| Los
amores que le faltan a la tierra (I)
En la enseñanza politécnica agropecuaria
del país crecieron también grandes “marabuzales”,
y sus espinas aguijonean el propósito de entregarle
fuerza calificada a la tan ansiada recuperación agrícola.
Por Margarita Barrio, Dora Pérez,
Yahili Hernández, Luis Raúl Vázquez,
Osviel Castro e Isis Sánchez, estudiante de Periodismo

Aquí existió una vez
una vaquería para la cría de animales y
el aprendizaje de los alumnos.
(Foto: Yahili Hernández) |
Si el campo cubano necesita enamorados,
muy pocos conquistará con el guiño que hoy hace
a quienes podrían estar entre sus principales pretendientes.
En la enseñanza politécnica
agropecuaria del país han crecido bastantes “marabuzales”,
y esto último no es solo una parábola periodística.
Al menos abundan las espinas que aguijonean el propósito
de entregarle fuerza calificada a la tan ansiada recuperación
agrícola.
Esa es la impresión que se lleva quien recorre muchas
de esas instituciones educacionales, que hoy, más que
espacios para promocionar el respeto, el conocimiento y apego
a la tierra, son estimulantes del rechazo y la deserción.
“Las prácticas dentro de la escuela no se pueden
desarrollar con calidad por la falta de instrumentos. Y aquellas
que requieren del apoyo de instituciones también se
afectan por la misma causa, sumada al poco interés
de algunos organismos. Creo que hay que potenciar las asignaturas
no docentes y aquellas propias de la especialidad”.
Así dice, no sin cierta indignación, Guillermo
Zamora, alumno del Instituto Politécnico Agropecuario
Mártires de Pino Tres, de Jimaguayú, en Camagüey.
Y su sentimiento parece repetirse como un estribillo en numerosas
escuelas de este tipo del país.
Su compañero de escuela Idael Pérez se mostró
preocupado por la asignatura de Arte Manual Agropecuario (AMA),
de la cual, afirmó, se pierde contenido cuando en sus
clases prácticas se realiza cualquier actividad menos
la que corresponde a la materia.
“Creo que cada labor debe corresponderse con la disciplina
que se imparta y no que quede a la espontaneidad. Muy pocas
veces trabajamos con el ganado. A menudo nos ponen a desyerbar
antes que a ordeñar una vaca, y eso no es malo, pero
el tiempo corre y no aprendemos lo que debemos”.
Mientras el país toma medidas para redimensionar la
agricultura en aras de ser capaces de producir la mayor parte
de los alimentos que necesitamos, la formación de los
técnicos y profesionales que tienen gran responsabilidad
en esa labor arrastra el deterioro que sufrió en los
años más duros del período especial,
y su recuperación no marcha con la celebridad que requieren
las circunstancias.
En un recorrido por Institutos Politécnicos Agrícolas
(IPA), de las provincias de Camagüey, Ciego
de Ávila y Granma,
este diario constató que existe gran preocupación
entre profesores y alumnos con la preparación que reciben
estos últimos para luego enfrentar eficientemente su
vida laboral.
Escasez de instrumentos y de bibliografía que inciden
en la calidad de la docencia, así como falta de interés
de algunas instituciones pertenecientes al Ministerio de la
Agricultura (MINAGRI) para acoger al estudiante durante sus
prácticas y al graduarse, son el talón de Aquiles
para quienes un día decidieron matricular en uno de
los más de 70 centros de este tipo con que cuenta el
país.

Algunos politécnicos agropecuarios
solo cuentan con esta técnica de arado.
(Foto: Yahili Hernández) |
Sin
bueyes hay que arar
Morir de sed junto a la fuente. El hermoso verso de Nicolás
Guillén viene a la mente de Reinaldo Remedios, secretario
docente del IPA Iselín Arencibia, del territorio avileño,
cada vez que recuerda el motor cedido por la Agricultura hace
más de 10 años, y que aún permanece inutilizado
en un oscuro local.
“Con ese equipo podríamos regar las 20 hectáreas
del centro, que es el mayor de la provincia. Pero se necesita
una inversión para instalar transformadores y tendidos
eléctricos, y nadie se ha responsabilizado. Educación
no tiene la divisa para comprarlos. Y así nos hemos
quedado”.
“Dicen que antes la escuela tenía todos los terrenos
sembrados —narró Eliannes Castellanos, estudiante
de Agronomía—; ahora están llenos de hierba
y marabú. En eso, en limpiar marabú, consisten
nuestras clases prácticas. Lo hacemos a golpe de hacha,
porque ni machete podemos usar. Nos dieron unos malísimos
que se doblaron al primer golpe”.
Tampoco en Granma el panorama resultó alentador. Allí
funcionan cinco politécnicos agropecuarios, con una
matrícula total de 2 888 alumnos. Según reveló
a JR Norberto Díaz, subdelegado de
Recursos Humanos del MINAGRI, los problemas van desde una
dañada base material de estudio, hasta falta de gomas,
baterías y medios de protección, pasando por
roturas de motores e insuficientes animales de trabajo.
Pero a las carencias de materiales para trabajar, se suma
el poco confort de estos planteles. El deterioro constructivo
es causa de afectaciones en las matrículas de los IPA,
que son centros internos en su totalidad. Así sucede
en el Iselín Arencibia, que posee cuatro dormitorios
clausurados, lo cual trae como resultado que 200 plazas no
puedan ser otorgadas.
“Pese a esa situación —dijo su director,
Mistiel Valls— están creadas las condiciones
mínimas. Tenemos cuatro enfermeras y el claustro es
de experiencia. Al menos la docencia en el aula se imparte
con calidad”.

Lo que queda del teatro del politécnico
Iselín Arencibia, de Ciego de Ávila.
(Foto: Luis Raúl Vázquez) |
Dónde fueron
los ecos del congreso
No pocos de estos sinsabores ocuparon buena parte de los debates
del XI
Congreso de la FEEM, celebrado en marzo de 2008. Abdel
Kader Peña, vicepresidente de la organización
en el municipio de Camagüey, explicó que el IPA
Álvaro Barba posee un área amplia para el trabajo,
pero las actividades agrícolas no pueden realizarse
por la ausencia de instrumentos.
“Si deben arar no tienen el buey, el tractor está
roto, no hay azadón ni machete, y la escuela se enyerba.
Y lo peor es que no se aprende.
“La mayoría de los estudiantes no poseen libros
de las asignaturas de Ciencias. Se ha tramitado la queja a
Educación, pero hasta ahora no ha existido una respuesta
positiva y concreta acerca de la base material”.
Las prácticas preprofesionales, indispensables en la
buena preparación del técnico, le preocupan
a Yordan Vango, también miembro de la dirección
de la FEEM
en la provincia. “El alumno llega a la empresa y muchas
veces no intercambia con la persona indicada, que debe ser
quien posea mayor experiencia laboral y conocimiento de la
especialidad”.
Por su parte Belquis Obregón, también miembro
del Secretariado Provincial de la FEEM, asegura que el Ministerio
de Educación ha tratado de suplir la falta de bibliografía
con soportes digitales, pero esto no lo resuelve todo, “porque
cuando no es que las computadoras están rotas es que
no dan abasto”.
William Morales, también dirigente de la organización
estudiantil en el territorio, significó que el desinterés
de las empresas por las prácticas laborales ha provocado
que a menudo los muchachos se queden trabajando en el huerto
de la escuela, por no tener ninguna institución que
los acoja.
“Esto se plantea una y otra vez en las asambleas de
grupo y de centros. Incluso, hay quien se decide por gestionarse
su ubicación, y no debe ser así”.
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