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Con el espíritu intacto

A los dos años de edad, Yaquelín Sánchez Rodríguez fue sometida a una operación de un quiste en la columna vertebral que la confinó para siempre a una silla de ruedas

Por Alexey Fajardo López

Yaquelín Sánchez Rodríguez, estudiante de un politécnico avileño.
No se puede renunciar nunca a los sueños, con esfuerzo y dedicación se consigue todo lo que uno se propone, asegura Yaquelín.
(Foto: José de la Rosa)

Presumida, como la mayoría de las jóvenes de su edad, nos hizo esperar un buen rato antes de abrir la puerta de su cuarto e invitarnos a pasar.

¡Una casa de muñecas! Fue la primera impresión. ¿Nos habremos equivocado? "No, no, este es el lugar donde duermo". Y una sonrisa juvenil nos devolvió la seguridad. Era la habitación destinada a Yaquelín, una estudiante con limitaciones físicas del Instituto Politécnico de Informática, de Morón, en la provincia de Ciego de Ávila.

¿Y todo esto es para ti solita? Fue la pregunta que me salió de los labios, fuera de toda planificación.
“Sí, aquí tengo todas las condiciones para que me sienta bien, y pueda estudiar igual que el resto de mis compañeros. Cuento con el apoyo de tres asistentes: Marisela, Yaquelín y Caridad, que me cuidan y se encargan de mantener limpia mi ropa, me ayudan con los libros, a bañarme, me acompañan y me quieren mucho; y esa será una deuda que tendré por siempre, con ellas y con la Revolución.

"Este cuarto fue construido especialmente para mí, sin barreras arquitectónicas, con un baño adecuado a mis características físicas, todo pequeño, de fácil acceso. Hasta el espejo está a una altura que pueda mirarme en él sin dificultades.

"Al principio fue un poco difícil, sin embargo ya me acostumbré. Eso sí, jamás me dio por llorar ni por irme. Estoy convencida de que con esfuerzo el ser humano logra lo que se propone, pero hay que entregarlo todo por los sueños que se tiene.

Por lo que escucho eres una joven muy segura de ti. ¿Cómo logras cumplir con la escuela y ser una de las estudiantes más destacadas en varios frentes?
“Planifico mi tiempo, de manera que me alcance para todo, aunque a veces no lo consigo, pues siempre estoy en algo. Luego de las clases —seis turnos en la mañana y cuatro en la tarde— me incorporo a otras actividades. Soy la vicepresidenta de mi grupo y eso me crea ciertas responsabilidades con mis compañeros.

"Me gusta escuchar todo tipo de música, y entre mis aficiones está el teatro, de hecho el año anterior fui premiada en el Festival Provincial de Aficionados al Arte con un unipersonal que se llama La joven y la historia, en el cual interpreto cuatro personajes."

Sonríe, como quien guardó para sí la mejor parte de la información, luego muestra una mirada tímida y sencilla, y se me ocurre: ¿Me estás ocultando algo?, dímelo sin pena.
“Ay, es que la cámara fotográfica me pone muy nerviosa, pero ya, ya me recupero”.

Y en su rostro se dibuja una expresión nueva, la de la muchacha de 17 años, tierna y soñadora, madura y perseverante, que aspira a ser licenciada en Informática, y locutora de radio y televisión.

"Antes de incorporarme a esta escuela estudiaba en Ciudad de La Habana, y estuve en el grupo de teatro La Colmenita, de ahí mi preferencia por esa manifestación, aunque los números son mi mayor pasión.

"En La Colmenita actué durante cinco años, en la mayoría de los escenarios de la capital. Fue una época muy linda."

¿Y la de ahora no lo es?
“Sí, y mucho. Fidel me ha dado una oportunidad que tienen pocos limitados físicos en el mundo, sobre todo los provenientes de una familia humilde como yo.

"Y no lo digo solo porque pueda estudiar. También me regalaron una olla arrocera y una cama, me dieron un televisor que mi mamá está pagando, y estoy esperando un colchón que Bienestar Social me va a entregar.

"Además, me asignaron un módulo de casa en el municipio de Venezuela, cuya construcción la asumió mi madre, pues vivo en La Ofelia y allí no hay muchas posibilidades de trabajo cuando me gradúe.

"Tengo muy buenos compañeros, una escuela lindísima, y una familia a la que adoro, ¿qué más puedo pedir? Aunque me gustaría que en la casa me permitieran colaborar. Imagínese que mi mamá y mi abuela no me dejan hacer nada, entonces las vigilo, y agarro la escoba y me pongo a barrer."

Cuentan sus compañeros que Yaquelín es de las primeras en ofrecerse para todo lo relacionado con las tareas de la FEEM, que jamás llega tarde a un turno de clases, y es fuente de inspiración por su constancia, alegría y dedicación.
"A veces me duele ver cómo algunos jóvenes desaprovechan las opciones que el Estado pone a su alcance, con tantas cosas útiles que se pueden hacer en esta etapa de la vida.

"En otra parte del mundo yo estuviera, quizás, tirada en la calle, a menos que mi familia tuviera mucho dinero con qué pagar mis estudios, por eso trato de esforzarme al máximo, de no defraudar a nadie y mucho menos a mí misma. En esta escuela me siento como en mi casa.

"Hasta el laboratorio de Computación y el aula donde estudio están ubicados en el primer piso para que yo no pase trabajo, y sería muy triste el hecho de no valorar esta oportunidad. Yo estoy limitada solo de las piernas, mis principios, sentimientos y ganas de vivir están intactos. Aquí soy enteramente feliz."

Entonces, ¿por qué demoraste tanto rato en abrirnos la puerta cuando llegamos? ¿Acaso estabas preguntándole al espejo si hay otra más bonita que tú?
Ríe a carcajadas y responde rápidamente: "De eso nada, mis sueños son muy reales. No niego que soy presumida, que me encanta andar bien arreglada y que quisiera, en su momento, encontrar al hombre ideal, con quien tener mis hijos; en cambio, por ahora, mis planes son otros”.

(Tomado de Invasor Digital)


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