| Este
año el Instituto Superior de Diseño (ISDi) cumple
un cuarto de siglo y, aunque con logros palpables en algunas
esferas de la realidad cubana, aún persisten reticencias
ante la labor que realizan sobre todo en lel ámbito
industrial. Hay muchos que olvidan u obvian
El diseño necesario
Por IWC

El ISDi es una escuela de nivel
internacional conectada como pocas con la realidad y las
necesidades de su país.
(Foto: Sureidy)
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Personalizar productos, adecuarlos a entornos
determinados, optimizar su rendimiento… son solo algunas
de las posibilidades que brinda un factor que muchas veces
es olvidado por falsas consideraciones. El diseño continúa
siendo visto como un valor agregado, e decir, algo no necesario
a la hora de conformar un producto.
A pesar del lugar ganado en
el espacio audiovisual por un grupo de graduados de esta especialidad,
en muchas esferas de la realidad cubana actual, se desestiman
estos aportes y dan al traste, o no consiguen lo que se pretende,
a la hora de conformarse producciones o estrategias de venta.
El diseño hace mucho dejó de considerarse (porque
en esencia nunca lo ha sido) un elemento artístico
o una sencilla herramienta de marketing, algo simplemente
concebido para vender más y más caro. El Instituto
Superior de Diseño (ISDi) con sus 25 años, pretende
dar un vuelco a estas concepciones.
No es una tarea fácil, pues deben
luchar contra un sinnúmero de obstáculos, algunos
materiales y otros de carácter subjetivo; pero hoy,
más que nunca, se necesita tener en cuenta el diseño
para producir más con menos… pero con calidad.
| El primer pensamiento claro de la necesidad
de formar diseñadores industriales en cuba surge
al parecer inmediatamente después y como consecuencia
de las transformaciones iniciadas con el triunfo revolucionario,
cuando a principios de 1960, se le encarga la diseñadora
Clara Porset, el diseño de los muebles para la
Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos. Un año después
esta diseñadora propone la creación de un
departamento de diseño y, en el año 63,
se funda la escuela Superior de Diseño Industrial
de la Habana basada en los principios de escuelas existentes
en los países europeos y socialistas de la época. |
Historia del presente
El año1984 demostró que era un momento adecuado,
gracias a los logros obtenidos en la educación y los
esfuerzos que venían haciéndose en su perfeccionamiento
para conformar el primer curso académico que daría
los primeros graduados superiores cubanos en el área.
El ISDi siempre contó
con la ventaja de surgir en el contexto de un sistema creado
para contribuir al desarrollo del país, nutrirse de
los valores de una educación superior cubana consolidada
y reunir, para aquel momento, lo mejor de las tendencias internacionales
de este campo.
De los 25 años que han corrido ya
sobre el ruedo, según palabras de su rector, el dr.
José Cuendias Cobreros, “15 años han sido
difíciles y, sin embargo, los resultados han sido notables
y claramente visibles”.
Pues tal vez esos años de altas y
bajas han curtido a su colectivo y le han impregnado de los
deseos de trabajar bajo cualquier circunstancia (no olvidarse
que apenas unos años atrás, la situación
constructiva del lugar era de las peores entre los centros
educacionales de la nación).
Así han logrado instalar unos estudios universitarios
de diseño para Cuba que son sustentables en cualquier
circunstancia; estudios que priorizan la formación
de sus egresados mediante un modelo pedagógico flexible,
desarrollado con fuerte capacidad de adaptación al
contexto. En las circunstancias actuales esto resulta de vital
importancia para imponer un criterio de éxito en muchas
esferas de la realidad, tanto económica como social,
de la Isla.

Las capacidades y aptitudes son
remarcadas desde el inicio de la carrera.
(Foto: Sureidy)
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Un reclamo necesario
El impacto creciente que el diseño tiene en la economía
se debe al comportamiento de la sociedad, que cada vez valora
más el estilo de vida, la facilidad de uso y la experiencia
de calidad de los productos, además, esta disciplina
contribuye en gran medida al desarrollo de los nuevos servicios
y bienes actuales.
El diseño influye directamente y de una forma considerable
en el proceso de innovación y puede potenciar la competitividad
de un país fuera de sus fronteras; contribuir a desarrollar
el mercado internacional; garantizar muchas oportunidades
laborales a los trabajadores altamente cualificados y generar
un incremento del valor añadido de los productos.
En medio de la actual crisis mundial, Cuba
se ve obligada a centralizar sus escasos recursos y situarlos
donde puedan generarse bienes y servicios de manera eficiente,
que sustituyan importaciones y puedan también exportarse,
en aras de adquirir la divisa para comprar alimentos y otros
productos.
”Poco éxito ha tenido el diseño
en los países socialistas —nos dice Sergio Luis
Peña, vicerrector del ISDi y master en Diseño—,
porque se han centrado a resolver las necesidades básicas
y han obviado el importarte elemento que puede ser el diseño
a la hora de adecuar un producto a un lugar determinado, racionalizar
su producción, hacerlo con calidad y durabilidad, y
esto ha llevado al fracaso económico en muchos de estos
países.
“Al diseño hay que darle prioridad. El diseño
desde la equidad y la igualdad social ayuda a la diferenciación,
a economizar, a optimizar procesos, aumenta la calidad de
vida, ayuda a que lo que hay se reparta de forma óptima,
o, al menos, mejor”.
La
buena voluntad no basta
El ISDi se ha caracterizado por apoyar a todas las empresas
que se han acercado pidiendo ayuda, incluso han sido ellos
los que se han acercado a muchas empresas alertando sobre
algo en lo que se aprecia que el diseño puede ayudar
pero, sin embargo y a pesar de la buena voluntad, aun
se debe vencer la enorme resistencia al cambio que impera
y que conspira contra la propia existencia de algunas
de estas empresas en las condiciones actuales del país. |
El peso de la formación
Una escuela de diseño representa una cuantiosa inversión.
La formación de diseñadores en cualquier lugar
del mundo implica el gasto de innumerables materiales y una
infraestructura tecnológica de punta y, por ende, más
cara.
De eso están conscientes el claustro
y el estudiantado del ISDi. Luego de reparar la edificación,
que en la década de los 90 y principios de este milenio
amenazaba con venirse abajo, pasaron a lucir una de las sedes
universitarias de mejor estado en la nación. El edificio,
tras algunos años de explotación, aún
conserva, gracias al cuidado de las instalaciones, un alto
nivel constructivo.
Sin embargo, el ISDi es golpeado fuertemente
por varios factores que afectan la calidad de la enseñanza,
nos confesó el vicerrector: “Los materiales docentes
como la tempera, cerámica, las telas y todos aquellos
que se usan para la conformación de un proyecto determinado,
y que son utilizados en pequeñas cantidades, son difíciles
de gestionar”.
.
Un reclamo justo de esta institución que no tiene ánimo
de lucro ni cobra por los proyectos que implementa, es “tratar
que las industrias reviertan en el Instituto su reconocimiento
con materiales. De esta manera, los estudiantes pueden experimentar
con ellos y esto se traduce en posteriores proyectos que benefician
a la misma industria que los aporta, pues la demanda de su
producción aumenta. Es un ciclo de alimentación-retribución
que no se cumple con prácticamente ninguna empresa
o institución, lo cual no beneficia a nadie”.
No
hay diseño sin base cultural
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, en
Italia se convocó a un concurso de diseñadores
y creadores para hacer productos de larga durabilidad
muy fáciles de construir y que fueran baratos.
Muchos de esos diseños fueron posteriormente
utilizados en la reconstrucción post-guerra del
país con muy buenos resultados que se revirtieron
en un rápido realce de la economía italiana
de la década del 50.
Quedó en evidencia que el diseño
es de vital importancia para el éxito económico
de una nación; es decir, no se trata de hacer
costosos productos de consumo, sino de que cuesten menos.
El diseño pensado como herramienta
que optimiza recursos basándose en las propias
necesidades culturales de cada país, puede resolver
grandes problemáticas. La creación no
tiene mayor calidad en una nación que en otra.
Cómo se utiliza y para qué se utiliza,
esa es otra temática. |
Explica el vicerrector del
ISDi cómo, por solo citar un ejemplo, “la Industria
Ligera pudiera ofrecer algunas telas para los estudiantes
que diseñan ropas y luego, de esos proyectos que surjan,
pudieran implementarse por esta industria. Pero aunque se
diseñe para esta industria con recursos propios, esta
no presta ningún apoyo para continuar con estas tareas.Existe
muy poco resultado en la actualidad con este apoyo”,
recalcó.
Este sería un justo
reclamo de este centro. Apoyarlos con pequeñas cantidades
de materiales beneficiaría a todos. Es un ciclo que
si consigue echar a andar, generaría una serie de opciones
desde la cual cada industria escogería las mejores
o las más convenientes para su producción y
desarrollo. Quizá así no se llevarán
a cabo producciones que están destinadas a envejecer
en los anaqueles de tiendas que parecen que no ofertan nada.
25 años y
más
El ISDi en sus bodas de plata con la enseñanza puede
hablar ya de madurez. La gradualidad de su evolución
ha creado una línea sólida en los años
pasados y continuará en el futuro con adecuaciones
para los tiempos que corran; pero, sin lugar a dudas, el vínculo
con la realidad, la prioridad en la enseñanza, continuarán
en el ambiente creativo que se promueve en esta universidad.
Para el claustro el desafío
de los 25 años en adelante está en los cursos
de post-grado, una deuda que tiene la institución con
sus ya 1200 graduados durante este tiempo de funcionamiento.
El plan de estudios del ISDi es sólido,
internacionalmente reconocido y con mucho prestigio, sobre
todo, en el área latinoamericana. Sin embargo, elevar
la atención a los graduados en su superación
profesional es un punto para tener en cuenta, si queremos
que nuestros diseñadores continúen desarrollándose
profesionalmente y estén actualizados con las nuevas
tendencias mundiales.
Eso, y formar egresados cada vez más integrales y con
un perfil más amplio, es la propuesta que tiene el
ISDi para los años por venir.

Todas las publicaciones nacionales
cubanas cuentan con el diseño de graduados del
centro.
(Foto: Sureidy)
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Diseño
y satisfacción
Aquellos que piensan que el diseño solo está
concebido para agregar un valor estético a un producto,
están equivocados. La esencia del diseño ronda
más lo funcional y la adecuación tecnológica.
El diseño se convierte en un factor determinante a
la hora de enfrentar una empresa con éxito y eso, básicamente,
es lo que siempre se pretende.
Pero en estos tiempos de desaciertos económicos
se torna imprescindible invertir en aquello que brindará
los mayores beneficios. Solo así la economía
cubana podrá emerger del “bache” que dejaron
los duros 90 y este primer decenio que corre del nuevo milenio.
.
El diseño consciente parece ser la llave que pueda
abrir el camino a la satisfacción de los consumidores
nacionales y de nuestros productos en el exterior. La divisa
es economizar, y esa es la base fundamental de cualquier proyecto
creado por estos especialistas. Economía de recursos
o, lo que es lo mismo, lograr con menos materiales soluciones
a los problemas; y, además, la efectividad.
Está claro que de nada sirve hacer
producciones porque son las más baratas si no tienen
utilidad ninguna, o sencillamente son de tan mala calidad
que es dinero desperdiciado en vano y hace sospechar que algunos
llevaron a cabo una producción tan solo para cumplir
un plan y no para satisfacer la verdadera función para
lo que fue creado.
Hay que hallar, se torna urgente, una solución integral
para todos los factores que inciden en la obtención
de un producto. Entiéndase que habrá que pensar
en el mercado, el consumo, la producción y el condicionamiento
social. Solo así podremos dar el salto en medio de
un incierto panorama económico para el mundo y del
cual no estamos exentos.
El
diseño influye directamente y de una forma considerable
en el proceso de innovación y puede potenciar
la competitividad de un país fuera de sus fronteras,
contribuir a desarrollar el mercado internacional, garantizar
muchas oportunidades laborales a los trabajadores altamente
cualificados y generar un incremento del valor añadido
de los productos.
En nuestro país no se le presta
suficiente atención a la importancia económica
del diseño, y esto se debe básicamente
a que se considera que el diseño es principalmente
un elemento “artístico y estético”. |
Aquí y ahora
El momento actual y el futuro no dejan dudas: el país
no tiene otra opción que sumar el diseño, o
mejor, integrarlo a todos los esfuerzos que realiza por superar
errores, ser mas eficientes, ahorrar, exportar más,
producir cambios y abrir nuevas oportunidades de desarrollo
y bienestar.
Cuba requiere urgente del diseño
como nunca antes, tanto para competir con los sofisticados
mercados donde debemos colocar algunos de nuestros productos
lideres, o los mercados de cooperación y complementación
que crecen en nuestra área con el impulso de los acuerdos
del ALBA, los movimientos integracionistas
y los requerimientos de la profunda crisis que se lanza sobre
el mundo y no por último, menos importante, el mercado
interno, que cada vez más deberá significar
satisfacción para nuestra población y crecimiento
de la llamada exportación en frontera de la mano del
turismo.
Hay que pensar en grande pues solo así
se obtendrán resultados notables. Es hora que el diseño
ocupe el espacio necesario para la economía cubana.
Invertir y producir con calidad es primordial y el diseño
es una parte vital de este proceso. Producir más con
menos, ya lo dije, pero con calidad notable, pues sino ¿de
qué sirve entonces?
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