| "Esos
jóvenes están locos"
Por
IWC
Fotos: Elio
Miranda y Archivo
La historia podría comenzarse
por el asalto al cuartel Moncada. El juicio a los sobrevivientes,
el alegato realizado por Fidel en “La Historia me absolverá”.
Y aquel 13 de octubre de 1953 cuando salen dos vuelos de la
Fuerza Aérea con destino al occidente del país.
Se les había informado que viajarían hacia La
Cabaña, prisión militar destinada a los presos
políticos, pero los aviones, para el asombro de todos,
se desviaron al sur. Y no hubo dudas, desde el aire supieron
que no irían a La Habana: se dirigían a Isla
de Pinos.
Y aquel era el Presidio
Modelo
Inspirado constructivamente en una prisión
de Illinois, Estados Unidos, fue inaugurado el 16 de septiembre
de 1931, con 24 convictos, entre ellos Raúl
Roa; y constaba de cuatro pabellones circulares y un comedor
central. Celdas pequeñas, hacinamiento, crímenes
inmunes, una larga historia de horrores se encerraba entre
los barrotes y el concreto, entre los presos y los guardias.
Mitos y realidades tal vez mucho más crueles precedían
el arribo de estos 29 jóvenes al presidio más
temido de Cuba en aquella época.
Comieron solos, escoltados por un gran número de centinelas. No querían que los comunes se mezclaran con los moncadistas*. ¿Quién sabe qué ideas podrían meterle en la cabeza a aquella chusma? Lo menos que deseaban las autoridades era una revuelta en prisión.
El salón del
pabellón hospitalario
Habilitaron una sala para ellos. El 17 de octubre
llega Fidel y se sienten más seguros. Su líder
estaba allí y enseguida se dedica a organizar la vida
del grupo. Se crea una academia y la nombran Abel
Santamaría. También una biblioteca, que llegará
a contar con 600 ejemplares, con el nombre del Poeta del Moncada,
Raúl
Gómez García.
El tiempo en prisión no será tiempo perdido. Se fundamentan, con el estudio, las bases ideológicas de lo que posteriormente será la Revolución. Cambian los fusiles por libros. Con el estudio diario se pretendía que los de más nivel transmitieran sus conocimientos al resto. Así se dan clases de Historia, Matemática, Español e Inglés, en la mañana y la tarde; en la noche hay círculos de estudio, donde Fidel explica “El capital”. Se realizan exámenes periódicos.
Crean un consejo de dirección para atender los problemas que surgen. También una cooperativa para eliminar las diferencias entre los que podían recibir ayuda desde el exterior y los que no, por pertenecer a familias muy pobres. Estas medidas no solo sirven para organizar y cohesionar la vida del grupo, sino también para, con un estudio exhaustivo de la ley del año 1950que establecía los derechos de los presos políticos, reclamar con bases fundamentadas, y que en más una ocasión desarmaron los argumentos esgrimidos por la dirección del penal, sobre algunas medidas aplicadas al grupo. Ganan en confianza, preparación y compañerismo. Estar unidos y aprovechar el tiempo de encarcelamiento era la mejor decisión.
Las comunicaciones
Era preciso para la causa romper el cerco
de la incomunicación. Escribían cartas a sus
familiares y amigos para que les enviaran libros. Cada texto
pasaba por la censura. No dejaron que recibieran algunos,
por ejemplo uno de Trotsky; sin embargo, “El capital”
sí pasó. Comentarios posteriores evidenciaron
la ignorancia de algunos de estos funcionarios, quienes se
justificaron diciendo que al leer la palabra capital
pensaron en dinero; creyeron que los moncadistas se dedicaban
a estudiar Economía para, al salir de presidio, ganar
dinero y ser gente de bien.

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Pero si era importante lo que recibían,
más lo eran las indicaciones que salían del
Pabellón. Ayudados por guardias, amigos y familiares
burlaban la censura. Fidel escribía a su familla y
entre líneas, con zumo de limón, escondía
las instrucciones para la lucha por la excarcelación
de los moncadistas. Pedro Miret se especializó en confeccionar
tabacos huecos en cuyo centro escondía la mensajería.
También usaron el fondo de las cajetillas de fósforos
para, con letras diminutas, burlar el cerco.
Fidel se había encargado de reelaborar “La Historia me absolverá”, pues los documentos utilizados para realizar su alegato se habían perdido misteriosamente de su celda en la prisión de Boniato, en Santiago de Cuba. Por estas vías consiguieron sacar el texto al exterior. Las instrucciones fueron precisas: cien mil ejemplares procesados en varias imprentas para evitar, en caso de ser descubiertos y confiscados, que se perdiera toda la tirada.
Deberían ser distribuidos por todo
el país a intelectuales, revolucionarios, estaciones
de radio, periodistas y amigos. Haydée
y Melba coordinaban estas tareas en La Habana. Machaco
Ameijeiras fue el encargado de distribuirlos en Oriente. Y
así, en octubre de 1954, “La Historia me absolverá”
estaba diseminada, bajo las narices de la dictadura, por todo
el país.
Viene Batista
¡Vaya casualidad! Fanfarrias, orquesta,
tambores y voces. Almeida se sube en la meseta y desde la
ventana ve un cartel: Bienvenido, General.
Incluso dentro de una comitiva reunida puede ver a Batista,
vestido con su típico atuendo blanco. Lo dice. Separados
por un muro, apenas a escasos pasos pasará el general
Batista, que ha venido a inaugurar una estación eléctrica.
La casualidad ha querido que ese sea el camino que debe cruzar.
Rápidamente se reúnen y el acuerdo es darle
la bienvenida cantando el Himno de la libertad, compuesto
por Agustín Díaz
Cartaya y hoy conocido como la Marcha
del 26 de Julio.
Almeida vuelva a subirse a la meseta. Espera
el momento preciso. La comitiva, con Batista al centro, se
acerca y cuando está a tiro de piedra hace la señal
convenida. Cantan a pleno pulmón y Batista, al oír
el canto, piensa que lo agasajaban y les saluda con una sonrisa
en los labios; pero luego, al escuchar la letra, se le transforma
el rostro.Aquellos son esos “locos” del Moncada
y ahora le están haciendo quedar en ridículo.
Decide retirarse. Pero antes se dirige a Capote, el director
del penal, y le dice: “Tú tienes muy bien alimentados
a esos hombres”.
El castigo
La represión no se hace esperar. Ese
mismo día Fidel es aislado y condenado a 40 días
sin luz. Al día siguiente apartan a Tápanes,
Ernesto Tizol, Ramiro Valdés y Oscar Alcalde. El día
15 vienen por Cartaya. Le dicen: “A ti, que eres el
autor del himno, te vamos a dar una sinfonía”.
Y lo llevan a una celda de castigo donde lo esperaba un mandante,
apodado Cebolla, que era el ejecutor de las órdenes
de la dirección. Fue una paliza brutal.
Fidel le roba horas a la oscuridad para poder leer y estudiar, Solo tiene una pequeña ventana que da la patio; el resto, incluidas las puertas, ha sido tapiado.
15 de mayo de 1955
El clamor popular por la libertad de los valientes,
el Comité Preamnistía y la prensa hacen que
desde el día 13de mayo Batista firme la liberación
de los asaltantes al cuartel Moncada. Salen entres grupos.
La prensa les espera.
Esa misma tarde se brinda una conferencia de prensa donde Fidel aclara: “Seguiremos luchando hasta obtener la independencia de Cuba”.
El barco Pinero es habilitado especialmente para el traslado de los liberados y sus familiares.
En Batabanó los espera una multitud. Fidel repite las palabras dichas en Isla de Pinos.
El tren demora más que nunca en llegar a La Habana: en cada pueblo los recibe un mar de gente. Y al llegar a la estación central, una muchedumbre saca a Fidel por la ventanilla del tren. Esperan por él para que les dirija la palabra. El clamor popular de una necesaria Revolución, por y para el pueblo, se hace evidente.
El
Movimiento 26 de Julio ya daba sus primeros pasos.
* Nombre dado a los combatientes que participaron, el 26 de julio de 1953, en el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba.
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