La revista digital de los jóvenes cubanos.
Botón sección.

Logo del XI Congreso de la FEEM.

Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!
Logotipo del aniversario 45 de la UJC.


“Bertillón 166”: Un largo camino del papel al celuloide

Comentarios diversos ha provocado la adaptación al séptimo arte de la novela “Bertillón 166”, que bajo el título “Ciudad en rojo” llegó a los cines de Cuba en marzo pasado. Muchos asumieron objetivamente la nueva propuesta, ponderando sus aciertos y descalabros, inherentes a cualquier opera prima. Otros, más radicales, alegaron que la cinta, sencillamente, “se quedó corta” a la hora de teñir de rojo la ciudad.

Por Pavel López

Afiche del filme cubano “Ciudad en rojo”, de la realizadora Rebeca Chávez.
(Tomada de www.habanaradio.cu)

“Ciudad en rojo”, debut en el largometraje de ficción de la realizadora Rebeca Chávez, debió enfrentar durante su estreno en las pantallas de cine las avivadas expectativas del público de la Isla.

Sobraban las razones para alimentar el mito. El filme se aventuraba a trasladar al lenguaje audiovisual uno de los estandartes de las letras revolucionarias, “Bertillón 166”, de José Soler Puig, obra de reconocido prestigio, ganadora del Premio de Novela del primer concurso Casa de las Américas, monumento literario sobre el cual ningún cineasta había puesto las manos en casi cinco décadas.

Asimismo, la cinta retomaba para el séptimo arte insular una temática siempre atractiva y con satisfactorios resultados en anteriores abordajes: la lucha urbana contra la dictadura de Fulgencio Batista en los años 50 del pasado siglo, motivo argumental de gran tradición en nuestro cine. Así lo demuestra su presencia en el primer largo producido por el ICAIC, “Historias de la Revisitaciones”; Enrique Pineda Barnet con “Aquella larga noche “(1979), sobre la vida de las combatientes Lidia Doce y Clodomira Acosta, o la hasta ahora insuperable “Clandestinos” (1987), de Fernando Pérez, otra opera prima que apresó con inusitado rigor la dimensión épica y humana del asunto.

En el imaginario del cubano pesaba, de igual forma, la plasmación del conflicto en seriales televisivos a la altura de aquel inolvidable “De tu sueño a mi sueño”, el cual “paralizó” la nación en la década del 90 de la anterior centuria.
Con tamaños precedentes al hombro entraron los espectadores a la sala de proyección, aunque a la salida no fueron pocos los que experimentaron un inexplicable desencanto.

Mejor o peor justificada, la decepción de la audiencia no debería extrañarnos.
En un principio, la novela de Soler Puig sobre la cual se articula el guión, contiene elementos de ruptura con los cánones narrativos clásicos que, si bien le otorgan un sello de originalidad a la obra, dificultan la identificación del lector ortodoxo con su propuesta estética: la ausencia de un protagonista definido; la estructura argumental fraccionada; el desvelo, más que por los hechos, por los estados emocionales de los personajes y las atmósferas; la concentración del tiempo del discurso, expreso en el argumento que se desarrolla en un solo día; un final abierto, desprovisto de cualquier subrayado triunfalista, entre otros elementos, convierten la anécdota de “Bertillón…” en un “cubo de agua fría” para aquellos que esperan la acción trepidante y la grandilocuencia del género épico-histórico.

Los responsables de la versión cinematográfica de la novela parecen haberse planteado la fidelidad, casi absoluta, al original literario, aunque en algunas ocasiones la película no logra emular las conquistas expresivas del libro, por causas que parecen tener su raíz en la, a veces deficiente, adecuación del lenguaje escrito a las exigencias del discurso audiovisual. De esta forma, ciertos elementos que en el papel eran virtud, en la pantalla grande resultan lastre.

Repárese, por ejemplo, en la obsesión de Puig por apresar la esencia de la ciudad de Santiago de Cuba, sus palpitaciones internas, el estado anímico de su gente común, su estatus cultural, su extraña vocación para la rebeldía, al punto de que ese contexto ha sido asumido por la crítica especializada1 como el verdadero protagonista de la historia de “Bertillón...” Puig se detenía a describir el comportamiento de los transeúntes, buscaba metáforas que personalizaran ese entorno, pero en el cine no se concretan a plenitud dichos propósitos.

En “Ciudad en rojo”, ese gesto, resulta, en el mejor de los casos, postizo e improductivo. Faltan recursos que alcancen a tipificar, dotar de identidad propia, de singularidad, esa Santiago de Cuba de los 50 y, más importante aún, que justifiquen su presencia protagónica en el marco de la narración. Algunos críticos le impugnan a la película el exceso de planos de «ambiente», sin entender que justamente ese protagonismo del contexto, en la novela funcionaba a la perfección.

Otro tanto pudiera decirse de segmentos de la obra, como aquel, en el cual la madre de una de las jóvenes combatientes, emprende la búsqueda de su esposo por toda la ciudad. Analistas señalan estos pasajes como los más importantes de la novela, momentos privilegiados en que se disecciona el desasosiego de los personajes en medio del entorno asfixiante, donde el registro de las atmósferas deviene objetivo primordial.

Puig se coloca tras los ojos de los protagonistas, y a través de sus miradas, nos devela el horror, la violencia latente que se respira por todos lados. Justamente esta situación aparece en “Ciudad en rojo” resuelta de una manera que convence a medias, pese a la expresividad de la fotografía, en la cual Ángel Alderete da pruebas de innegable oficio. La actriz que encarna a la madre manifiesta apenas la angustia contenida del personaje. El espacio que dicha mujer recorre, el caos y la podredumbre que contaminan el lugar, no llegan al espectador con la fuerza que deberían.

En otro sentido, “Ciudad en rojo” parece olvidar que cada obra es resultado de un momento y un espacio específicos. Bertillón 166 estremeció el panorama literario postrevolucionario, al ser una de las pioneras en reflejar el fenómeno nacional de la lucha clandestina urbana con una visión amplia y representativa, además de hacerlo desde presupuestos estéticos transgresores para su época.

En el siglo XXI, el conflicto ya ha sido abordado sistemáticamente en todos los medios, por lo cual la versión cinematográfica ameritaba, quizá, una postura estética más agresiva, menos convencional. Esperábamos ver el mismo asunto en un nuevo empaque, o al menos, en un recipiente estético igual de transgresor que el de la novela en el año de su publicación.

La música de X Alfonso puede ser una de las estrategias de los gestores de la propuesta fílmica para otorgarle aires de contemporaneidad. Sin embargo, en un filme donde casi todos los elementos del discurso funcionan a la manera tradicional, donde se advierte una búsqueda de la corrección técnica y el buen oficio; un segmento de créditos como el del final de “Ciudad en rojo”, se nos antoja distanciador e injustificado.

A pesar de los pesares, cabe reconocer el desempeño de los más jóvenes, en especial los noveles Carlos Enrique Almirante, Yoraisy Gómez y Rafael Hernández. Sus rostros expresando incertidumbre, rebeldía, determinación, sufrimiento contenido, son indiscutibles aciertos de la cinta.

Consagrados como Mario Guerra, Patricio Wood y Fernando Hechavarría también le imprimen credibilidad a sus roles, pese a diálogos que pecan por momentos de cierta retórica, una deficiencia que ya estaba en algunas zonas del libro. Asimismo, la dirección de arte resulta acertada.

Tuvo ”Ciudad en rojo”, en fin, venturas y desventuras a la altura de cualquier opera prima. Quedará, no obstante, como una incitación a revisitar el texto en el cual se inspira y un homenaje, siempre merecido, a aquellos que pusieron en jaque su vida, en favor del derrocamiento de un régimen de injusticia y terror.

Subir
Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles,
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,
Casa Editora Abril, 2009
Fecha actualización.
 
Portada de la edición impresa de la revista Somos Jóvenes de  octubre/2009.
Edición de papel
Relación de otros sitios pertenecientes a publicaciones de la Casa Editora Abril.