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Una entrevista a Godefroid Tchamlesso que nunca perdió
actualidad
Tatu y los hombres que lo acompañaron
Por Antonieta
César González

(Foto: Joaquín Hernández
Mena) |
Único jefe intermedio congolés
sobreviviente de la guerrilla del Che
y de Laurent Desiré Kabila, Dihur Godefroid Tchamlesso
acaba de recibir la Medalla de la Amistad que otorga el Consejo
de Estado de Cuba a propuesta del Instituto
Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). Este amigo condecorado
fue enlace entre los dos grandes jefes participantes en la
lucha del Congo. Estudió y ejerció en Cuba como
periodista de la agencia
Prensa Latina, y declaró en el acto de condecoración
su voluntad de que el descanso definitivo de sus restos sea
en esta tierra solidaria, de la cual se considera un producto,
y sobre todo, del Comandante Fidel Castro.
Finalizaba el siglo XX cuando entrevisté a Tchamlesso
en la casa del reparto Guiteras donde residía con su
familia, pero la redacción del material coincidió
con la conversión del periódico
Trabajadores en semanario, y fue necesario aplazar la
publicación.
Traspapelado posteriormente y felizmente recuperado, el texto
aparece para ser conocido y ofrecer detalles e interioridades
muy ligadas a la historia de los movimientos de liberación
en África. Cuanto se dirá a partir de ahora
se ajusta a lo dicho entonces, con entera vigencia histórica.
“La primera vez que lo vi venía con su uniforme
verde olivo y su boina. Se presentaba oficialmente a un llamado
de los patriotas lumumbistas. Había concluido su misión
en la Organización
de las Naciones Unidas, donde reiteradamente llamó
a vengar el crimen del Congo, y tras recorrer varios países
de Asia y África, estaba frente a los congoleses satisfecho
y dispuesto a luchar”.
Debieron pasar algunos meses antes de que
Tchamlesso viera al Guerrillero Heroico por segunda vez, cuando
ya le habían puesto Tatu, que en lengua
swahili significa tres y coincide con Tercer
Hombre.
Ese día del encuentro, el entrevistado está
solo en Dar-Es-Salaam, la capital tanzana, Kabila ha partido
a El Cairo para tratar de limar asperezas y divergencias en
el seno del movimiento. Ante la ausencia del jefe, el joven
sustituto toma la decisión de cruzar a los cubanos
hacia la base de apoyo a través de 50 kilómetros
del lago Tanganika.
Pero entra la sorpresa, habían acordado que los participantes
fueran negros. Esta persona que se acerca, a pesar de algunos
elementos que lo disfrazan, le parece conocida. Se lo dice,
pero el sujeto lo niega y asegura:
“Soy médico, conmigo somos 14 y vamos a ser más,
hasta un centenar, quizás”, agrega. Avanzan por
el camino en un camión. En un momento, el Tercer Hombre
asume el timón. Los cubanos se reconocen por su audacia.
Van confiados con este nativo de cierta educación.
Abordan la barcaza y cuando arriban a la base en Kimbamba
la gente está avisada, los reciben con señales
luminosas, cantos y disparos. El grupo de la isla lejana parece
cauteloso, pero lo disimula bien, nada demuestra. La embarcación
se acerca a la orilla, es acogida por una pequeña ceremonia
militar.
El Tercer Hombre se enfada, no pueden perderse municiones,
ni alertar a los enemigos con tiros. Horas más tarde
va hacia el joven congoleño, guía y responsable
de su seguridad personal y se identifica con él: “Soy
Che”. Y la fecha queda: 24 de abril de 1965. Próximamente
se cumplirán 44 años. Hasta el 21 de noviembre
del mismo año estaría el Guerrillero Heroico
en el Congo.
Del discurso de Raúl
En ocasión de cumplirse el vigésimo aniversario
de la permanencia de las fuerzas cubanas en esta misión,
el hoy Presidente de los Consejos de Estado y Ministros, General
de Ejército Raúl Castro Ruz se refirió
al hecho. Aclaró en su discurso que no por breve fue
menos heroica la actuación de la Columna del Che durante
los meses que se mantuvo en el interior de Zaire, adonde llegó
tras salvar peligrosos obstáculos y para lo cual libró
numerosos y desiguales combates.
Más de 50 acciones combativas cuentan en la hoja de
servicios de la Columna del Che, que se desenvolvió
en aquellos escenarios con la maestría y agudeza táctica
y estratégica que hicieron de él un verdadero
artífice de la guerra de guerrillas.
Sin embargo, no fue posible reunir y cohesionar a los contendientes.
Llegó un momento en que los internacionalistas combatían
solos en terreno desconocido. Ante tales adversas circunstancias,
la columna debió salir de aquel país. No fue
vencida por el enemigo, pero su objetivo no pudo cumplirse
dada la ausencia de un movimiento patriótico vertebrado
con el cual colaborar.
Chan informa
Chan —así llaman sus amigos a Tchamlesso—
habla de prisa, como si quisiera aprisionar de un tirón
el pasado que fluye en sus palabras. Aquella misma noche,
apenas repuesto de la sorpresa y organizada la estancia de
los recién llegados, regresó a Dar-Es-Salaam.
Debía informar a Kabila, quien le ordenó silencio
absoluto y la mayor discreción; aun cuando después
los cubanos, en una emboscada, perdieron libretas y anotaciones
que anunciaban su presencia, ellos continuaron negándola.
En los momentos de su arribo, el frente guerrillero pasaba
de la insurrección en las ciudades a encarar las rudas
condiciones de la montaña. Estaba recién abierto,
sin tiempo para disciplinar las fuerzas ni politizarlas. Durante
la lucha urbana la gente se daba grados de coroneles, comandantes,
tenientes; había muy poca conciencia y el Che lo refiere
así en su diario.

(Foto: Joaquín Hernández
Mena) |
Chan
recuerda
La exposición de Tchanlesso se apoya en vivencias muy
profundas. Se esfuerza por que la memoria no lo traicione.
Tenía responsabilidades en el exterior, debía
mantener el contacto con las embajadas, controlar los grupos
que se entrenaban, y así y todo, condujo casi al noventa
por ciento de los cubanos a territorio zairense.
Cuando el final se precipitó, en medio de la desmoralización
interna, y el bloqueo externo, Tanzania cortó todo
suministro por presiones de la Organización de la Unidad
Africana y se libró el último combate, Chan
estaba allí. Se registraron muchas bajas, e incluso
cayó uno de los hombres más valiosos. Che se
autocritica, pero no había sido su culpa, sino la de
todos, El ataque sobrevino sobre una fuerza debilitada; no
obstante, se llegó a un escalón superior: ya
era un foco guerrillero.
Impacto de la presencia cubana
La repercusión de estos hechos no puede reducirse a
lo militar. Los combatientes curaron enfermos. Doctor
Tatu llamaban los campesinos al Che. Era evidente
que con estos hombres había llegado el conocimiento
sobre un pequeño y distante país, cuyo nombre
estaba asociado a la personalidad extraordinaria de su Comandante
en Jefe.
Con posterioridad a la salida del Guerrillero Heroico, Kabila
intentó quedarse ,para lo cual contaba con la retaguardia,
pero apenas lo consiguió una semana. Los mercenarios
atacaron el foco, perpetraron una enorme matanza y él
se quedó solo durante 31 días, hasta el estallido
de Uvira.
Y concluye Chan, “Si vimos cierta luz en el túnel
oscuro del África Central con la caída de Mobutu,
es gracias a un hombre que fue al Congo renunciando a su cargo
ministerial, a los laureles que lo rodeaban como estratega
táctico operativo del mundo; que fue a pasar privaciones,
a unirse a un movimiento que dejó enormes experiencias
positivas, es en buena parte la herencia que recibimos de
Tatu y los hombres que lo acompañaron”.
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