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¿Por aquí pasó un ciclón?

La realidad nos impuso el reto

Todavía muchos recuerdan las sobrecogedoras imágenes del Instituto Politécnico América Labadí, tras el paso de los huracanes Gustav e Ike. Lo que muchos no conocen es cómo estudiantes y profesores se enfrentaron a la situación.

Por Ana Esther Zulueta
Especial de la AIN exclusivo para Somos Jóvenes

Imagen del Instituto Politécnico América Labadí, tras el paso de los huracanes Gustav e Ike.
Los estudiantes se unieron a los profesores y trabajadores docentes para la reconstrucción de su casa grande. Las aulas quedaron casi como nuevas tras el sudor colectivo.
(Foto: AIN)

En la distancia, azul y verde se entremezclan al perderse las líneas que imaginariamente dividen o juntan los matices. Solo al acortar el fin del trayecto vemos emerger entre la abundante vegetación un edificio color amarillo pastel
.
El primer contacto visual con el inmueble, localizado en el oeste de la Isla de la Juventud, no sugiere a los visitantes cambios en su apariencia desde aquella reparación capital que le posibilitó convertirse a la postre en uno de los 26 politécnicos de Informática existentes en el país.

Sin embargo, al circunvalar el centro educacional contrasta la falta de puertas, ventanas y paredes divisorias entre las aulas en el tercer piso del edificio docente del instituto América Labadí.

Tampoco, entre los muros, varió el entusiasmo del colectivo integrado por estudiantes, profesores y trabajadores de servicio, quienes a nuestra llegada, solícitos, nos atienden para abrirse a una historia reciente: Gustav y su huella aún perceptible luego de nueve meses.

Alumnas del Instituto Politécnico América Labadí, de la Isla de la Juventud.
Ya los estudiantes del politécnico cuentan con una instalación adecuada.
(Foto: AIN)

Recuerdos
“Fíjese si el viento estaba duro que hasta las paredes que separan las aulas de la tercera planta se cayeron, aquello quedó como un campo de fútbol, no quedó ningún laboratorio en pie…”, afirma Miguel Milort Mora, profesor de Español y Literatura.

“Realmente, el colectivo de trabajadores tiene un gran sentido de pertenencia por la escuela y al encontrarla sin ventanas, sin puertas, y casi sin piso a algunos se nos salieron las lágrimas, pero la realidad nos impuso el reto de convertir el revés en victoria.

“De entre los escombros recuperamos todo cuanto pudimos y con eso reparamos lo que ustedes ven, el resto de los recursos tenemos confianza en que cuando exista disponibilidad en el país y en el territorio se asignarán y podremos concluir la reparación de la escuela”.

Mientras, el veinteañero José Miguel Bilbao Pérez, profesor de Redes, lo recuerda así:

“Imagínense después de la reparación capital, había quedado de maravilla. Mi encuentro con la escuela luego del ciclón fue triste y doloroso; estaba desbaratada.

“Pero no decaímos, había que imponerse y eso fue lo que hicimos. Aquí estuvimos tres meses, cuidando la escuela todo el día, sin electricidad y muchas veces sin agua.

“Eso fue día tras día recuperando todo lo que podíamos, pusimos las puertas que se habían caído, sacamos a secar los colchones al sol, las computadoras, los uniformes escolares y los libros”, refiere Bilbao, quien fue alumno de la escuela y ahora pertenece a su claustro.

El estudiantado no podía perder clases, el curso se había atrasado por el ciclón y las alternativas al problema las encontraron en los Joven Club de Computación y Electrónica y en las aulas del seminternado de primaria Abel Santamaría, en Nueva Gerona.

Orgulloso de mi apoyo
“Yo fui uno de los primeros en incorporarme a la recuperación. Cuando llegué me sentí mal pues mi escuela estaba destruida. Me puse a recoger escombros y ayudé a trasladar las computadoras a lugares seguros. Hoy me siento orgulloso por eso”, dice el estudiante Jesús Marino Hernández.

A Jesús, estudiante de segundo año, le interrumpimos su proceso de creación, y sin apartar la vista del monitor explica: “Estoy haciendo una multimedia sobre el VIH/SIDA, es mi proyecto final de curso”.

El objetivo de esta multimedia es brindar información a todos los centros estudiantiles sobre lo que significa el sida, la historia de esa pandemia, los tipos de infecciones de transmisión sexual y las medidas de prevención para evitar el contagio.

William Quintana Duvergel, presidente de la FEEM en el IPI, evalúa de positiva la participación de la gran mayoría de los estudiantes en el mantenimiento de la escuela, opinión que respalda Elena Laurencio González, presidenta de la organización estudiantil a instancia municipal.

Ambos destacan el papel del claustro de profesores al buscar alternativas para que no se atrasara el proceso docente-educativo, que a pesar de las dificultades no melló la calidad de las clases.

A la escuela solo le falta por recuperar la tercera planta del edificio docente, porque ya recuperaron las áreas verdes, los albergues… ahora prácticamente no se nota que por aquí pasó el ciclón, sobre todo en el espíritu del colectivo.

Nueve meses y aún perdura en ese centro el impacto del nefasto paso de Gustav por la Isla, pero al percibir desde el primer momento el reto que les impuso la realidad de transformar la apariencia de la escuela para tornarla más hermosa, alimentó la voluntad, espíritu y el arrojo de todos.


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