La revista digital de los jóvenes cubanos.
Botón sección.

Logo del XI Congreso de la FEEM.

Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!
Logotipo del aniversario 45 de la UJC.


Un danés con malas intenciones

Por Pavel López

Sus radicales posturas ideológicas y estéticas siguen despertando la controversia. Lars von Trier lo mismo gesta esa obra de unánime veneración, “Bailarina en la oscuridad” (2000), que trae al mundo “Anticristo”, filme recientemente vilipendiado en el Festival de Cannes por el jurado ecuménico, el cual catalogó la cinta como “el alegato más misógino de toda la historia del cine”.

El director danés Lars von Trier.
La visión inquietante del mundo en Lars von Trier no resulta gratuita.
(Tomada de http://www.cineol.net)

Hacerlo aparecer en medio de una multitud de amantes del séptimo arte podría resultar peligroso: unos correrían a poner velas ante sus pies; otros, cartuchos de pólvora. Lo cierto es que cualquiera de los bandos tendría sobradas razones para justificar sus criterios.

El fenómeno Lars von Trier constituye una píldora de difícil digestión: ególatra, contestatario, violento, oscuro, perfeccionista hasta niveles patológicos, o como él mismo diría «endemoniadamente ambicioso». No por gusto la cantante islandesa Björk renunció a trabajar en cualquier otra película, tras el suplicio padecido junto al danés durante el rodaje de “Bailarina en la oscuridad”.

Sin embargo, el grueso de los especialistas cataloga el debut de Von Trier en la pasada centuria como uno de los eventos más oxigenadores y estimulantes para el cine contemporáneo.

Se declara en cada entrevista el mejor director del mundo, a la vez que confiesa no haber hecho nunca una cinta pensando en el público, pues siempre filma para satisfacerse a sí mismo. Los que bien lo conocen saben que tamaña provocación representa apenas una de las tantas del autor para agredir a la sociedad moderna, a la cual desprecia profundamente.

Admiradores y detractores le han llovido a través de los años, gracias a una obra para nada complaciente, en la cual se reiteran peculiares signos, entre ellos, la visión trágica y desesperanzadora del mundo; la abierta ofensiva contra las instituciones eclesiásticas, políticas o judiciales y, más que todo, los martirios que les impone a las protagonistas de sus relatos, rasgo este último que le ha valido el calificativo de “sádico con pedigrí”.

No obstante, el sello distintivo del director, por el cual aparecerá en cualquier texto futuro sobre Historia del cine, es su condición de ideólogo del manifiesto estético Dogma, que firmara en Copenhague hacia 1995 junto a sus compatriotas Thomas Vinterberg y Soren Kragh-Jacobsen.

Se trató de un insólito conjunto de reglas, que irrumpió en el panorama artístico con el propósito de revolucionar el proceso de creación cinematográfica. Los daneses abogaban por mayor grado de improvisación durante los rodajes y una manipulación mínima del material filmado, despojando a las obras de cualquier indicio de «artificialidad», tan común en el cine comercial.

Aquellas leyes serían traicionadas con los años, incluso por los propios gestores del Dogma, pero aun así se cumplieron los objetivos iniciales del movimiento, en especial, provocar el escándalo, sin obviar que ayudó a colocar la cinematografía danesa, hasta ese instante olvidada, en el punto de mira a nivel internacional.

Obras nacidas de aquel furor iconoclasta como “La celebración” (Thomas Vinterberg, 1998), “Los idiotas” (Lars von Trier, 1998) o ”Mifune” (Soren Kragh?Jacobsen, 1999), pronto arrasarían en las principales plazas competitivas del séptimo arte mundial, en especial, Cannes y Berlín.

¿Sadismo cinematográfico o terrorismo sentimental?
Cualquiera que haya degustado un filme de Von Trier en una sala de proyección seguramente calificará la experiencia de «estremecimiento telúrico». Y es que cada una de sus obras está pensada para agredir las más férreas concepciones estéticas y morales del público.

Al danés lo subyugan las historias perturbadoras, efectivas a la hora de generar la «incomodidad» aun en una desprejuiciada audiencia. Pensemos en dos de sus obras maestras:

En “Rompiendo las olas” (1996), el esposo de la protagonista queda paralítico tras un accidente laboral. Temeroso de que la joven no pudiera experimentar otra vez el amor en su total plenitud, la convence de que salga a la calle y se entregue a todo tipo de experiencias sexuales, que luego deberá relatarle en la intimidad del hospital.

La inconmensurabilidad del amor de la muchacha la impulsa a cumplir con el encargo. Sus encuentros eróticos irán cada vez más lejos, a fin de satisfacer esa, la única forma de felicidad posible para su cónyuge. Entretanto, la hostilidad de la puritana comunidad rural donde vive no se hará esperar. Su calvario sexual pronto la conducirá a la muerte.

En “Bailarina en la oscuridad” (2000), Selma está a punto de perder la visión y quiere salvar a su hijo del mismo padecimiento. Los ahorros que le permitirán pagar la operación del pequeño le son robados por un inescrupuloso policía. Con el fin de recuperar el dinero y llevar a cabo su misión, esta mujer deberá recurrir al crimen, y en consecuencia, enfrentará un sistema judicial que pedirá para ella el más severo castigo.

Las protagonistas de Von Trier se sitúan en ambas anécdotas frente a complejos dilemas éticos. Pese a su inmensidad humana, dichos personajes se ven impelidos a quebrantar normativas de toda índole, como única vía para alcanzar sus elevados propósitos.

Tal situación alegoriza, quizá, la obsolescencia de las leyes que rigen el orden y la moral en la sociedad contemporánea, para garantizar la felicidad plena del individuo que la habita.

Asimismo, varias de estas mujeres manifiestan un alto déficit intelectual,
inversamente proporcional a su entereza de sentimientos. Dicho rasgo, lejos de poner en evidencia una mirada peyorativa hacia el género femenino, deja sentada la crítica de Von Trier a la racionalidad sobre la cual se levantan la civilización y el estado modernos.

No en balde el cineasta realizará un filme titulado “Los idiotas”, cáustica fábula sobre unos burgueses que deciden comportarse en el espacio público y familiar cual discapacitados con retardo en el aprendizaje. Las rígidas convenciones sociales que aplazan la realización del atípico grupo y lastran su libertad, son lanzadas rápidamente al baúl con ese inusual juego. Tal es su forma de dar la espalda a un entorno hipócrita, contaminado por el culto a las apariencias, la competencia despiadada y la ausencia de valores.

El carácter transgresor del cineasta es un hecho, aunque no por ello su obra debe calificarse de carnavalesca irreverencia. Los conflictos nacidos de la pugna entre los individuos y su contexto, son fuente de auténtico dolor para los primeros.

El sufrimiento en la poética de Von Trier, al igual que en la obra del escritor ruso Fiodor M. Dostoievski, se convierte en única credencial de sus protagonistas para purificar el espíritu y trascender las mezquindades del mundo.

Por esta y otras razones, el tormento que infringe el realizador a sus mujeres no constituye, en absoluto, un acto de misógina raíz. El autor ha expresado que es en esa angustia de sus heroínas que se ve representado, por lo cual sus argumentos podrían ser leídos, en el peor de los casos, como un ejercicio de autoflagelación.

En cambio, su más reciente propuesta “Anticristo” (2009), parece haber llevado tales presupuestos demasiado lejos.

El filme narra la historia de un matrimonio que ante la pérdida del hijo decide huir de la civilización y adentrarse en la selva. Allí sucumbirá paulatinamente a una actitud irracional, poniendo en práctica todo tipo de transgresiones en materia de sexualidad y escarnio físico, peligroso juego en el cual la peor parte se la llevará (a qué no adivinan) la esposa.

Por el momento la leyenda sobre el nuevo filme-provocación de Lars von Trier ha echado a andar. En el pasado Festival de Cannes el jurado ecuménico casi envía a la hoguera al creador, a quien le otorgó un inédito antipremio. Mientras, la prensa del espectáculo, tan «elocuente» como de costumbre, se limitó a catalogar la cinta de “violenta y bonita”.

De este lado del mundo habrá que esperar un poco para ponderar el material, pero de antemano reconocemos que sería absurdo condenar a Von Trier. A fin de cuentas, si la literatura los tuvo, el cine también tiene derecho a esos poetas malditos, cronistas certeros de la parte menos luminosa, y por ello más verosímil, de la existencia.

Abrirnos los ojos ante la inquietante naturaleza humana continuará siendo su carta de presentación. Por lo visto el artista no pretende abandonar, duélale a quien le duela, sus malsanas intenciones.

Subir

 

Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles,
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,
Casa Editora Abril, 2008
Fecha actualización.
 
Portada de la edición impresa de la revista Somos Jóvenes de  marzo/2009.
Edición de papel
Relación de otros sitios pertenecientes a publicaciones de la Casa Editora Abril.