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El Villiqui todo es más fácil
Hacer de la gastronomía una labor de excelencia
después de una depresión en la calidad del sector
desde los años 90, parece una tarea ardua… pero
no imposible.
Por Claudia
e IWC
El Villiqui es una de esas unidades gastronómicas
que, a pesar de cualquier dificultad, lo mismo climática
que administrativa, intenta y logra brindar un servicio estable
y decente al consumidor. La muestra son los más de
1000 clientes que atiende diariamente.
Gran peso de esta atención y del
funcionamiento de la unidad recae en un grupo de jóvenes
gastronómicos que intenta revertir con su quehacer
las opiniones adversas sobre el sector.

“Nuestra función es
hacer que cada cliente que pase por nuestra unidad salga
complacido”, afirma Ania.
(Fotos: Elio
Miranda) |
Ania Argona Basan, administradora de este
centro situado en Guanabacoa, Ciudad
de La Habana, les ha insuflado a estos muchachos un espíritu
de trabajo comprometido con su labor: “Si no amas lo
que haces, por mínimo que sea, no puedes hacerlo bien.
Yo no les pido más que hagan cada día lo mejor.
Es un poco de esfuerzo y mucha satisfacción.
“Aprovecho la sangre
joven que predomina en nuestro establecimiento para que toda
esa energía se revierta en mejor funcionamiento y,
por qué no, en más alegría. La camaradería
entre todos nos hace ser como uno. Cada cual está siempre
dispuesto a ayudar al otro.
“Así lo hacemos y así
vamos obteniendo resultados. El más importante, sin
lugar a dudas, es el reconocimiento de nuestros clientes.
Esa es nuestra razón de ser e intentamos no solo cumplirla
cada día, sino mejorarla”.

El Villiqui ha sido la oportunidad
para Ángel Marín de demostrar y sentirse
integrado.
(Fotos: Elio
Miranda) |
Los protagonistas
Para Ángel Marín la gastronomía fue una
oportunidad de reinsertarse nuevamente en el ciclo útil
de la sociedad, una puerta que se le abrió luego de
tomar por un camino que, según él, no conducía
a ningún sitio.
Gracias a un programa
de la Revolución encaminado a rescatar jóvenes
que se encontraban desvinculados del estudio y el trabajo,
consiguió graduarse de dependiente integral de perfil
amplio.
“Después de pasar el servicio
social me incorporé a esta cafetería, en la
cual llevo cierto tiempo trabajando. Disfruto de esta profesión
al poder tratar con el público, y me produce gusto
que el cliente se sienta complacido del servicio que le ofertamos”.
La unidad es el principio básico
para que cualquier empresa consiga avanzar y estos jóvenes,
a pesar de su relativa poca experiencia laboral, lo han comprendido
cabalmente.
“Aquí somos un gran equipo juvenil, como en la
pelota, donde todos compartimos buenos y malos momentos. Los
de más experiencia tenemos la misión de enseñar
y ayudar a los que se inician en esta rama, e inculcarles
el amor por la profesión, la cordialidad y el buen
trato hacia el usuario; además de la paciencia y la
honestidad; que son herramientas fundamentales para lograr
el éxito en nuestra labor”.
Según Ángel, la superación es fundamental
para lograr la excelencia en cualquier profesión. Por
eso, actualmente combina el trabajo con el estudio.
“Ya no puedo imaginarme realizando otro oficio, mi vida
es la gastronomía. Amo lo que hago y sé que
esta es la mejor decisión que he tomado para mi futuro”.

Lisandra: “El público
de esta zona es muy sociable, se lleva muy bien con todo
el colectivo y nosotros tratamos de complacerlos en cuanto
podamos”.
(Fotos: Elio
Miranda) |
Lisandra Puentes tiene solo 19 años
y ya es elaboradora del centro. Tras graduarse de técnico
de nivel medio en Gastronomía, comenzó a cumplir
su Servicio Social en la unidad. El espíritu del colectivo
la ha cautivado:
“Desde que llegué me han apoyado
en todo, mantenemos las mejores relaciones laborales y de
amistad. Siento como si fuéramos una gran familia.
Aquí he podido poner en práctica todos los conocimientos
teóricos que traía de la escuela y he aprendido
a desenvolverme mejor en esta profesión.
“Tener una responsabilidad me ha servido
para madurar mi forma de actuar y de pensar. Quisiera que
cuando termine el tiempo de Servicio Social me ubicaran en
un centro como este, donde sus trabajadores se llevan tan
bien y les gusta tanto su labor. Al principio pensé
que la vida laboral sería complicada; pero poco a poco
me he dado cuenta que en el Villiqui todo se hace más
fácil”.

“Acabo de comenzar, pero espero
pasar un buen tiempo aquí”, dice Annalí.
(Fotos: Elio
Miranda) |
Annalí Carballo Domínguez,
con 23 años, es elaboradora. Esta entrevista coincidió
con su primer día en el centro.
“Aunque no pueda comentar mucho sobre
cómo es el trabajo aquí, sí puedo decir
que he tenido una excelente impresión de sus trabajadores
y de las condiciones que tiene la unidad.
“No sé si será la emoción
del primer día o es que este lugar inspira; pero hoy
estoy trabajando con más deseos que nunca. Desde niña
me gustaba hacer comiditas y servírselas a mis padres
como si estuvieran en un restaurante, creo que estos fueron
mis inicios como gastronómica. Luego en la secundaria
tuve la oportunidad de hacer realidad esta vocación
al optar por el técnico medio en Gastronomía.
Esta profesión requiere de mucho empeño y sacrificio”.

“Cuando falta personal hacemos
de todo un poco para garantizar que el pedido no se retrase”,
expresa Yoanne.
(Fotos: Elio
Miranda) |
Yoanne Rodríguez Galano es del grupo
con mayor experiencia. Desde hace ocho años es graduado
de Comercio y Gastronomía Integral, pero estuvo un
tiempo desvinculado laboralmente. Cuando tuvo referencias
de lo que ocurría en el Villiqui, quiso formar parte
de este cambio.
“No quería seguir sin hacer nada y comencé
las gestiones para volver al trabajo. Traje mi currículum
y así valoraron las posibilidades de lo que podría
hacer. Me brindaron una nueva oportunidad, por lo cual les
estoy muy agradecido y esa es una razón más
para hacer que mi trabajo sea el mejor posible”•.
El apoyo entre las personas que intervienen
en el funcionamiento de un sitio con estas características
es vital. Yoanne deja bien claro que todos deben hacer un
poquito de todo si desean que la atención al cliente
continúe siendo lo mejor posible. “Este tipo
de cafeterías con un servicio barato, de buena calidad
y rapidez, son la mejor opción para una gastronomía
eficiente como la que nuestro país quiere tener. Aun
tenemos aspectos que mejorar para llegar a brindar una calidad
óptima a la población, pero estoy seguro de
que lo lograremos”.
Un ejemplo para otros
El ejemplo del Villiqui debería multiplicarse. La calidad
en la oferta y los precios asequibles para el nivel estándar
de la población cubana son una afortunada iniciativa
de las direcciones de Gastronomía y Comercio de la
capital. Poco a poco, con su labor diaria , este centro ha
ido revertiendo la opinión popular acerca del maltrato
que sufre el cliente en las unidades que comercializan en
moneda nacional.
No todo es oro, y está
claro que muchos detalles deben pulirse y mejorar. Pero en
el Villiqui no solo la intención está presente.
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