| Al
final del túnel
Por Abel Sánchez, estudiante de Periodismo
El eco del disparo recorrió el trigal
perdiéndose en la lejanía. Azorada por el estampido,
una bandada de cuervos levanto el vuelo. Una mano temblorosa
dejo caer el revólver, mientras la otra oprimió
la herida sangrante en el pecho.
Dos días duró esta agonía. Junto al lecho
del moribundo el hermano menor, que acudió en el acto
al conocer la noticia, lloraba y sostenía la mano suicida
aguardando el inevitable fin. Su último cuadro, “Los
cuervos”, jamás seria terminado. Vincent van
Gogh, cansado de una vida atormentada e infeliz, decidió
acabarla.
Casos como este pululan en
la historia: el filósofo Sócrates bebe la cicuta,
Aníbal se envenena para evitar ser prisionero de los
romanos, un áspid clava sus colmillos en las carnes
de Cleopatra o Séneca corta
sus venas por las que escapaba el líquido vital.
- Si consultamos
la Biblia resaltan dos casos célebres recogidos
en el Antiguo y el Nuevo Testamento, respectivamente:
Sansón, quien implorando a Dios para recuperar
sus fuerzas, derrumbó las columnas del templo
de Jerusalén y quedó sepultado bajo los
escombros junto a miles de filisteos. Judas Iscariote,
por su parte, decide ahorcarse atormentado por la culpa
tras su traición a Jesús.
- En el Japón feudal encontramos
el rito del harakiri, técnica usada por los guerreros
samurais para limpiar su honor o evitar caer prisioneros
del enemigo.
- Con el auge e institucionalización
del cristianismo, el suicidio pasó de considerarse
una conducta honorable a un acto pecaminoso condenado
por la Iglesia, que promulgaba que el destino del hombre
estaba en manos de Dios; ello dio lugar a la difamación,
discriminación y persecución de personas
con conductas suicidas. |
Entre la sociología
y la medicina
En 1897 el sociólogo francés Emile Durkheim
publico un libro llamado “El suicidio: un estudio sociológico”,
el cual planteaba que atentar contra la vida propia es más
un fenómeno sociológico que un acto individualista,
o sea, consecuencia de una inadaptación social del
individuo. En cambio, otras teorías psicológicas
representadas por Sigmund
Freud y Karl Menninger solo reconocen en las agresiones
autoinflingidas mecanismos inherentes a la psiquis humana.
Actualmente quitarse la vida es visto como
una enfermedad y numerosos investigadores han estudiado el
fenómeno, ya que constituye un problema de salud a
nivel planetario. La Organización
Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 1 000 personas
se suicidan diariamente.
La conducta en Cuba
Sara, de 19 anos, llegó al hospital en estado de coma.
Después de someterla a un lavado gástrico y
enviar muestras a toxicología, los médicos encontraron
residuos de fenobarbital en su cuerpo. La joven permaneció
una semana en terapia intensiva y tres meses ingresada en
la sala de psiquiatría. Durante su tratamiento demostró
encontrarse bajo un severo estado depresivo. La rehabilitación
funcionó y hoy Sara se siente arrepentida, pero quedaron
secuelas imborrables: una disfunción renal la acompañará
para siempre.
¿Cómo explicar que un adolescente pueda optar
por el suicidio?
“A pesar de que no se ha hecho un
estudio nacional con valores estadísticos de importancia
–comenta el doctor Cristóbal Martínez,
profesor titular de la Facultad de Medicina Manuel Fajardo–,
tenemos ideas adquiridas mediante la experiencia, pero que
no se pueden tomar como verdades absolutas. Sabemos que las
principales causas por las que los adolescentes intentan quitarse
la vida, y a veces lo logran, son fundamentalmente debido
a problemas con su autoestima, conflictos familiares o situaciones
en la escuela, ya sea en las becas o en un técnico
de nivel medio.
“En ocasiones obedece a dificultades
con el rendimiento académico y eso les hace atentar
contra su vida. Fracasos amorosos, sobre todo entre las féminas,
las llevan a veces al intento suicida.
“Como rasgo general, influyen problemas
emocionales, a menudo en la esfera escolar, familiar o en
las relaciones con otros jóvenes. Hemos tenido casos
de varones discriminados debido su gesticulación, manera
de comportarse y de hablar. Se les tilda de homosexuales y,
por vergüenza, muchas veces acuden al suicidio. Son múltiples
los factores, pero estos son los más comunes.
“La adolescencia, el nombre lo dice,
es una etapa en la cual la persona es muy vulnerable porque
no se tiene las suficiente aptitud ni los recursos para enfrentar
determinadas situaciones, sin embargo ya la sociedad te exige
como adulto, cuando todavía hay una suficiente maduración.
“Lo anterior no significa que haya
más intentos de suicidio en la adolescencia que en
otras edades, sino que son más vulnerables”.
También asociadas a las conductas
suicidas en estas edades están la presencia de desórdenes
de la salud mental, el abuso del alcohol y las drogas, sensibilidad
excesiva ante eventos humillantes, desvinculación del
estudio, integración a grupos con inclinación
antisocial, antecedentes suicidas en la familia, disfuncionalidad
familiar, abuso sexual y el deterioro socioeconómico
de la comunidad.
“Un problema que se veía bastante
y sobre el cual se ha trabajado eran los prejuicios contra
las muchachas que salían embarazadas –apunta
la doctora Ana Sarracén, profesora asistente de la
Facultad de Medicina Calixto García–, muchas
preferían quitarse la vida antes de llegar a su casa
con un embarazo”.
Por otra parte, varios estudios demuestran
que en numerosos casos el adolescente lleva a cabo el intento
suicida por imitación, ya sea de algún familiar,
vecino o ser allegado. Igualmente está el fenómeno
que la medicina actual denomina efecto Werther,
en alusión a la novela del escritor alemán Goethe,
“Las desventuras del joven Werther”, en la que
el protagonista acude al suicidio como única salida
a sus conflictos amorosos, actitud seguida por miles de jóvenes
en toda Europa tras la publicación del libro.
Términos
médicos
El termino suicidio viene de las palabras
latinas sui (sí mismo) y caedere
(matar). En la terminología médica se
llama así a toda lesión autoinflingida
que provoque la muerte del individuo.
El intento suicida es, a diferencia
del anterior, cualquier acción mediante la cual
el individuo se causa una lesión, independientemente
de la mención y de la letalidad del método
empleado.
Este último se divide
en dos grupos: métodos suaves (ingestión
de psicofármacos, sustancias tóxicas y
otros medicamentos) y métodos duros
(sección de vasos sanguíneos, precipitación
desde alturas, ahorcamientos, sumersión, quemaduras
y uso de armas de fuego, entre otros). |
Algunos mitos en
torno al suicidio
Usualmente escuchamos frases como “el que se quiere
matar no lo anuncia”, o “el que lo anuncia no
lo hace”, admitidas con frecuencia cual si se trataran
de verdades absolutas e inamovibles.
“Esto es falso –asegura la doctora Paula Lomba
Acevedo, máster en Psiquiatría Social–,
el que lo hace casi siempre lo dice o lo expresa, pero muchas
veces las personas más allegadas no son capaces de
interpretar el mensaje o no lo toman en serio.
“También suele pensarse que
hablar sobre el suicidio con una persona que está en
riesgo, lo puede incitar. ¡Todo lo contrario!, porque
si uno tiene un problema y lo conversa con un amigo (no tiene
que ser un psiquiatra necesariamente), este, con las palabras
correctas y dando un enfoque positivo, puede ayudar a abrir
el abanico de posibilidades y mostrar otras alterativas que
uno no nota en ese momento. Esto desmiente el criterio de
que el psiquiatra es el único capaz de prevenir la
conducta suicida: lo previene la persona más cercana,
quien quiera que sea”.
¿Es posible
prevenirlo?
En 1988 surge en Cuba el Programa Nacional de Prevención
de la Conducta Suicida, que comenzó a aplicarse un
año después.
“Desde entonces hemos tenido saldos positivos –explica
la doctora Lomba–. Podemos asegurar que atendiendo a
los factores de riesgo, dando provisiones de atención
de salud mental a todos los niveles y manteniendo este programa
bien coordinado con todos los sectores de la sociedad, la
conducta suicida es prevenible. Lo demuestra la disminución
considerable que han experimentado las cifras en los últimos
años”.
Lo importante: el suicidio es un túnel
oscuro y sin salida; pero, absolutamente evitable. Mucho más
cuando apenas se ha empezado a vivir y quedan tantos atardeceres
por ver, tanta música por escuchar y remunerables camas
que deshacer.
No es tan difícil: basta la sonrisa
del ser amado, la mano de un amigo, el pecho de una madre
e, incluso, la voluntad propia, para alejamos de la tentadora
entrada al túnel… y seguir de largo.
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