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María y Antonio, juntos en la paz, la guerra y el exilio
Por Matilde
Salas Servando

Foto tomada a María Cabrales
en 1899.
(Tomada de www.digitalgallery.nypl.org) |
La santiaguera María Cabrales
Isaac es un honroso ejemplo de las mujeres cubanas en la lucha
por la libertad de la Patria, y por mantener en alto la dignidad
de su pueblo. La historia de Cuba la recoge como una mujer de
grandes valores, a quien los lazos de amor, respeto e ideales
la llevaron a sellar su unión con el Lugarteniente
General Antonio Maceo, en el matrimonio que celebraron dos
años antes de comenzar la Guerra
de los Diez Años.
Es la misma María Magdalena
que se mantuvo junto al recio luchador con fidelidad y amor
durante tres décadas, compartiendo su suerte por igual,
en medio de las vicisitudes de la manigua, que en la amargura
del exilio o la paz. En la unión de María Cabrales
y Antonio Maceo, nunca se midieron las adversidades, sino
los lazos del amor.
Un honroso modelo de cubanía
De la unión de Antonio Maceo y María Cabrales
nacieron dos hijos, que murieron cuando eran pequeños,
durante la estancia de sus padres en la manigua. Junto a Mariana
Grajales, la madre de Antonio, y otras mujeres, María
Cabrales atendía a los heridos de la guerra en un hospital
de campaña.
Cuando se reanudó la guerra en 1895,
María fundó clubes patrióticos y continuó
como agente y enlace principal de su esposo, mientras distribuye
noticias de las campañas libradas por los mambises.
Al terminar la guerra, tras la muerte en
combate del Lugarteniente General Antonio, María volvió
a Santiago
de Cuba y fundó el Asilo de Huérfanos de
la Patria, para atender a los niños que habían
perdido a sus padres en la guerra de independencia.
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