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El Primero de Mayo en Cuba

(Foto: Archivo) |
El proletariado cubano tiene el honor histórico
de haber participado en el estreno mundial del Día
Internacional de los Trabajadores, el primero de mayo de 1890,
fecha acordada un año antes por el Congreso de la II
Internacional efectuado en París.
A pesar de que el movimiento obrero cubano era incipiente
por entonces, aquella lucha tuvo eco cuando el Círculo
de Trabajadores de La Habana organizó el Primero de
Mayo de 1890 un desfile que culminó en un acto con
más de 3 mil personas y una veintena de oradores.
Cuba se encontraba bajo el dominio de España. Después
de aquel suceso no es de extrañar que las movilizaciones
para conmemorar la efeméride transcurrieran en locales
cerrados hasta quedar totalmente prohibida.
Los primeros años de república
mediatizada
La República de Cuba, como Estado ante el mundo, nació
el 20 de mayo de 1902. Tenía himno y bandera propios,
pero no era el sueño por el que luchó y murió
más de una generación de revolucionarios durante
treinta años contra la metrópoli europea.
Aquella seudorrepública carecía de absoluta
independencia y soberanía. El poderoso y ambicioso
gobierno de Estados Unidos intervino arbitrariamente en nuestra
gesta independentista e impuso un estado neocolonial.
El panorama obrero por entonces hacía suponer, como
realmente fue, la ausencia de una celebración destacada
del Día Internacional de los Trabajadores si tenemos
en cuenta que: nuestro proletariado era limitado, débil
en organización y en conciencia clasista y la precaria
situación de la posguerra que padecía la Isla.
Al terminar la dominación yanqui y a medida que la
clase obrera restablecía sus organizaciones gremiales,
el Primero de Mayo comienza adquirir mayor significación.
Se destacan por su trascendencia los celebrados en 1918 y
1919, cuando se patentizó la solidaridad con el naciente
estado soviético dirigido por Lenin.
Etapas difíciles
Muy relevantes fueron las celebraciones durante la década
del 20 caracterizadas por huelgas y actos para denunciar la
explotación de los gobiernos de turno y la burguesía.
Por ejemplo, en 1925, durante la dictadura de Gerardo Machado,
comienza una etapa de ofensiva antiobrera, encarcelamientos,
persecuciones y asesinatos que muchas veces obligaron a los
líderes proletarios a realizar actos riesgosos.
Bajo ese sangriento régimen, el Primero de Mayo de
l930, tuvo lugar la brutal represión policial contra
el pueblo que celebró el Día Internacional de
los Trabajadores, con decenas de muertos y heridos en La Habana.
En los años siguientes grupos anarquistas, reformistas
y militante comunistas, por separado, efectuaron reuniones
y actos alusivos a la efeméride. Los periódicos
de la burguesía, en su mayoría, restaban importancia
a esos hechos.
Entre 1939 —a partir de la fundación de la Confederación
de Trabajadores de Cuba (CTC), en enero de ese año—
y 1947 cuando se produce la forzosa división del movimiento
obrero cubano por elementos gangsteriles, hubo grandes desfiles
organizados por los combatientes proletarios.
Luego vino una etapa de falso sindicalismo y demagogia que
se extendió hasta 1958. De ahí que con excepción
de los actos y mítines clandestinos realizados por
líderes unitarios, la celebración del Primero
de Mayo carecía de su verdadera esencia proletaria.
La clase obrera en el poder
En 1959 la clase obrera cubana recobró su unidad con
el triunfo de la Revolución dirigida por Fidel Castro
Ruz. Desde entonces la gran efeméride reúne
a millones de trabajadores, campesinos estudiantes y miembros
de las Fuerzas Armadas a todo lo largo y ancho del país.
En estos 47 años cada Primero de Mayo ha tenido sus
propias características, sin embargo, todos muestran
el sentimiento patriótico y antiimperialista de todo
un pueblo.
Desde el mismo año 1959 en que con motivo del Día
Internacional de los Trabajadores por primera vez en nuestra
historia un millón de personas de las tres provincias
occidentales — obreros, campesinos, estudiantes, soldados,
intelectuales— estrenaron como área de concentración
del pueblo la entonces Plaza Cívica, actual Plaza
de la Revolución José Martí, en La
Habana, se puso de manifiesto la principal arma con que
contarían a partir de entonces los cubanos para defender
su derecho a decidir por sí mismos su futuro: la unidad.
Ese gran poder de convocatoria de los primeros de mayo los
ha convertido en estos 45 años en formidables episodios
del gran combate de la Revolución frente a las más
disímiles maniobras de sus enemigos.
En 1961 fue una reafirmación del rumbo socialista defendido
con las armas hasta conquistar la victoria sobre la agresión
mercenaria de Playa
Girón; en 1963, ratificó la valentía del
pueblo que lejos de amedrentarse ante el riesgo real de desaparecer
en medio de una conflagración nuclear, se puso en pie
de guerra para preservar a toda costa su soberanía
y dignidad.
En 1980 se inscribió en una batalla de masas como jamás
se había librado en la historia de la Revolución.
Ese año estuvieron las provocaciones en embajadas con
la complicidad de lumpenes, que costaron la vida a un joven
custodio; la instigación a las salidas del país;
amenazas de maniobras en la Base Naval de Guantánamo;
violaciones del espacio aéreo cubano por aviones espías
y otras acciones agresivas que conformaron un ambiente de
hostilidad que tuvo rotunda respuesta en las marchas del pueblo
combatiente. Esta modalidad de respuesta revolucionaria fue
adoptada en la conmemoración del Día Internacional
de los Trabajadores, en la que Fidel anunció la creación
de las Milicias de Tropas Territoriales, como una fuerza compuesta
por hombres y mujeres, obreros, estudiantes, campesinos, todos
los que estuvieran dispuestos a combatir.
Después vinieron los Primeros de Mayo en la década
del 90, en una coyuntura sumamente compleja, donde se sumó
al recrudecimiento del bloqueo estadounidense la caída
del campo socialista y la desaparición de la Unión
Soviética.
Muchos pensaban que la Revolución cubana iba a desmoronarse,
algunos en Miami hasta hicieron sus maletas y sus planes para
arrasar con todo. Supusieron que en el pueblo iba a cundir
el pesimismo y el desaliento, pero los trabajadores cubanos
en 1991 conmemoraron su Día Internacional con tal fervor
revolucionario que fue calificado por Fidel como "un
desfile excepcional en condiciones excepcionales".
El representante de la Federación
Sindical Mundial aseguró que había sido la demostración
más grande que había tenido lugar en el mundo.
Allí se encarnaba la voluntad de todo un pueblo no
sólo de resistir sino de seguir adelante, sin dejarse
vencer por las dificultades.
Se continuaron las celebraciones con la satisfacción
de que los sacrificios empezaban a dar frutos, y el país
avanzaba, con nuevas ideas y planes de beneficio para todos
los cubanos. Mientras los peligros se hacían más
graves: una dictadura militar mundial se entronizó
en Estados Unidos y desató la guerra con el pretexto
de combatir el terrorismo, Cuba volvió al centro de
la mirilla de Washington y desplayó una guerra mediática
sin precedentes, en un intento por justificar ante la opinión
pública internacional, una posible agresión.
Y así se han sucedido los Primeros de Mayo en Cuba,
siempre con la participación de la juventud en cada
desfile, en cada marcha, en cada rincón de Cuba donde
se ha celebrado la fiesta internacional del proletariado.
(Tomado de
Radio Habana Cuba digital)
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