| Juglar
de la pizarra y el puntero
Por Pavel

Jorge Yornie reconoce que a la vez
que enseña, aprende de sus alumnos.
(Foto: Wildy) |
Para Jorge Yornie Blen Palacio las sendas
preestablecidas y los destinos fijados constituyen una absurda
invención. Rindiéndole tributo a aquel clásico
tema musical de Joan Manuel Serrat, este joven Profesor
General Integral (PGI), de la Escuela Secundaria Básica
Experimental José
Martí, en Ciudad
de La Habana, continúa “haciendo camino al
andar”.
Su historia nada tiene que ver con las tradicionales
anécdotas de vocaciones descubiertas durante la niñez
o profesiones asumidas en honor a ancestrales costumbres familiares.
Al concluir noveno grado barajaba
la posibilidad de ser desde Instructor de Arte, dada su afinidad
por el canto, hasta mecánico naval. Sin embargo, terminó
optando por impartir clases en este nivel de enseñanza,
una labor que no le ha impedido seguir explotando sus dotes
artísticas.
Vincular la música y la educación
es hoy día para Yornie (así se le conoce en
la escuela), una realidad cotidiana. Lucidez, responsabilidad
y sentido práctico caracterizan a este muchacho, que
cada día pone a prueba su capacidad para renovar los
sueños y apuntalar su futuro.
Con Somos Jóvenes
compartió algunas de sus experiencias, y desde las
primeras palabras la pasión ya le brotaba por los poros.
“El programa de los PGI ha llegado para quedarse. Aunque
todos estamos muy jóvenes, nos enfrentamos sin titubear
a un aula, casi siempre con el máximo de responsabilidad”.
SJ: Las críticas sistemáticas
a estos nuevos profesores se sienten en muchos niveles de
la sociedad. ¿Cuáles deficiencias le ves al
programa?
“Creo que ha veces falla el vínculo
de los maestros con los estudiantes, por diversos motivos.
En mi caso particular, estuve casi un año como reserva
y solo después pude tener a un grupo fijo, al cual
dar seguimiento responsablemente, interesándome por
cada detalle de la formación de los alumnos. Es evidente
que nos falta la confianza de muchas personas, en ocasiones
nuestra propia familia, pero eso no es difícil de alcanzar,
siempre que demos pruebas de una sólida preparación
académica, política e ideológica”.
SJ: ¿El mayor reto?
“Ganarse el respeto de un grupo de
alumnos, que tienen apenas unos años menos que uno.
Convertirse en ejemplo para ellos es una tarea mucho más
ardua que lograr el apoyo del resto de la sociedad”.
SJ: ¿Qué valores deben
distinguir al PGI ideal?
“Ya mencioné la preparación
en el plano político e ideológico. También
debe existir un dominio de la metodología para impartir
las clases, un conocimiento profundo de las asignaturas que
enseñas. Ser, ante todo, un ejemplo humano a seguir:
honesto, solidario, imprescindible”.
SJ: Según tu experiencia,
la enseñanza continúa siendo un ejercicio de
creación. ¿Cómo explicas la relación
de la música con las clases?
“El interés por el canto lo
he tenido siempre. En la escuela he explotado las potencialidades
de las canciones para transmitir un mensaje. Asimismo, las
clases me ayudan a mejorar el vocabulario, a insertarme más
en las problemáticas del mundo actual y de ahí
compongo temas de mi inspiración, que tienen como fuente
nutricia el presente, la realidad diaria. Sin embargo, no
pienso sustituir la labor de maestro por la de músico,
ya que ambas para mí son importantes”.
SJ: ¿Qué puedes adelantarles
a aquellos muchachos que pretenden seguir tus pasos?
“La única exhortación
por hacer es que se preparen de manera constante. Esta profesión
no es fácil, pero tampoco difícil, simplemente
requiere de mucha consagración, dedicación y
amor. Al final descubres que puedes enriquecerte con ella.
Quizá sea la única profesión en la cual
no solo enseñas, sino que aprendes también.
Tal beneficio hace que el esfuerzo valga la pena”.
|