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El camuflaje: ¿De la moda a los fantasmas?
Enmascaramiento para los militares. Estampado para
los diseñadores. Mirado con ojerizas por algunos y
defendido por otros, este tipo de vestuario se ha convertido
para muchos cubanos en una moda
“Siempre que me pongo este pantalón
me dicen algo”, comenta Sandra Norma con una sonrisa
pícara. Al otro lado de la calle, esperando un “almendrón”,
Elisa luce un vestuario similar, y además incorpora
pulóver y gorra del mismo tejido. Un poco más
lejos, José lleva gustoso su chaqueta, “porque
el color es muy refrescante, es la esperanza, la tranquilidad”.
Ellos, como otros caminantes que a diario pueblan nuestras
calles, evidencian que el camuflaje ha adquirido entre muchos
cubanos carácter de moda. Los hay en distintas tonalidades,
colores y texturas. Un joven puede combinarlo con ropa de
las Brigadas Universitarias de Trabajo Social y una “pepilla
cuarentona” con su blusa provocativa. Existen hasta
los padres que “pintan” a su pequeño hijo
de los zapatos a la gorra con los arabescos de color verde
olivo.
Vestirse así es un acto comunicativo singular, aunque
muy pocos se detengan a pensar en el porqué. Y es que
el camuflaje, que algunos creen nació de las guerras,
hace ya tiempo “asaltó” las pasarelas de
todo el mundo, a pesar de que todavía haya quienes
se resistan a verlo como prenda cotidiana.
¿Es el camuflaje un fenómeno nuevo? ¿Cuáles
son las causas de que en los últimos tiempos haya proliferado
este vestuario? ¿Por qué persisten algunos prejuicios
con respecto a su uso? ¿Acaso quienes lo visten pretenden
propagar símbolos militaristas o solo prima el deseo
de estar “a la moda”?
Militares artísticos
Algunos estudios indican que, contrario a lo que generalmente
se piensa, el camuflaje no nació en las guerras, sino
que los militares encontraron en el arte otra forma de enmascararse
para fines bélicos.
Desde finales del siglo XIX, con el inicio del movimiento
vanguardista en las artes plásticas, el uso del estampado,
primero reproducido de la naturaleza y después de la
indagación en el “yo interior” por los
artistas, asaltó los lienzos para distorsionar formas
y colores.
No por gusto la investigadora española María
Teresa Méndez Baiges afirma que ya en la Primera Guerra
Mundial (1914-1918) había “un modelo pictórico
que enseñaba a fragmentar la figura para lograr que
se fundiera con, y se aplanara sobre su entorno”. Así
lo venían haciendo desde 1909 los pintores cubistas,
que en sus cuadros cultivaban intencionalmente la ambigüedad
de líneas, colores y planos.
Esta posibilidad de que cada uno de los elementos formales
de una pintura pudiera leerse en más de un sentido,
le vino como anillo al dedo a los militares recién
comenzada la primera conflagración mundial.
Fueron precisamente los franceses quienes primero “llamaron
a filas” a pintores como Léger, Braque, Dunoyer
de Segonzac, Camión, Edward A. Wadsworth o André
Mare, este último quien con sus dibujos titulados “Carnets
de guerre “puso en evidencia esta alianza entre arte
y militarismo.
Los Dazzle Painting, o barcos pintados con diseños
abstractos que confundían a los submarinos, y tanques
de guerra, transportes militares, edificaciones e incluso
aviones “decorados” volvieron a lucirse en la
Segunda Guerra Mundial, con la diferencia que esta vez el
camuflaje también llegó profusamente a los uniformes
de los soldados.
Así el caqui amarillo o el verde olivo de las zonas
tropicales, cedieron espacio a los uniformados con líneas
de camuflaje mimético para selva (predominan colores
verdes y marrones), para nieve y zonas polares (blancos y
grises), o para ambientes marinos (blancos y azules). Todos
ellos, con múltiples variantes, fueron y son usados
en escenarios diversos de guerra e indistintamente por bandos
contrincantes.
Moda “FAPLA”
La propaganda a favor de la guerra o contra esta también
ha hecho de las suyas para popularizar el uso de estas prendas.
En Estados Unidos, por ejemplo, se pusieron de moda a finales
de la década de 1960 y principios de los 70 las ropas
de camuflaje o verde olivo raídas o intencionalmente
rotas, curiosamente utilizadas para protestar contra la guerra
en Vietnam.
No obstante, las Fuerzas Armadas de este país no han
escatimado esfuerzos en fabricar camisetas, pantalones, cintas
para el pelo, pañuelos y todo tipo de prendas de camuflaje,
donde incluyen sus símbolos o nombres, para propagandizar
sus acciones.
Paradójicamente, su uso no siempre ha determinado que
quienes las porten estén de acuerdo con estas ideas,
sino que muchas veces esta constituye una forma de criticarlas
o de protestar ante la marginación social.
Así ha sucedido con integrantes del movimiento hippie
en los 60 y 70 del siglo pasado, con los artistas de la música
electrónica, el rap y el reguetón. Incluso muchos
jóvenes del mundo que simpatizaban con los movimientos
revolucionarios en América, Asia y África, utilizaron
en los 70 y 80 esta vestimenta con el propósito de
solidarizarse con los ideales guerrilleros.
A Cuba el camuflaje llegó primero en algunos uniformes
de los rebeldes al triunfo de la Revolución en enero
de 1959, pero su uso se extendió con las misiones internacionalistas
en África y Nicaragua, por lo cual el uniforme de las
Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola, que también
usaban los combatientes cubanos, llegó a instaurar
en la década de 1980 la moda de los “pantalones
FAPLA”.
A caballo regalado...
“Le veo swing”, fue la ágil respuesta de
Maily, una bailarina a quien preguntamos por su vestuario
completo de camuflaje. “Es una moda más —agregó—,
como lo fueron en su tiempo las sayas can can. Si te quedaban
bien, te las ponías y ya. Además, no tiene que
ser solamente verde. Yo tengo también azul y rosadito.
Y no pienso que tenga nada que ver con los militares”.
Para Jairo, vestirse así “es una forma de decir
que seguimos siendo guerrilleros”. Él, dirigente
estudiantil en la capital, usa únicamente pantalones
similares a los FAPLA, “por lo que significan para Cuba”.
Cuando lo entrevistamos, combinaba su pantalón de camuflaje
con un pulóver del Che
y una gorra del VII Congreso de la FEU.
“Cada cual usa la ropa que le place. Pero el camuflaje
donde se ve es en la guerra y vestirlo es una forma de reproducir
en las calles ese espíritu militarista”, comentó
Sandro, médico que llevaba puesto un pulóver
“Tommy”. Sin embargo, cuando le preguntamos por
qué usaba esta marca nos contestó: “A
caballo regalado...”.
Este joven, como otras personas, identifica el uso del polémico
estampado en prendas de vestir con los letreros alusivos a
las Fuerzas Armadas norteamericanas, que muchas veces lo acompañan.
De distintos tamaños, combinados con águilas,
calaveras u otros símbolos, conforman toda una imaginería
que recuerda a un ejército bastante conocido por sus
atropellos.
No está lejos de lo cierto. El gobierno norteamericano,
apurado por sus campañas militares en Afganistán
e Iraq, y necesitado de reclutar tropas frescas, emplea todo
tipo de estrategias para “levantar su imagen”,
entre las que no falta “exportar” su superioridad
guerrerista a través de la ropa.
Y aunque no faltan quienes puedan estar “encandilados”
por esta propaganda, otros, como Pavel Samuel, que lucía
en su pulóver la inscripción RANGER U.S. ARMY,
afirman: “No he pensado nunca en que puedan asociarme
con ideas militaristas. En realidad me hubiera gustado que
no tuviera el cartelito, pero me lo regalaron así...”.
Sandra Merino, productora de televisión a quien abordamos
mientras llevaba sobre su camiseta un rótulo similar,
también piensa que “nuestro pueblo es bastante
sensible a sucesos como el de Iraq, así que usar este
tipo de ropa tal vez sea una forma de burla a los soldados
yanquis”.
De lo que estaban convencidos muchos de los que opinaron es
que se trata de ponerse lo que está a tono con amigos,
grupos y época; y como todas las modas tiene un carácter
transitorio.
¿Ingenuos
cartelitos?
Aunque los carteles alusivos a fuerzas militares extranjeras
e incluso consignas guerreristas no siempre son vistos con
agrado, existen artesanos que reproducen este “gusto”
en sus creaciones, según uno de ellos que prefirió
no ser identificado, “porque es lo que nos piden los
muchachos”.
Algo similar nos dijo un dependiente de la Tienda de la Oficina
Nacional de Diseño Industrial, que está en P
y 23, en el capitalino Vedado, uno de los establecimientos
que vende telas. “Cuando sacamos camuflaje, vuela. Mayoritariamente
la compran costureros artesanales por grandes cantidades.
¡La última vez uno se llevó 300 metros!”.
“A mí me gusta el camuflaje, lo veo a la moda,
y no me agradan esos cartelitos, pero a veces es lo único
que encuentras en el mercado, porque en las tiendas no he
visto ese tipo de ropa”, afirma Luisito, estudiante
de preuniversitario.
Quizá eso explica las opiniones contradictorias que
recogimos, incluso en provincias como Guantánamo, donde
por tener la ilegal Base Naval norteamericana cerca, es común
ver uniformados cubanos con este tipo de atuendo militar.
Pedro Armando Belón Castañeda, un guantanamero
que estudia primer año de Medicina, asegura que él
no usa el camuflaje porque se parezca al uniforme militar
yanqui u otro, sino por ser “lo que más onda
tiene”. Igual piensa René Riverón, quien
cree que es un símbolo de rebeldía y una forma
de andar a la moda.
Mientras, Yoana Pichardo, estudiante de Medicina, afirma que
“no soporta la ropa de camuflaje, pues es para los militares.
Las personas la usan para resaltar y sobresalir en la calle”.
Igualmente, Esperanza Castellanos, alumna de tercer año
de Bibliotecología, reconoce que “hay quienes
la usan con cierta extravagancia y como forma de “especulación”.
Sin ver fantasmas
En busca de opiniones más especializadas encaminamos
nuestros pasos al Centro Creativo Boga, encargado de los diseños
para la industria textil cubana. Allí, Arianet Valdivia,
una de las diseñadoras de ropa, nos explicó
que el camuflaje es un tipo de estampado, y ha estado de moda
en diversas ocasiones.
Observadora acuciosa de la cotidianidad del vestir, como corresponde
a su especialidad, Arianet indica que el uso de este diseño
en el vestuario ha sido frecuente en los últimos tiempos
en el mundo, y prendas de estampado similar al camuflaje se
han vendido en las tiendas cubanas.
“Particularmente, como prenda para mi uso personal no
me gusta, pero yo diseño de acuerdo con lo que el público
demanda. Así que no me disgustaría usar el camuflaje,
si viene a tono, en alguna de mis creaciones”.
La profesora de Sociología de la Universidad
de La Habana, Elienne Ferrer, autora de la tesis de licenciatura
Moda y cambios sociales en la Cuba de los 90: un desafío
a la creatividad, cree que la función comunicativa
de la ropa es un fenómeno más amplio.
Según ella, “la cultura del vestir sufrió
el impacto de la crisis de los 90, el cual puede ser analizado
en varios sentidos: el primero, la transformación de
algunos elementos con un importante contenido axiológico
o relacionado con la teoría de los valores”.
Así, argumentó la especialista, nociones como
la elegancia y el buen vestir, tradicionalmente muy arraigadas
en la conciencia colectiva de los cubanos, fueron erosionadas
en este período, fundamentalmente en los primeros años,
en los que las excesivas carencias ejercieron su influencia
en el imaginario social.
Elienne explica que si bien no encontró en su investigación
un consenso entre los diseñadores acerca de la pertinencia
o no de hablar de “moda cubana”, el país
sí posee un potencial inestimable en este sentido (diseñadores,
costureras, sastres, modelos), que aún no se aprovecha
al máximo, pues generalmente no existen las estructuras
necesarias para que estos desarrollen sin limitaciones sus
prácticas creadoras.
Quizá las carencias de vestuarios más cubanos
y de buen gusto, el alto precio de los pocos que se venden
y las dificultades derivadas de la crisis económica,
junto a la influencia de la globalización a la hora
de vestir, sean algunas explicaciones de por qué el
camuflaje se ha colado entre nuestras prendas cotidianas.
No obstante, “cada generación tiene sus gustos”,
como afirmó, al ser abordado en la calle y vestido
con su chaqueta de camuflaje, el doctor en Ciencias Psicológicas
José Marcané Sierra, investigador del Centro
de Estudios de Técnicas de Dirección, de la
Universidad de La Habana.
“El verde olivo significa también mucho para
Cuba. Recordemos al Ejército
Rebelde. Creo que todo lo que tienda a buscar nuestras
raíces hay que aplaudirlo. Y los diseñadores
cubanos, con creatividad, deberían hacer más
productos que reflejaran nuestros símbolos.
“Esos mismos muchachos que vemos vestidos de camuflaje
hoy, quizá son hijos de aquellos que pelearon y ganaron
con uniformes de camuflaje en Angola. Ver algo más
que la moda en el uso de esta ropa, es ver fantasmas”.
(Tomado de www.juventudrebelde.cu)
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