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Aquel abril de la huelga
Por Pedro García

Faustino Pérez, uno de
los principales dirigentes dle levantamiento.
(Foto: Archivo)
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Cuentan los veteranos de la radio que aquella
mañana un conocido narrador deportivo se hallaba trabajando
como locutor en una de las emisoras de la capital. Eran tiempos
difíciles, a las penurias económicas se le añadía
la feroz represión: todos los días aparecía
un joven asesinado por la dictadura batistiana.
Cerca de las 11 de la mañana,
el operador de audio llamó al locutor: “Este
es el disco… Llegó la hora cero de la Revolución”.
Y sin transición alguna, lo puso: “Recordati,
Marcelino, sole pane y sole vino…”. A la mitad
de la canción, se escuchó una arenga: “Atención,
cubanos. Atención. Es el 26 de Julio llamando a la
huelga general revolucionaria. Desde este momento, comienza
en toda Cuba la lucha final que solo terminará con
el derrocamiento de la dictadura…”
Había comenzado la huelga de 9 de
abril de 1958.
Un poco de historia
En abril de 1958, la insurrección contra la tiranía
batistiana vivía un momento de auge. En la Sierra Maestra,
el Ejército Rebelde encabezado
por Fidel cosechaba victoria tras victoria. Dos nuevas columnas
rebeldes —la 6, comandada por Raúl, y la 3, bajo
el mando de Almeida—, fundaban dos nuevos frentes guerrilleros
en la Sierra Cristal y los alrededores de Santiago, respectivamente.
En la estrategia del movimiento revolucionario,
la realización de una huelga general en todo el país,
acompañada por acciones armadas, daría el golpe
de gracia ala tiranía. La dirigencia del Llano, sobrevalorando
las posibilidades de la guerrilla clandestina, consideraba
que en abril de 1958 estaban dadas todas las condiciones para
esa huelga.
Sin una correcta coordinación con
otras fuerzas revolucionarias, tal como siempre había
orientado Fidel; con grandes fallas en la organización
(no había armas para todos los combatientes que se
movilizaron), la dirigencia del Llano del Movimiento
26 de Julio se lanzó a la huelga.
Heroísmo de
toda Cuba
Se luchó y murió en toda Cuba. En la capital,
un grupo de jóvenes asaltaron la Armería de
la calle Mercaderes y solo una casualidad, ya ocupadas las
armas, les impidió repartírselas a los demás
comandos acampados en La Habana Vieja. Todo el comando murió
en un enfrentamiento desigual con la policía.
En el Cotorro los jóvenes derrocharon
coraje. Guanabacoa estuvo bajo el domino absoluto de los revolucionarios
durante horas.
Hubo acciones de envergadura en Matanzas,
Santa Clara, Camagüey, Santiago
de Cuba y otras localidades.
A mediodía, la huelga fue decreciendo.
Las faltas de coordinación ya apuntadas impidieron
que el paro en el sector del trasporte fuera unánime.
Marcelo Salado, dirigente del Movimiento en
la capital, fue a reunirse con los dirigentes obreros. En
la esquina de las calles G y 25, a solo dos cuadras del lugar
de reunión, lo interceptaron los esbirros de la tiranía
que casualmente pasaban por allí. Fue masacrado en
plena vía pública, ante los clientes y empleados
del garaje ubicado en esa intersección.

Monumento que recuerda a los mártires
de la huelga en Sagua la Grande.
(Foto: Archivo) |
Sagua, la heroica
Aislada, cuando la huelga agonizaba en toda Cuba, la heroica
localidad villareña de Sagua la Grande fue víctima
de la peor de las represiones por parte de la tiranía
batistiana.
Entre los revolucionarios sagüeros
había uno de quien nuca se ha podido averiguar el nombre.
Apareció un día en el pueblo y trabajaba en
lo que podía: cargando sacos, barriendo pisos, pero
jamás dijo cómo se llamaba. Le conocían,
simplemente, como El Desconocido.
El día de la huelga, dice la tradición
oral, El Desconocido sacó una pistola de su jolongo
y apoyó a los revolucionarios. Y murió con ellos.
Hoy su tumba sin nombre siempre tiene la flor de un pionero.
Revés y victoria
Quince días después del fracaso de la huelga,
Fidel escribió a los combatientes del Llano: “Tengo
la más firme esperanza de que en menos de lo que muchos
son capaces de imaginar, habremos convertido la derrota en
victoria”.
No se equivocaba. La tiranía se obnubiló
con el revés revolucionario y organizó la cacareada
Ofensiva Final o Plan FF (Fin de Fidel), que en poco menos
de tres meses fue derrotada por el Ejército Rebelde.
Camilo
y el Che invadieron Las Villas.
Los combates de Guisa, Yaguajay, Maffo, Palma Soriano y Santa
Clara fueron abrumadoras victorias rebeldes.
La huelga general revolucionaria del 2 de
enero de 1959, esta vez sí con organización
y correctas coordinaciones, consolidó el triunfo revolucionario.
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