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La frivolidad se pavonea en el mundo. La imagen parece predominar por encima de los valores éticos. Cuba no está ajena a este proceso. Una pregunta se impone:

¿Triunfó la superficialidad?

Por IWC

Joven con un celular.
Los nuevos avances tecnológicos son muy útiles pero no constituyen tu vida.,l
(Foto: Sureidy)

El panorama cubano, sobre todo en los espacios urbanos, parece llenarse de personajes pintorescos. Cada uno con una forma característica de vestir, hablar y compartir. Mikis, frikies, emos, repas… son solo algunos de los subgrupos o subculturas que se ramifican actualmente en la sociedad cubana; minorías que, cultural y socialmente, pujan por un espacio en la realidad de la Isla e intentan imponer un criterio que, en muchas ocasiones, no va más allá de una forma de vestir o de repetir opiniones, posiciones y estereotipos que apenas conocen.

Cabe entonces preguntarse, si el fenómeno es tan epidérmico: ¿triunfó entonces la superficialidad y se olvidaron de aquello que caracteriza a cada individuo y vive en el interior de cada cual?

Los “otros”
Llámense subgrupos o minorías, lo cierto es que este tipo de tendencias ha existido desde que el hombre decidió convivir en grupos. La diversidad genera progreso. La naturaleza, y no solo la humana, explora diversas variantes dentro de cada elemento en nuestro planeta.

Entonces, no es raro que, como dice el refranero popular, “cada persona sea un mundo”, y que muchos “mundos” parecidos o atrayentes se unan entre sí para conformar unidades.

Ocurre desde los primeros pasos de la infancia: quienes prefieren un tipo de juego se relacionan con los que disfrutan del mismo pasatiempo, y así ocurre en cada esfera de la existencia.

Pertenecer a un subgrupo no significa, necesariamente, aislarse del resto. Es solo compartir una serie de experiencias con un grupo selecto de nuestros semejantes, dentro de todo ese organismo que llamamos sociedad. Respetar y ser respetado constituye un derecho humano, y en ello se debe basar cada relación entre las personas.

Pero, como seres sociales que somos, todo debe realizarse de acuerdo a normas y conductas de convivencia, de tal suerte que no se lacere la integridad de los otros, quienes quiera que sean. Y la frivolidad y la imitación, asumidas tan solo para ser aceptados por un grupo, pueden generar consecuencias que nos marcarán para siempre.

Emos, frikies, repas, mikis… la gente
Existen muchos subgrupos, pero estos son los que con más fuerza han calado un espacio urbano en la sociedad cubana. Cada una de las personas que se identifican con estas tendencias buscan sus propios espacios de filiación ante el sentimiento de deshumanización o ante la superficialidad de la vida moderna; sin embargo, la mayoría solo ha llegado a modelos imitativos que pecan, justamente, de superficiales y deshumanizados, si se entiende la deshumanización como la pérdida de identidad por parecer (más que ser) iguales.

La esencia del hombre, en la mayoría de ellos, se ha convertido en una mascarada. Cada grupo desdeña a los otros sin ninguna base sólida de sustentación y criterios que pretenden enmarcarlos por la imposición de un estereotipo: “los emos son flojos; los repas, vulgares; los frikies, sucios, y los mikies, plásticos”.






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