| Homofobia,
la cara oculta
Hace ya algún tiempo recibimos el
siguiente artículo de uno de nuestros cibernautas,
Andrés García del Toro, estudiante de cuarto
año de Informática de la Universidad de Camagüey,
sobre el tema de la homofobia. Por considerarlo de interés
para nuestros lectores, lo publicamos aquí, y le adjuntamos
el criterio de uno de nuestros periodistas. Esperamos tus
comentarios.
Del 15 al 17 de mayo de 2008 se desarrolló
a lo largo de toda Cuba una serie de actividades para celebrar
lo que han llamado Día Nacional de la Lucha Contra
la Homofobia, que incluyó muestras de películas,
exposiciones de arte, conciertos, charlas, anuncios publicitarios
en la televisión nacional y otras muchas manifestaciones.
La consigna principal de este movimiento era: “La diversidad
es la norma”.
.
Lo novedoso de estos acontecimientos me hizo reflexionar hacia
dónde nos lleva esta corriente, qué consecuencias
puede traer para nuestra sociedad, para la familia, y qué
ha originado estas ideas.
Estoy completamente de acuerdo en
que es necesaria la diversidad. ¡Qué aburrido
si todos tuviéramos el mismo carácter o solo
existiera una nota musical! Ahora, cuando se trata de sexos,
¿no es suficiente la diversidad de que existan hombres
y mujeres?
Antes de continuar en la reflexión
me gustaría decirles que conozco y creo que las personas
con tendencias homosexuales son dignas de respeto, comprensión
y aceptación como las demás. Es verídico
que el número de personas con esta inclinación
en nuestro país se ha incrementado considerablemente
en las últimas décadas. Ya es algo cotidiano
ver las reuniones en los parques citadinos, las parejas en
las calles, mercados y otros establecimientos públicos.
Sin embargo, cotidiano no es igual a auténtico. A nadie
se le ocurriría declarar que robar es correcto solo
porque diariamente te cartereen en el ómnibus.
Mi intención no es menospreciar
a quienes se proyectan de esta forma. Lo que debe preocuparnos
es el apego a la enseñanza de que esta tendencia sexual
es algo normal, que es algo que nació contigo y no
lo puedes cambiar pues naciste para ser homosexual.
Nadie nace homosexual, es una decisión
que se toma en una etapa de la vida, de acuerdo a experiencias,
orientación, educación, principios e información
social. Todas las teorías para intentar probar como
hereditarias o biológicas las orientaciones hacia el
mismo sexo son solo eso, teorías. Por tanto, enseñar
esto aun en escuelas primarias y secundarias, donde sabemos
se forman los conceptos básicos de las futuras generaciones,
es peligroso. En esta etapa los niños se proyectan
de acuerdo con la información que reciben, cualquiera
pudiera sentirse confundido ante afirmaciones incorrectas.
Enseñar a respetar las diferencias no es lo mismo que
apoyar y difundir una idea como estándar social.
Las estadísticas muestran
que la población cubana está envejeciendo, debido,
entre otras causas, al aborto y el bajo promedio de nacimientos
por parejas. Si a eso le agregamos la unión de hombres
con hombres y de mujeres con otras féminas, que no
provee hijos, podemos percatarnos de que se acerca una crisis.
Considerando la publicidad que en
el presente se da a esta orientación sexual en programas
de televisión y radio, es probable que la cantidad
de personas que la posean se duplique en un periodo de cinco
años. Esto nos restaría un gran porcentaje de
población joven, lista para engendrar y criar hijos.
Si a eso le sumamos el deseo que tienen las parejas homosexuales
de tener niños, ya sea mediante la adopción
u otro método, podemos darnos cuenta de que esta cifra
aumentará. Los niños formados en estos hogares
tienen 90 por ciento más de probabilidades de seguir
las inclinaciones sexuales de sus padres.
Las recientes propagandas televisivas
no solo apoyan a aquellas personas que han decidido seguir
este estilo de vida, sino que incitan a hombres y mujeres
casados a tener relaciones con individuos de su mismo sexo.
Este es el caso de la película “El Secreto de
la Montaña” y un documental preparado por Centro
Visión Yayabo, en el cual dos hombres se visten después
del acto sexual en el momento en que entra la que parece ser
esposa de uno de ellos.
Si entendemos que esta propaganda
tiene gran influencia sobre la población cubana, debemos
alarmarnos. La mayoría de las personas en un momento
determinado se han sentido atraídas por personas de
su mismo sexo, ya sea durante la niñez o en la juventud;
no obstante, esta no es una indicación de desviación
sexual, pues se trata de épocas de formación
de conceptos y toma de decisiones.
Algunos guardan estos sentimientos
y se sienten culpables de ellos constantemente, como un fantasma
que los persigue. Tienen miedo a seguir estas inclinaciones,
ignorando que tienen el poder para decidir. Otros los eluden
y los toman como algo pasajero, y al transcurrir el tiempo
ni se acuerdan de ese momento.
También hay quienes, por
ser afeminados durante su niñez, reciben en todos los
lugares el cartel de homosexual. Eso trae como consecuencia
que se vean por el lente de los demás, de tal modo
que aunque quieran, no se imaginan siendo diferentes. El sufrimiento
interior los va desgastando al darse cuenta de su incapacidad
de ser distintos. Luego se cansan de luchar y deciden vivir
conforme a sus deseos.
Si tomamos en cuenta lo anterior,
podemos ver que las campañas publicitarias tendrán
efecto aun en aquellos hombres que han decidido asumir su
sexualidad, y más cuando la filosofía de vida
de nuestra sociedad es: «has todo lo que te haga sentir
bien». La trampa que encierra esta máxima es
que no todo lo que nos hace sentir bien contribuye a nuestro
desarrollo personal; es decir, no todo lo que nos complace
hoy trae buenas consecuencias para el mañana.
Lo dicho anteriormente es muy peligroso, ya que nuestro país
tiene uno de los más altos índice de divorcios
del mundo. Con la añadidura de las separaciones de
parejas heterosexuales que después de años de
casados deciden vivir con personas de su mismo sexo, la cifra
se hace temible.
Además, la mayoría
de los que se inclinan hacia la homosexualidad provienen de
hogares de padres divorciados, padres alcohólicos,
abusos sexuales o cualquier otro problema que los priva de
recibir durante su niñez un ambiente de amor y apoyo
.La decisión de divorciarse es solo un momento, pero
las consecuencias se transmiten de generación en generación,
sobre todo cuando hay hijos. Sé que hay muchas personas
preocupadas por el futuro de nuestro país y están
intentando hacerlo mejor, pero no basta intentarlo. Es necesario
mirar a lo lejos y ver que el laberinto se cierra por todas
partes y es nuestra responsabilidad las decisiones que tomamos
Me gustaría señalar el peligro para la salud
de nuestras futuras generaciones, no como un comentario homófono,
sino como una advertencia para nuestro país, pues sé
que hay muchas personas a quienes les importa realmente la
juventud cubana.
Está probado que la promiscuidad
en las personas con inclinaciones homosexuales es mayor que
en las personas heterosexuales. Se han conocido casos de hombres
que han tenido más de quinientas parejas. Quizás
por esto al principio el VIH fue conocido como GRID (Inmunodeficiencia
relacionada con los Gays). El Síndrome de Inmunodeficiencia
Adquirida (SIDA) se describió, por primera vez, en
junio de 1981, en hombres jóvenes y homosexuales, y
para fines de ese año ya habían diagnosticado
422 casos y 159 muertes. Solo tres años después
había 11 055 casos de SIDA en EE.UU. y 5 620 muertes.
El constante cambio de pareja trae
consecuencias dañinas para la salud mental y física,
especialmente en los hombres, pues la penetración anal
provoca dolor agudo, hemorroides y sangramientos. Los hombres
o mujeres que reciben penetración anal corren el riesgo
de contraer la infección clamidial en el recto, lo
cual puede causar dolor rectal, secreciones o sangrado. En
ocasiones, la infección se propaga al epidídimo
(el tubo que conduce el esperma desde los testículos)
y provoca dolor, fiebre y, algunas veces, esterilidad.
Estas relaciones no son fisiológicamente
correctas, porque la mucosa rectal no está preparada
para el acceso del pene, el cual, al producir fricciones sobre
la misma, puede lesionarla con relativa facilidad. El recto
está destinado a asimilar los últimos alimentos
útiles. Para ello contiene unos vasos linfáticos
muy desarrollados, que reabsorben casi todo; y su conducto
normalmente no se abre, excepto para descargar estos contenidos
y detritus. La frecuente penetración anal conduce al
escape de material fecal que fácilmente puede llegar
a ser crónico.
El semen depositado en el recto
tiene un efecto inmunosupresor, por lo que aumenta el riesgo
de contagio de enfermedades venéreas y de otras como
la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida.
La lista de enfermedades más frecuentes entre hombres
que practican la homosexualidad es alarmante: cáncer
anal, herpes simple virus, el VIH, el virus de papiloma, isospora
belli, microsporidia, gonorrea, hepatitis viral tipo B y C,
sífilis, etc. No debemos permitir que nuestra juventud
sufra todas estas consecuencias.
Por último me gustaría
decir a aquellos que quieren vivir plenamente, que un hombre
y una mujer se distinguen por sus deseos más profundos,
intenciones, maneras de sentir y pensar únicas de cada
sexo más que por sus genitales, vellos y ropas con
que visten. Aunque desaparezca todo rasgo físico de
quiénes fueron, y exteriormente se conviertan en otras
personas, en su interior siguen siendo iguales; con sus mismos
anhelos, sueños y propósitos. Es tiempo de buscar
una solución que en verdad los ayude a desarrollar
su identidad, a encontrar la aceptación y felicidad
que tanto anhelan y merecen.
Andrés García del Toro, estudiante de cuarto
año de Informática de la Universidad de Camagüey.
Respeto la opinión de Andrés, como también
respeto la diversidad; pero colocarse en los extremos suele
conducir a eso: caer en el extremismo.
Frecuentemente, afanados en la búsqueda visceral de
elementos que sustenten nuestros criterios, frisamos lo irracional.
Y no me parece justo medir con el mismo rasero a un homosexual
que a un delincuente, solo por el hecho de no compartir la
orientación sexual de aquel.
Se puede ser un perfecto ratero y al mismo
tiempo homo, hetero o bisexual, como también se puede
ser completamente auténtico, independientemente de
nuestra orientación sexual.
En cambio, si lo que queremos es criticar,
entonces sobrarán bases que sustenten, repito, nuestros
criterios y, de no existir, las inventaríamos. Hace
algunos años, el antropólogo alemán Jahn
Jaheinz diría:
“(…) quien espera ver en sus congéneres
a necios, tontos o diablos encontrará suficientes pruebas
que confirmen sus prejuicios. Quien esté convencido
de que el otro no puede cantar, no tiene más que designar
su canto como graznido o aullido para considerar que tiene
la razón. Solo hace falta aplicar un determinado vocablo
para transformar sin dificultad a los dioses en ídolos
(…)”.
¿De qué modo puede entenderse,
entonces, que una celebridad científica como el ganador
del Nobel, James Watson, premiado por describir una estructura
tan revolucionaria como el ADN, haya dimitido de su puesto
en un destacado centro de investigación de EE.UU. tras
haber cuestionando la inteligencia de los africanos?
Esto también es aplicable a la sexualidad
y, respecto a la aceptación –o mejor, el respeto–
de la diferencia, más que un retroceso, constituye
un logro que hemos alcanzado; pues la humanidad ha vivido
años, siglos, eras, arrastrando un “estándar”
falocéntrico, homofóbico y hasta hipócritamente
machista.
¿Será que los heterosexuales no se sienten tan
«fuertes» como para mantenerse, solo porque los
medios llamen a la tolerancia?
Cierto que el índice de divorcios
se ha disparado, pero no es consecuencia del aumento de la
homosexualidad, sino de las libertades alcanzadas en el terreno
social y de la independencia de la mujer.
También, justo es reconocerlo, muchos
homosexuales son portadores del VIH-SIDA y otras ITS, pero
ellos no son la CAUSA. El origen está en las relaciones
sexuales desprotegidas e irresponsables, que es otra cosa.
Por último, no hacemos propaganda
hacia esta o aquella opción sexual, sino que respetamos
las decisiones de cada cual, algo que hace mucho tiempo está
refrendado en la Constitución de la República
de Cuba.
Aun así, quienes no están
de acuerdo, también son aceptados. De hecho, publicamos
dos criterios diferentes, sin que por ello entremos en el
Apocalipsis, porque sencillamente nos mueve eso: el respeto
a la diferencia.
Mongui
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