| Una
santiaguera “con chispa”
Por el corto tiempo de graduada,
cabría suponer que recién comienza su despegue.
Sin embargo, ya ha dejado su impronta en tres significativas
películas del patio, complejos papeles que atestiguan
la vocación de riesgo que empieza a definirla como
actriz. Sensual, tierna, explosiva, de diversas maneras se
proyecta desde la pantalla grande. La leyenda “Annia
Bú” ha echado a andar.
Por Pavel
López

"Si el proyecto vale la pena,
pueden contar conmigo siempre".
(Foto: Wildy) |
Quienes la descubrimos en la película
Los dioses rotos, interpretando el personaje de Sandra, nos
costó aceptar que aquel constituía apenas el
debut de una actriz en ciernes. La madurez que destilaba Annia
en la cinta de Ernesto Daranas parecía, sin dudas,
obra de un artista con mayor average.
Sin embargo, la sorpresa se multiplicaría mucho después,
al confesarnos que por esa fecha ni siquiera había
concluido los estudios en el Instituto
Superior de Arte (ISA).
Nos recuperábamos aún del
asombro, cuando la joven intérprete, a una velocidad
supersónica, volvía a asaltar el lienzo cinematográfico
con dos nuevas propuestas: “El cuerno de la abundancia”,
de Juan
Carlos Tabío, y “Ciudad en rojo”, de Rebeca
Chávez. En ellas compartió escenas con “monstruos”
cubanos de la actuación de la talla de Jorge
Perugorría y Mario Guerra, reto del cual la Bú
volvió a salir ilesa.
Por el momento, la fama no se le sube a
la cabeza.
A primera vista, esta santiaguera puede
parecer vulnerable, incluso, algo despistada, pero repasando
su historia se nos revela de inmediato una muchacha emprendedora,
enérgica, con sentido práctico o, para ser más
claros, de cubanísima “chispa”.
Annia, sencillamente, no se sienta a esperar
que la suerte (o lo que es igual, los papeles) le caigan del
cielo. Ahí radica la clave de su inesperado éxito.
Somos Jóvenes salió en su búsqueda
y descubrió una mujer transparente, excelente interlocutora,
agudamente crítica a la hora de abordar sus trabajos
y su aún cercana etapa de estudiante, período
que evoca con nostalgia, aunque sin paños tibios:
SJ: Para la mayoría
de los actores el cine constituye el final del camino, el
momento de la consagración. En nuestro contexto algunos
con años de experiencia aún esperan su oportunidad
en el celuloide. ¿Cómo explicar tu temprana
y sistemática presencia en el medio?
“Desde mi primer año en el ISA realicé
trabajos en 16 milímetros con algunas amistades. También
participé en un docudrama en el que, curiosamente,
encarné a una niña de 13 años. Fue entonces,
que decidí hacerme, con la ayuda de uno de esos compañeros,
una sesión de fotos en la azotea de mi casa. Descubrimos
la importancia de la promoción, de que alguna agencia
nos respaldara, y queríamos empezar temprano, no cuando
termináramos la carrera.
“Parece que las fotos no quedaron
mal, pues al poco tiempo ya me estaban llamando para el casting
de “La noche de los inocentes”, de Arturo Soto,
en el cual fui seleccionada como finalista. A partir de entonces
aparecieron otros trabajos”.
SJ: Escuchando tus palabras el camino
al éxito parece fácil. Si todo depende de la
gestión personal del actor ¿Cómo es que
los demás no corren tu misma suerte?
Mira, la verdad es que la información
sobre esas audiciones casi nunca llega al estudiante. En mi
período académico vi a muy pocos directores,
entre ellos Charly Medina, llegarse al ISA buscando actores
para algún proyecto.
Tampoco el ISA manifiesta interés hacia el tema. Allí
piensan que esos trabajos eventuales pueden entorpecer la
carrera del actor en formación, afectar su rendimiento
académico. Mi opinión es que, al contrario,
lo ayudan mucho en el aprendizaje, pues al final te facilitan
calzar con la práctica lo aprendido en las aulas.
“En mi caso, cuando obtuve el papel
de “Los dioses…” se me concedió la
licencia por un año, porque era un personaje de mucho
peso. Creo que fue un acierto, pero me sentí muy tensionada,
casi culpable por estar realizando esa actividad extra-docente”.
SJ: De “Los dioses rotos”
se ha hablado bastante, aunque poco de su principal artífice.
¿Qué me cuentas de ese hombre que, casi sin
conocerte, te subió al carro de una de las más
polémicas películas del cine cubano reciente?
“Desde mi primer contacto con Daranas
me di cuenta que tenía una visión 'diferente'.
El casting fue muy atípico, mucho más interesante
que leer un texto y enseñar tu figura. Daranas demandaba
que ofrecieras tu opinión y ayudaras a crear. Puede
parecer una bobería, pero no lo es. La mayoría
de los directores ven al actor como a un objeto pasivo, cuando
en verdad uno puede variar mucho el resultado de una obra
con su labor.
“En el resultado final influyó
la pasión con que acometimos el trabajo. Para casi
todos era una oportunidad única: hacer cine, en tu
país, hablando de una realidad que realmente te interesa,
sin tapujos, con personajes de «carne y hueso».
Se nos aclaró que no era otra película de chulos
y jineteras, sino que iba más allá, por lo cual
había que escarbar bien en nuestros sentimientos.
Claro que la guía de Daranas y Emma
Robaina (asistente de dirección) fue importante. Muchos
de los actores noveles tuvimos que pulir aspectos técnicos,
a pesar de venir del ISA. Las enseñanzas de estos compañeros
en los ensayos resultaron esenciales, la manera en que nos
ayudaron a buscar los subtextos detrás de cada personaje,
en fin.
Cuando se estaba editando la película
me comenzaron a llegar comentarios de que, pese a mi juventud,
el trabajo había quedado bien. En verdad creo que “Los
dioses…” me abrió las puertas a todo lo
demás”.
SJ: A pesar de los matices, tus personajes
tienen un fondo trágico común…
“Me verán cara de llorona [risas].
Creo en cualquier personaje, sin importar el tiempo que aparezca
en pantalla. Cualquiera puede ser intenso, con momentos reveladores.
Yo no desdeño ningún papel. A todos me gusta
cincelarlos por dentro, incorporarles rasgos de mi personalidad.
“En 'Ciudad en rojo' tenía
dos breves intervenciones a lo largo de la película,
pero estudié como si tuviera el protagónico.
Con Mario Guerra, mi compañero en la historia, busqué
mucho las motivaciones, el mundo interior de esa mujer de
otra época. A partir de entonces descubrí que
no existen papeles pequeños.
“En otro sentido, mi corta experiencia
me ha demostrado que cuando haces un trabajo exclusivamente
«con la cara», como acostumbramos decir en nuestro
medio, el público se da cuenta y te critica. Por eso
me vuelco a cualquier rol, triste o alegre, principal o secundario,
buscando siempre hacerlo creíble, meta que unas veces
alcanzo y otras no”.
SJ: El séptimo
arte cubano ha sido blanco de agudas críticas, tanto
por sus obras, como por las decisiones del aparato institucional
que lo sustenta. ¿Qué opinión te merece
la imagen en movimiento gestada en la Cuba de ahora mismo?
“A mí me gustó el cine
de mi país desde pequeña. Lo respeto mucho.
Claro, una vez adentro, tu visión se complejiza.
“Realmente creo que existe un grupo
de directores empeñados en asumir trabajos serios,
pero se necesita más. Hace falta un mayor apoyo del
ICAIC
a los jóvenes. Yo misma he hecho el cine 'oficial',
de lo cual estoy satisfecha, pero pienso que hay que cederle
espacio a los menos experimentados. La realidad cambia y el
cine tiene que ponerse a tono con esas transformaciones.
“Hay que abrirse a nuevas visiones
del mundo y de nuestros problemas.
Existe financiamiento, pero faltan espacios para que el público
se ponga en contacto con esas propuestas alternativas. A mí
me tienta mucho actuar en ese tipo de obras”.
SJ:¿No te parece un suicidio
financiero para un actor cubano de estos tiempos consagrarse
a trabajar fuera de la industria?
Para nada. Pienso que hay diferentes tipos de pago: el metálico,
que necesitas para vivir, por supuesto, pero también
existe una satisfacción espiritual, que es importante.
De hecho si un realizador joven me propone sumarme a algún
proyecto que de veras me interese, sin ninguna remuneración
de por medio, yo lo aceptaría sin problemas. No sería
la primera vez que lo hago.
SJ: Muchos artistas de tu generación
añoran esa época «dorada» de los
ochenta, cuando los egresados de la academia tenían
vastas posibilidades de lucimiento y la relación del
público nacional con sus «estrellas» era
muy estrecha. ¿Qué retos debe asumir el actor
cubano 30 años después?
“Realmente hay que ayudar mucho a
los actores en esta Isla. No es cuestión de salarios.
Con lo que se cobra, se vive, aunque la vida de un actor sea
tan difícil como la de cualquier cubano que enfrenta
carencias, problemas económicos. No obstante, en varios
aspectos sí somos afectados. Muchos no valoran nuestra
profesión, se olvidan que trabajamos con emociones
y eso demanda un esfuerzo y un desgaste altos. En el cine
se nos profesa más respeto, pero en otros medios no.
“Hay pocas ofertas laborales. También
carecemos de la suficiente promoción. No se nos explota
en otras facetas, el modelaje, la publicidad. A veces se nos
excluye de las delegaciones a los festivales, pues es más
importante que esté presente el director o productor
de la película, antes que el actor.
“Asimismo, estamos un tanto dispersos. Faltan publicaciones
en las cuales podamos hablar de estos problemas, instituciones
que nos respalden en diversos aspectos. La mayor parte del
tiempo nos enteramos de un casting por nosotros mismos. Casi
que salimos adelante así, gracias a esa especie de
«federación no reconocida», que formamos”.
SJ: Frente a tantos obstáculos
¿Planeas mandar al cine “de paseo”, o eres
de las que contrae nupcias “para toda la vida”?
“No pienso renunciar a ningún
medio. Para la programación de verano realicé
un teleplay con Elena Palacios, “Reinará la serpiente”.
Mientras, continúo pasando mi servicio social con el
grupo de teatro El Público.
“Además, formo parte del elenco
de una nueva película de Esteban Insausti (“Tres
veces dos”), cuyo título provisional es “Larga
distancia”. Se trata de un personaje co?protagónico.
Esteban tiene una visión muy joven, nueva, fresca del
cine. Creo que será una propuesta diferente de lo que
vemos usualmente.
“Tampoco creo que el séptimo
arte esté divorciado de la televisión, como
muchos quieren dar a entender. Ambos se complementan, son
medios audiovisuales, de mucha repercusión social.
Es por eso que no renuncio a trabajar en la pantalla chica,
pero me gustaría hacerlo bien, pues me tocaría
entrar en los hogares de toda Cuba y eso es una responsabilidad
muy grande. Si el proyecto vale la pena, pueden contar conmigo
siempre”.
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