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Los amores que le faltan a la tierra (I) (Cont.)

¿Soy acaso tu futuro?
Los institutos politécnicos agropecuarios fueron concebidos y dotados con todos los recursos para que sus estudiantes recibieran la preparación especializada necesaria. En ellos se llegaron a graduar miles de técnicos con una muy buena formación teórica y práctica.

Pero en los años del período especial se produjo la pérdida y el deterioro de áreas experimentales y base material especializada. A finales de la década del 90, los ministerios de Educación y Agricultura adoptaron un cambio en el plan de estudios, en el cual la formación vocacional del muchacho debe ser fundamentalmente en la empresa agrícola, a partir de los recursos de esta.

Por ello, se hace más necesaria que nunca la integración entre Agricultura y Educación. Hoy, aunque existen buenas relaciones entre ambos organismos, en muchas ocasiones esos vínculos no se concretan en la base.

En el Iselín Arencibia, por ejemplo, el área de fomento porcino se mantiene con recursos mínimos, pues desde hace tiempo la empresa que lo atiende no les envía nada para trabajar con las crías. “Sin embargo —explicó Roberto Medina, subdirector de Producción— los compañeros de la Avícola son muy preocupados. La nave es pequeña, pero tiene las condiciones para enseñar el proceso productivo en una granja de ponedoras.

“Si tuviéramos apoyo, este IPA pudiera tener sus terrenos sembrados y en producción. Hasta podríamos aportar, como hacíamos a finales de los 80, cuando de la Fábrica de Conservas de Florencia venían a buscar productos nuestros. Todo eso se lograba con el trabajo de los estudiantes”.

El subdirector de Educación para la Enseñanza Técnica Profesional en esa provincia, Luis Enrique Calderón, reconoció que los directivos de las empresas no van a las aulas de modo asiduo a conversar con los alumnos. “Tal parece que ven en el contacto con ellos una carga y no una inversión en el aseguramiento de su capital humano”.

Por su parte Alexis Pardo, subdelegado de Recursos Humanos de la Agricultura en Camagüey, explicó que cada IPA posee una empresa que lo atiende, y en el año 2009 cada una tuvo que diseñar un presupuesto para su politécnico.

“Hay que ver a la escuela como parte de la empresa. Quien no lo haga así pone en juego el futuro agrícola del país. Debemos trabajar al detalle con los alumnos, conocerlos. Y reforzar la labor del tutor, que no siempre es efectiva y provoca la subutilización del muchacho durante sus prácticas o su desencanto después de graduado”.

En Granma se han dado pasos en la integración con los organismos empleadores. Allí se creó un puesto de dirección provincial para atender a los estudiantes de los IPA, al que pertenecen los directivos de cada politécnico y de las empresas y organismos implicados.
También se trabaja para paliar la crítica situación material de esas escuelas. Para ello, el MINAGRI destinó en 2009 un presupuesto, en moneda nacional y en divisas, a la atención de esos institutos.

Un aspecto vital del tema lo tocó Albérico Morales, subdelegado de Ganadería en el territorio agramontino, al recordar que para alcanzar calidad en la formación del técnico hay que llevar hacia el IPA las nuevas tecnologías.

“En el Mártires de Pino Tres —reveló— ya existen molinos de viento con sistemas de bebederos y tanques para el ganado, y mochilas para fumigar el marabú con líquido de última generación. Los IPA no pueden ser lo último, deben convertirse en una entidad más del organismo empleador”.

Motor cedido por el Ministerio de la Agricultura al politécnico Iselín Arencibia, de Ciego de Ávila.
Increíble, pero cierto. En el politécnico Iselín Arencibia permanece inutilizado un motor cedido por el Ministerio de la Agricultura hace una década.
(Foto: Luis Raúl Vázquez)

Aguas que trajeron estos lodos
La inclinación vocacional por especialidades de corte agropecuario no es alta. Lo dicen las cifras de cumplimiento del plan de ingreso a los IPA en el actual curso escolar. De una oferta de 7 559 plazas, matricularon 6 274 jóvenes, para un 82 por ciento.

Muchos de ellos opinan que el trabajo en la agricultura es duro, y que sus resultados dependen de factores externos, como el clima. Los más adultos, por su parte, recuerdan los tiempos en que se impulsó la idea de que el hijo del campesino debía “prosperar”, dedicarse a otras profesiones y salir del campo. Como resultado, hoy cuesta trabajo hallar el relevo de quienes han envejecido en los surcos.

Para Wilfredo Hernández López, subdelegado de Recursos Humanos en la delegación del MINAGRI en Ciego de Ávila, es un tema con diversas complejidades.

“Los jóvenes no sienten inclinación hacia esas carreras y no quieren becarse lejos de la casa. Tratamos de abrir el IPA Noel Fernández, en el municipio de Venezuela, y no pudimos completar la matrícula. Simplemente los muchachos no estaban interesados.

“Hay que reconocer que la formación vocacional es débil y hace muchos años no se hace ninguna acción. La tendencia ha sido dejar ese problema en manos de Educación”.

Según Guillermo Sancho, especialista de Formación Vocacional y Estudio-Trabajo del MINAGRI en Camagüey, los muchachos se van del IPA por factores que van desde su propia orientación vocacional hasta la presión de la familia, que no quiere que su hijo sea agrónomo, sin obviar que las condiciones de la escuela no siempre son las mejores.

“No obstante —sentenció— la captación debe responder al interés económico y productivo de territorios y empresas”.

En Ciego de Ávila existen solamente dos IPA, y su matrícula total no satisface la demanda de la agricultura. La causa fundamental, según Luis Enrique Calderón, subdirector de Educación para la Enseñanza Técnica Profesional, es el rechazo al régimen interno.

“En Chambas hay más estudiantes de Agronomía, incluso saturan las capacidades, pues el IPA se encuentra en el mismo municipio y están más cerca de la familia. En Ciego de Ávila no ocurre así.

“Hemos tomado la decisión de acercar las especialidades agropecuarias a las comunidades. Lo hicimos con la escuela de oficios del municipio de Bolivia, donde la tendencia de la matrícula era a disminuir, y el resultado fue favorable.

“Pero esa experiencia no podemos extenderla si no tenemos condiciones. No se puede abrir una sede de un IPA si no tenemos los estudiantes necesarios, un claustro que permita la proporción adecuada alumnos-profesores y los medios para impartir docencia, como televisores y videos”.

No obstante, para Miguel Blasque, miembro del Buró Municipal de la UJC en el municipio camagüeyano de Florida, aunque se realice mucha orientación vocacional, si no mejora la atención a los futuros agrónomos las matrículas de los IPA seguirán decreciendo.

“Como ejemplo puedo citar que, en el politécnico Sabino Pupo, de Florida, hay 785 estudiantes y solo 60 cursan Agronomía. Si revisamos cuántos se nos han ido y cuántos se quieren ir, no cabe duda de que esta cifra de matriculados seguirá bajando en vez de ir en aumento, por todas estas dificultades que desencantan no solo al joven sino a su familia”.

Sobran las plazas, pero no los técnicos
“Se han graduado cientos de técnicos e ingenieros en el país, pero muchos han emigrado hacia otras actividades. En este momento la demanda en la agricultura es muy fuerte”.

Así comenzó el diálogo de JR con Enrique González, jefe del Departamento de Organización Escolar para la Enseñanza Técnica y Profesional del Ministerio de Educación, quien asegura que hay más plazas que demanda, porque los jóvenes prefieren buscar otras opciones de estudio.

“Hay quien acude al IPA no por vocación —reconoció— sino para no estar en la calle. Para satisfacción de los padres, que estén tranquilos. Ellos presionan y él se pone a estudiar cualquier cosa, pero realmente no le gusta.

“Por otro lado está quien se gradúa y luego no ejerce. A veces el muchacho en la calle tiene otras posibilidades. El 95 por ciento de los varones que terminan van al servicio militar. Allí aparecen opciones, o cuando regresa perdió interés por lo que estudió y se dedica a otra cosa.

“Puede haber de todo. Pero pienso que es fundamentalmente un problema vocacional, y es un trabajo que debemos hacer de conjunto el MINAGRI, el MINAZ y Educación”.

—¿Qué medidas se han tomado para fortalecer el trabajo vocacional y aumentar las captaciones para los IPA?

“La captación para los estudios agropecuarios no tiene formas diferenciadas en relación con el resto de los politécnicos. Se ha trabajado para reducir al mínimo los requisitos adicionales para el ingreso, buscando que todo el mundo tenga las mismas oportunidades.

“Al hijo del campesino le hemos dado una prioridad —que creo se justifica— pero no podemos negar que alguien que no proceda de una familia rural puede tener esa inclinación, sobre todo por la Veterinaria, que tiene gran demanda.

“Estamos planteando que la Agricultura y sus empresas trabajen en la Secundaria Básica a través de los círculos de interés, y que los estudiantes que más se destaquen formen la cantera.

“Quizá en la escuela que está al lado del Parque Vidal, en Santa Clara, no hay necesidad, pero sí la hay en Remedios, en Cumanayagua, o en un pueblecito de Camagüey. Allí donde existe demanda hay que trabajar para propiciar que los jóvenes que realmente tengan aptitudes y se inclinen hacia estas especialidades, las estudien.

“No negamos que los que integren estos círculos sean hijos de campesinos o de trabajadores del sector. Pero la asamblea pioneril es la que aprueba, a partir de la propuesta que hace el consejo de dirección de la secundaria, quiénes van a una opción u otra.

“Con esa idea se está trabajando; empezamos el curso pasado. Debemos reconocer que hubo confusiones, falta de entendimiento, nos hemos sentado a discutir con organismos para que las situaciones que se dieron no sucedan el próximo curso. Creemos que esta alternativa es factible y muy democrática”.

—¿Cuántas especialidades se estudian en los IPA?

“Tenemos cinco especialidades: Agronomía, Zootecnia-Veterinaria, Agronomía de Montaña, Forestales y Explotación, mantenimiento y reparación de la técnica agrícola, que antes se llamaba Mecanización.

“Además, existen dos que tienen que ver con el MINAZ: Fabricación de azúcar y Maquinaria azucarera”.

—Hay numerosas quejas de las condiciones materiales de los IPA...

“Tenemos una situación constructiva muy compleja, dada por los años de trabajo, que van desde 20, 25 o hasta 30 años, y no haber sido sometidos a ningún nivel de reparación. Poseen muchas afectaciones materiales, eso no se puede negar, y resolverlas demorará varios años”.

—¿Cómo evalúa el apoyo que debe darles el MINAGRI?

“Existe un acuerdo del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros que establece la obligatoriedad de que los organismos empleadores apoyen a los politécnicos, no solo a los agropecuarios. En el año 2008 se tomaron un grupo de acuerdos para el fortalecimiento de la educación técnica y profesional en su conjunto.

“La formación de ese capital humano tiene un precio y un costo. Educación asume una responsabilidad, pero los organismos receptores de esta fuerza de trabajo tienen su compromiso. Ha habido una respuesta por parte de ellos, pero aunque se ha ganado en concientización, se necesita mucho más. Hoy se siente un mayor apoyo de la Agricultura”.

—¿Qué se ha hecho en concreto?

“La situación actual es muy compleja, pero hemos hecho un grupo de cosas. Creamos las comisiones de especialistas para el análisis y definición de los currículos de formación actuales, ajustándolos a las necesidades que plantea la esfera.

“Estamos fortaleciendo el trabajo de los círculos de interés, para elevar la vocación por esas carreras. Debemos estimular al muchacho, crearle intereses no solo en el orden económico, y por supuesto, el sector en el que podemos trabajar más es el campesino: el hijo de un vaquero, del que trabaja la tierra; él tiene más vocación para estas carreras. Esa es una batalla que hay que ganar.

“Existen dificultades con la cobertura docente, sobre todo en la idoneidad, pues tenemos muchos maestros no graduados. Para paliar esta situación existe un programa de reciclaje de nuestros docentes por áreas de producción donde se están introduciendo tecnologías novedosas. El profesor rota por ese sitio en un período que puede ir desde un mes hasta un año. Cuando regrese al aula tendrá un nivel de preparación superior y podrá ejercer con más calidad.

“También estamos trayendo especialistas de la producción a las escuelas. Los tenemos en todos los politécnicos, unos dando clases y otros como colaboradores de los maestros”.

—¿Cómo se comporta la retención de los estudiantes?

“La retención se mueve alrededor del 78 o 79 por ciento. Ha ido mejorando, siete años atrás era de menos de 50. No obstante, está dentro del grupo de especialidades con menor índice de retención”.

—¿Cómo se realiza la ubicación laboral de los graduados?

“Generalmente la Agricultura da respuesta a la ubicación laboral. Esa plaza se le otorga al joven. Nos estamos planteando tomar en cuenta para la ubicación el lugar donde el alumno de cuarto año hizo la práctica preprofesional. De esa forma, esa práctica constituye un adiestramiento, una especialización. No logramos hacerlo con todos, pero es muy bueno, el muchacho se identifica con su futuro centro de trabajo”.

—¿Es obligación hacer el servicio social?

—Por supuesto, son dos años. Eso está bien definido y el Ministerio de Trabajo lo exige. Lo que pasa es que hay jóvenes que ni siquiera se presentan en la entidad laboral y entonces ¿qué exigencia vas a hacer?

—¿No se les invalida el título?

“Se les puede invalidar, pero eso es responsabilidad del Ministerio de Trabajo. Ese muchacho lo entregamos al sector productivo graduado, y ese organismo, a través de los empleadores, es el que debe ocuparse del joven”.

(Tomado de www.juventudrebelde.cu)


 

 

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