| Pubertad
piel adentro: los varones
Los muchachos también sufren ante los estigmas
de los roles impuestos por la sociedad. Para ellos, la adolescencia
es igualmente un periodo de incertidumbres, y en ocasiones
no se les permite preocuparse al respecto.
Por Isabelle

(Tomada de www.iesbanaderos.org)
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Tal vez en más de una
ocasión te has alejado del resto de tus compañeros
o has corrido a casa deseoso para asearte, y es que no entiendes
por qué persiste ese desagradable olor en tus axilas.
O por el contrario. el ver a una muchacha de tu agrado te
ha hecho pasar ratos desagradables por las sensaciones que
experimentas en tus genitales.
La explicación está en las múltiples
hormonas que a tu edad recorren desenfrenadamente tu organismo.
Estás en la pubertad y es característico que
estas sustancias comiencen a funcionar para convertirte en
todo un adulto. Claro que no todo es color de rosa y entre
los “contra” que tiene esta etapa se encuentra
el inicio de olores que, con una adecuada higiene y a medida
que pase el tiempo, serán menos fuertes.
Comenzando a ser hombre
Si transitas por la adolescencia y has dedicado tiempo a observarte,
habrás notado otros cambios. Además del significativo
olor de tu sudor en axilas y genitales, así como la
manifiesta sensibilidad en los testículos, verás
que comienza a producirse un agrandamiento de estos, seguido
por el del pene, el cual aumentará en longitud y grosor.
También empezarás a pensar de manera más
constante en las relaciones sexuales.
No obstante lo anterior, los diferentes estudios sobre el
inicio de la pubertad en los varones no son concluyentes,
por ello es algo complicado identificar el momento exacto
y hasta la manifestación que indica el principio de
una fase tan vital en tu vida. Generalmente se toma como referencia
la primera eyaculación (espermarquia).
Para los varones, la eyaculación o salida del semen
o líquido del pene se asocia habitualmente con emociones
relacionadas con el sexo. Esta también puede ocurrir
mientras duermes —se le llama comúnmente «sueño
mojado»— y es normal que suceda. Es importante
aclarar que desde esa primera vez existe un período
de aproximadamente un año para que la concentración
de esperma sea suficiente como para poder fecundar.
El cerebro reordena y manda
Los hombres tienen una glándula «principal»
en el cuerpo, llamada pituitaria, que controla todo ese desarrollo.
Está ubicada en el cerebro, es casi del tamaño
de una semilla y produce hormonas que originan la mayor parte
de los cambios físicos que hacen que el cuerpo de un
niño se convierta en el de un hombre joven.
Cuando esto sucede, aparecen las características sexuales
secundarias. Se produce el cambio de voz, que pasa a ser ronca
y grave. Después afloran los vellos largos en el pubis.
Posteriormente aparece el bozo o la sombra de bigote sobre
el labio superior, seguido por la aparición de pelos
en piernas, muslos y cara. Y ya entre los 17 y los 18 años
tendrás la apariencia de un hombre.
El comienzo de la pubertad también está asociado
con trasformaciones drásticas en la estatura y los
rasgos físicos. En este momento, la actividad de la
hipófisis supone un incremento en la secreción
de determinadas sustancias, como la hormona del crecimiento
que lleva al cuerpo hasta casi su altura y peso adultos en
unos dos años. Ello se produce con anterioridad en
las mujeres, lo que indica también que maduran antes
sexualmente.
La talla es uno de los cambios más notables. Algunos
varones crecen rápidamente, dando el famoso “estirón”;
otros tendrán un crecimiento lento, pero constante,
hasta alcanzar su estatura de adulto. La edad en que esto
sucede no es fija.
El peso también aumenta, pero se debe mayormente al
crecimiento de los huesos y los músculos. En muchos
casos, el incremento de la talla no es proporcional al del
peso. Por este motivo, la mayoría de los adolescentes
parecen larguiruchos y delgados.
Si tu desarrollo es normal entre los 16 y 18 años,
tus huesos se comenzarán a ancharse, y por consiguiente
tu espalda, y serás algo más musculoso. También
se habrá duplicado el tamaño de tu corazón
y aumentará tu capacidad muscular. Tu cerebro habrá
alcanzado el tamaño de un adulto y tu sistema reproductor
estará apto para procrear, lo que significa que empieza
su capacidad de reproducción. La madurez sexual en
los varones viene dada por la producción de semen.
Los cambios físicos que ocurren en esta edad son los
responsables de la aparición del instinto sexual. En
esta etapa su satisfacción es complicada, debido sobre
todo a la ausencia parcial o total de los conocimientos adecuados
acerca de la sexualidad. Ello puede ser riesgoso, ya que algunos
adolescentes no están interesados o carecen de suficiente
información acerca de los métodos de control
de natalidad o los síntomas de las enfermedades de
transmisión sexual. Como consecuencia, puede incrementarse
el número de muchachas que tienen hijos y la incidencia
de las enfermedades venéreas.
Claro (y no creas que te sermoneo), estar
listo biológicamente para la reproducción no
implica que lo estés desde otros puntos de vista, como
el psicológico. Tu mente aún está procesando
datos y concepciones que harán madurar tus valoraciones
sobre tu entorno, pero aún te falta la experiencia
necesaria como para asumir con eficiencia el cuidado de un
hijo.
La pubertad es una importante etapa de la vida. En ella se
destierra la aparente despreocupación de la niñez
y la persona avanza al mundo adulto, con todas sus responsabilidades
y compromisos.
Una alerta a los
padres
Los varones pasan por muchos cambios físicos y emocionales
durante la pubertad; comienzan a sentirse más independientes.
De modo que es importante que los padres conversen bastante
con ellos para ayudarles a comprender las transformaciones
de su cuerpo y su cerebro mientras maduran.
También es un buen momento para que
dialoguen sobre las metas que tiene el muchacho y cómo
las decisiones que él tome en estos momentos afectarán
su futuro. Es imprescindible que papá y mamá
siempre estén ahí para respaldarlo. Él
necesita sentirse en confianza.
Hay que tener en cuenta que el adolescente
busca que los padres sean un ejemplo de conducta responsable,
lo cual resulta particularmente significativo durante esta
etapa de la vida del joven.
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