| ¿Mujeres
“segundas”?
Por Andrés García del
Toro
Lo que hoy escribo es el producto de una
serie de hechos ocurridos en la universidad donde estudio
que tocaron mis emociones y retaron mi intelecto.
Hoy más que nunca se proclaman los
derechos de las féminas. Se habla de igualdad, protagonismo
y derechos de las mujeres. Sin embargo, he descubierto un
grupo no muy pequeño al que he llamado “mujeres
segundas” —sin ánimos de ofender—,
el que parece nunca escuchó hablar de estos términos.
En la beca donde vivo los chicos tienen
sus “novias oficiales” o “primeras”,
como también les llamo. Ellas son las que pasean de
su mano, les cocinan, van juntos al comedor, duermen juntos,
en fin, lo que la mayoría de las parejas hacen en la
actualidad. Cuando no están, sea cual fuere el motivo,
llegan las “segundas”.
Ellas ocupan el lugar vacío. Reciben
besos, abrazos y sexo hasta que llega la “dueña
de la casa”. Es triste ver cómo salen corriendo
y desaparecen cuando llegan las representadas. Puedo imaginar
cómo deben sentirse cuando ven pasar de lejos al que
hace poco abrazaban.
Sé que este fenómeno se extiende
más allá de las universidades. Pero, ¿cómo
es posible que en el siglo XXI una mujer acepte estas condiciones
de amor donde solo recibe migajas; donde no es respetada,
ni reconocida, sino tan solo usada como un objeto de satisfacción
sexual de fin de semana, y es rebajada a ser una fugitiva
ante la llegada de la otra?.
Y otra vez me pregunto: ¿cómo
mujeres inteligentes y en plena capacidad física soportan
semejante trato? ¿Es que acaso no se consideran capaces
de encontrar a alguien que las valore y las impulse a lograr
sus sueños en la vida, o simplemente se conforman con
el placer del sexo un fin de semana al mes? ¿No creen
que puedan elegir a alguien que camine de su mano sin avergonzarse
ni esconderse? Alguien para quien no sean primeras, ni segundas
sino “únicas”. Es posible.
Muchas “segundas” mantienen
estas relaciones con la esperanza de un día ser “primeras”.
He sido testigo de que algunas lo logran, pero no pueden disfrutarlo,
pues siempre piensan que hay otra compitiendo por su puesto.
Ya es tiempo de que las mujeres, que tanto
han oído hablar de libertad, comiencen a ser libres.
Libres para escoger una relación que afirme su valor,
que les recuerde que son excepcionales. Libres para no aceptar
nunca más ser tratadas como objeto sexual. Libres para
mirarse al espejo y decirse cuán importantes son. Para
recordarse que no necesitan un hombre que las proteja, sino
que con amor las acompañe y les recuerde con frecuencia
que son únicas.
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