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Urselia, la alumna del Instituto de La Habana
Por
Matilde
Salas Servando
El parte del Observatorio Nacional correspondiente al martes
3 de septiembre de 1957, indicaba que en Cuba el Sol saldría
a las 6:12 minutos de la mañana, y el pronóstico
del tiempo indicaba que soplarían vientos flojos a
frescos, del este al nordeste.
Ese día se abrieron temprano las
puertas del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana,
para recibir a los estudiantes que examinarían diversas
asignaturas. En el grupo estaba la alumna de cuarto año
Urselia Díaz Báez, con el objetivo de hacer
su prueba final de Ciencias Naturales.
Urselia saludó a todos con su habitual
sonrisa. El portero del centro no le permitió pasar
al interior del plantel. Usó como pretexto que ella
tenía un vestido con un escote en forma de V y él
estimaba que no podría entrar a la escuela vestida
de esa forma.
Pero la verdad era otra.... No la querían
allí porque era una dirigente estudiantil, perteneciente
al Movimiento Revolucionario
26 de Julio, con fuerte arraigo entre el alumnado. Una
joven a quien temían porque la sabían capaz
de contar con el apoyo de sus compañeros, y por eso
deseaban que estuviera bien lejos del centro: Pero Urselia
no se amilanó: fue a una tienda cercana y compró
una estola, se la puso encima de los hombros y entró
al aula para efectuar el último examen del cuarto año
del Bachillerato, pues su mayor anhelo era estudiar Medicina
en la Universidad de La Habana.
La familia de Urselia Díaz Báez
la formaban sus padres, Roberto y Ofelia, y Manolito, su hermano
menor. La magnífica relación existente entre
madre e hija se puso de manifiesto en las palabras de la primera,
cuando en una ocasión expresó: “Me tenía
confianza, todo me lo decía. No le preocupaba morir,
estaba consciente de que ese sería, en muchos casos,
el precio de la libertad. Siempre repetía que por uno
que muriera se levantarían otros”.
Como cualquier chica de su edad, Urselia tenía también
un novio, quien además era su compañero de aula
y en la lucha revolucionaria: Tony
Briones Montoto. A los dos se les veía en diversas
manifestaciones callejeras, con alumnos de otras escuelas,
para protestar contra la dictadura de Fulgencio
Batista.
En enero del 57, Urselia vio a Tony por última vez,
cuando lo despidió en el aeropuerto internacional José
Martí cuando él viajaba hacia el exilio en México,
pues su vida peligraba. Ese día los acompañaba
la mamá del joven, Dulce María Montoto, quien
durante su juventud fue una luchadora muy destacada contra
el gobierno de Gerardo Machado,
Durante los meses siguientes, la tiranía
batistiana se esforzaba en dar una apariencia tranquila a
los convulsos días que se sucedían en la capital
cubana.
En la prensa del 1ro. de septiembre de 1957
aparecían, con ilustraciones y grandes titulares, los
ofertas que se presentarían al público en los
centros nocturnos y teatros durante las jornadas venideras.
La sección de Cine del diario Información
anunciaba una gran temporada donde exhibirían en estreno
exclusivo el filme norteamericano “Designios de mujer”,
en las salas de un importante circuito que incluía
al céntrico cine América.
El martes 3 de septiembre de 1957, después
de salir de su examen en el Instituto de La Habana, Urselia
y otros compañeros fueron a tomar refrescos en una
cafetería cercana al plantel. Los clientes sentados
cerca sólo les oían hablar de las clases, los
exámenes, las asignaturas y otros temas juveniles,
pero lo cierto era que estaban ultimando detalles sobre lo
que más tarde se conoció como la Operación
América. Ésta era parte del proyecto organizado
por la Sección de Acción del Movimiento Revolucionario
26 de Julio para la lucha clandestina a la que pertenecía
la joven. Se preparaban para protestar por los festejos auspiciados
por el gobierno para el 4 de septiembre, en ocasión
del aniversario del primer golpe de Estado de Batista.
En esa ocasión Urselia llevaba un
bonito vestido confeccionado con una tela estampada, de falda
amplia, en la que podía ocultar, sin que se notara,
la bomba-reloj que tenía muy bien atada al muslo con
una cinta adhesiva.
Según el plan, el artefacto se pondría en el
salón del servicio sanitario para mujeres del teatro
América. Debía estallar a una hora determinada,
en que hubiera poco público en el lugar, pues tenía
como único objetivo lograr que la población
no frecuentara los centros de diversión. El mecanismo
falló y la bomba explotó en manos a la muchacha,
quien sufrió graves heridas que le causaron la muerte.
Muerta por una bomba
en un cine, una mujer, anoche
Con ese titular, insertado en una columna
de una página interior del diario habanero Información,
se recogía la muerte de Urselia Díaz Báez.
El párrafo inicial decía:
“Una bomba de reloj estalló anoche a las 9:15
en el salón de señoras de un teatro de Galiano,
destrozando el cuerpo de una mujer y causando daños
que esta madrugada no habían sido calculados...”
Luego de dos días de intensas gestiones
por parte de sus allegados para recuperar los restos de la
muchacha, los esbirros entregaron el cadáver destrozado
de Urselia, la joven estudiante del Instituto de La Habana,
que se convirtió en la primera mujer en dar su vida
en la lucha clandestina.
Las fuerzas policiales se ensañaron
con la familia. La casa donde vivió fue prácticamente
saqueada y el padre detenido dos veces, mientras aún
estaba insepulta la joven combatiente. De ese modo trataban
de impedir que el sepelio se convirtiera en un multitudinario
acto de protesta contra la tiranía batistiana.
A pesar de las drásticas medidas
de vigilancia, el entierro de la estudiante, efectuado en
el cementerio local, constituyó una verdadera manifestación
de duelo popular en el poblado citadino de Guanabacoa, donde
había nacido 18 años atrás.
La valerosa combatiente pasó a formar
parte del grupo de las valerosas mujeres que con su ejemplo
han conformado la Historia de nuestro país.
Ese día, la prensa recogía
en una pequeña información el parte del Observatorio
Nacional, donde se indicaba a una columna que esa noche habría
luna llena.
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