego se refirió a Juan Pedro Carbó
Serviá, cuando dijo: “Carbó se dirigió
al elevador, pero fue interceptado poco antes de llegar y
ametrallado a boca de jarro de forma inmisericorde. Todo su
rostro y su cuerpo quedaron acribillados a balazos”.
El joven combatiente Rodríguez
Loeches continuo su testimonio y señaló: “Machadito
y Fructuoso se lanzaron por una ventana hacia la planta baja.
Cayeron en un pasadizo tan largo y estrecho que pertenecía
a una agencia de automóviles. Al final había
una verja con un candado que les impedía la salida.
Como el lugar desde el que cayeron era demasiado alto, Fructuoso
yacía inconsciente en el suelo, mientras Machadito
hacia esfuerzos supremos por levantarse sin lograrlo, pues
se había fracturado los dos tobillos. Los sicarios
introdujeron una ametralladora entre los barrotes y ambos
luchadores fueron rematados a balazos”.
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