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La extraordinaria valentía de un dirigente obrero

Aracelio Iglesias Díaz, el más destacado líder portuario en la historia de Cuba, sufrió por la falta de independencia y luchó por conseguirla, hasta su asesinato.

Por Nancy María Pérez Medina

El líder portuario cubano Aracelio Iglesias.
Aracelio Iglesias, dirigente nacional de los portuarios cubanos, clausura un curso de superación para obreros, organizado por su sindicato y la CTC.
(Tomada de Bohemia Digital)

Érase un matrimonio humilde que vivía en la región más occidental de una isla larga y estrecha, cuyos hijos (los del país ¡claro!), cansados de “contemplar a España de rodillas” decidieron levantarse a conquistar la libertad con el filo del machete, la cual costó miles de vidas y llevó a dos guerras que dejaron frustrados los anhelos de independencia por la llegada, a última hora, de unos oportunistas que llamaban yanquis.

Cuando esos ambiciosos intervinieron en la isla, llamada Cuba, ya esa pareja esperaba un hijo, que nació el 22 de junio de 190, y al que pusieron por nombre Aracelio Iglesias Díaz. El niño quedó huérfano a los 13 años, en una etapa difícil y dolorosa, no solo para él, sino para todo el pueblo, cuyos sentimientos anti-anexionistas aumentaban.

Los muelles de la bahía habanera lamentaban que un niño de 15 años trabajara hasta la fatiga como bracero, pero el adolescente comenzó a compartir inquietudes con los obreros portuarios, y junto a ellos sufrió la explotación y las penurias económicas.

Así las cosas, el joven Aracelio despuntó como líder del proletariado, por su combatividad y entrega. Comenzó ocupando la Secretaría de Finanzas del Sindicato de Estibadores y Jornaleros, después su secretaría general, hasta integrar el Comité Ejecutivo de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC).

Como Secretario de la Federación Obrera Marítima Local del Puerto de La Habana logró importantes conquistas para los trabajadores, entre ellas el aumento de salario, el descanso retribuido y el establecimiento de las listas rotativas, lo cual daba oportunidad de trabajo para todos.

Era de suponer que aquel negro, comunista y dirigente obrero preocupara a los explotadores (inclúyase en ellos al imperialismo estadounidense y a los gobernantes de turno), por lo que los jefes militares y policiales recibieron la orden, a principios de 1947, de detener las “actividades subversivas” y a los “perturbadores comunistas”.

Prestigio, responsabilidad y conquistas hicieron de Aracelio Iglesias un peligro, y su vida comenzó a correr riesgo. Las empresas navieras y el gobierno de Carlos Prío Socarrás necesitaban destruir la unidad y todas las conquistas que con tanta tenacidad había logrado el hombre que nos ocupa en estas líneas. Impotentes, ordenaron su eliminación física.

Preparación del crimen
Para planificar el asesinato, el pistolero anarquista Joaquín Aubí, miembro del Buró de Investigaciones Policiales, y Eliécer Baudín Vázquez (el Cojo), jefe de los interventores del gobierno en el control de Estibadores y confidente de la embajada norteamericana, sostuvieron varias reuniones secretas con el rompehuelgas y traidor Alberto Gómez y unos pandilleros encabezados por Rafael Soler Puig (el Muerto).

Fue propicio para ello el local de la Unión de Dependientes y Trabajadores, en el municipio capitalino de Regla.

Reunión y asesinato
Fecha: 17 de octubre de 1948.
Hora: Por la tarde.
Lugar: Calle Oficios No.259 (local del Sindicato de los Obreros Portuarios de la Empresa Naviera de Cuba).
Citados: Un grupo de trabajadores.
Cita: Aracelio Iglesias Díaz.

Asunto:
I.- Acordar los puntos a entregar al Ministerio del Trabajo para exigir:
1.- Anular resolución que designa a Armando Galate como máximo dirigente sindical en el puerto.
2.- El cese inmediato de los jefes de los interventores en la oficina de control.
3.- El restablecimiento de la situación de derecho que había sido alterada por el gobierno de Carlos Prío Socarrás.

II.- Concretar detalles de una manifestación en protesta contra la política divisionista, antiobrera y gansteril desatada por el recién estrenado régimen de Carlos Prío.

Terminó el encuentro. Antes de retirarse, Aracelio conversaba con sus compañeros, cuando un grupo de pistoleros entró al local violentamente y le disparó por la espalda, donde se le alojaron cuatro proyectiles. Falleció al día siguiente en el hospital, mientras era intervenido quirúrgicamente.

Los autores materiales del crimen del valeroso líder portuario no fueron condenados entonces, pero uno de ellos, Soler Puig, abandonó el país para regresar como mercenario de operaciones especiales de la brigada 2506, e invadir a la triunfante Revolución Cubana por Playa Girón, donde fue detenido y condenado a fusilamiento por esos y otros delitos.

La parte más humana
A pesar de discriminaciones, vejaciones y penurias Aracelio era alegre, jovial y querido por todos. En sus ratos libres tenía como obras literarias predilectas “Los miserables”, de Víctor Hugo, y “Oda al Niágara”, de José María Heredia.

Se destacó por organizar huelgas, luchar contra las compañías extranjeras y por mejoras para sus compañeros, por lo que sufrió prisión durante tres años en Isla de Pinos, lo cual no le impidió continuar su bregar revolucionario. Después de la Segunda Guerra Mundial fue catalogado por la prensa yanqui como el Zar Rojo del Puerto de La Habana.

Su muerte, a los 46 años de edad, motivó una amplia conmoción en la clase obrera e indignación entre los estibadores, quienes paralizaron las labores ese día, exigiendo el castigo para sus asesinos.


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